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Buenavista bar: ¡han cantado línea! ¡Y estribillo!

Su juego de adivinar canciones y rellenar cartones a ritmo de birra es solo una muestra del ambientazo que se respira siempre en esta bodega díscola y moderna

Albert Fernández

Así de animado es el ambiente del bingo musical de Buenavista Bar.

Así de animado es el ambiente del bingo musical de Buenavista Bar. / ELISENDA PONS


Llegar a un bingo musical en el Buenavista Bar no es algo que quieras dejar al azar. Probar suerte no es suficiente: hay que llegar a la hora o te lo pierdes; los cartones vuelan en un suspiro. Dicho esto, voy 13 minutos tarde. Está a reventar. Entrar en el garito es un suplicio sonriente: me escurro por una ranura de espacio ínfima, la puerta se me clava en el esternón y le paso el trasero por el cogote a todos los de la primera mesa, mientras pugno por llegar a la barra entre contoneos, birras desbordantes y un griterío loco coreando el estribillo del 'I want it that way', de Backstreet Boys. 

Buenavista bar

Sant Crist, 23
Tel.: 606 25 75 05
www.instagram.com/buenavista_bar_bcn

Pido una birra prosperando entre el archipiélago de codos y charcos de la barra, y atisbo a mis amigas a través de un mar de caras de felicidad. Están acodadas mala cosa, pertrechadas cual profesionales sobre cada taburete, con sus tapas, sus vinos y sus cartones. Rápidamente, me explican el funcionamiento del bingo: compras un cartón que lleva 9 artistas con su foto y el nombre debajo; en el hilo del bar van sonando un reguero de canciones variopintas, saltando de una pista a otra a los pocos segundos, sin respiro. El ambiente es de pura juerga, brindis y tarareo, pero también de máxima atención, porque tienes que conocer las canciones enseguida para marcar tu cartón y así poder cantar línea primero y bingo después; si es tu día, claro. La línea se premia con 10 € y el bingo, con 24 €, que suelen ir directos a pagar la próxima ronda. 

LO+

Es un festival de barrio, pura fraternidad melómana.

LO-

Puede morir de éxito.

Saludo al dueño del bar, Jordi Beltrán, que controla el sarao y alarga brazos hasta lo indecible para pasar viandas y priva a la parroquia apelotonada, mientras su compañero Rafa 'Rifles' va tirando cañas desde el surtidor sin perdonar sus coreografías cachondas, estilo las de la peli 'Napoleon Dynamite'. Suena Camela y los ánimos crecen a niveles de locurón, aunque no esté en el cartón. Hay quien se despista con los primeros acordes misteriosos del 'Off the wall' de Michael Jackson, así que salto para aportar mi grado de sapiencia, que la canción es muy favorita. Ya estoy tan emocionado como la masa. 

Algunos sacan el Shazam a escondidas por debajo de la mesa, con rubor, porque no caen en que esa joya que nos sobrevuela con voces gloriosas es 'Cars and girls', de Prefab Sprout. Vale, pause. Desestructuremos un poco la escena, imitando las narrativas dislocadas de Tarantino. Estamos fuera junto a Jordi, el dueño. Apura su cigarro sin dejar de saltar 'tracks' de su 'playlist' aleatoria en el móvil. Dice que hoy a las siete de la tarde ya había gente esperando a que abriera, y recuerda que cuando el Buenavista Bar abrió en junio del 2016 poco se podía imaginar saraos tan a tutiplén como este. 

ELISENDA PONS

La idea era simple: montar un bar de barrio donde estar a gusto, sin reproducir ambientes impostados. Jordi tiene claro que lo primordial es dar de beber y comer bien, y una barra donde apoyarse. Nunca se adornó el bar antes de que alguien lo pisara, se ha ido construyendo a medida que la gente lo iba ocupando. Y Jordi está flipado con su clientela. A veces, cuando acaba la jornada, a los que echa les aplaude: «¡Lo habéis hecho muy bien hoy!». Plano vertiginoso de la colilla aplastándose sobre el cenicero a tres velocidades, vuelta por corte adentro. ¡Han cantado línea! Se para todo. Jordi va recitando nombres de bandas, y el jurado popular decide si han sonado o no. Ni él lo sabe. ¡Pam! Se han colado. Un artista de la línea no había sonado. Todos cantan «¡tongo!, ¡tongo!» a carcajadas. Se reanuda el juego, bajan las luces, vuelve la música y el cachondeo. Justo cuando la gente corea a grito pelado 'Can’t stop the fireee' del 'Dancer in the dark' del Boss, cambian de canción. Se oye un «ohhh» generalizado. Esto es un coitus interruptus. 

Abucheos, lloros y súplicas 

A Lana del Rey le sigue Perales, porque aquí no importa el orden, sino el concierto. Dos cartones a punto de cantar línea. Finalmente, alguien la canta y esta vez la han clavado, aunque algunos siguen cantando 'tongo' porque sí, por joder. Depeche Mode, qué buena esta canción, pero todos desesperan:  «Que toque ya, que me toqueee…». Espera, ¡esa chica del fondo ha cantado bingo! Se repite la liturgia de comprobación entre abucheos, lloros y súplicas. El bingo musical 'c’est fini', a brindar fuerte hasta el próximo. La gente pide más, no hay manera; esto sería un bucle infinito de tarareos ludópatas. Algunos seguirán así hasta casa. Me los imagino por las calles, cantando a capela: a ver si te sabes esta: 'Hot dog, jumping frog, Albuuuuquerque'.
 

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