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FIESTAS A BORDO

'Boat party': mar adentro no es un drama

Si con fiesta en el barco piensas en abuelos celebrando el bote de 'La ruleta de la suerte' es que estás 'out'. Sí, cuando llega el calor 'los chicos se enamoran', pero porque salen en alta mar

Abel Cobos

Asistentes a la ’boat party’, la mayoría de ellos guiris. 

Asistentes a la ’boat party’, la mayoría de ellos guiris. 

Mientras lo das todo en la pista de baile, las olas van golpeando el barco. Entre sujetar la copa, bailar al ritmo de la música y aguantarte sobre cubierta, se te hace más difícil estar de pie que a Massiel tras su séptimo gintónic. No eres el único: decenas de personas bailan dando más tumbos que Ciudadanos definiendo su programa electoral. Estás en una de las boat parties que Stoke Travel organiza frente a la costa de Barcelona.

El encuentro es en el puerto del Moll de la Fusta. En cuanto llega el barco, van subiendo los asistentes, en su mayoría prototípicos guiris, con la piel quemada y en chanclas. "Aunque vienen bastantes locales, siempre hay muchos turistas", explica Katie Pritchard, coordinadora del barco. Entre los dj y los asistentes de ascendencia vikinga te sientes como en Pachá Ibiza. Aunque aquí la gente no mueve la nariz como la de Embrujada y las únicas pastillas que se trapichean son de Biodramina, para el mareo. 

'Boat party'

De jueves a domingo, hasta la última semana de septiembre 
Precio: Entre 45 y 65 € 

La fiesta consiste en una cena, música, barra libre y vistas. A medida que el barco va repasando el skyline barcelonés, desde Montjuïc hasta el Maresme, los asistentes van acabando su cena y dispersándose por todo el bote, algunos hablando tranquilamente, otros dándolo todo sobre la pista, y otros, más románticos, viviendo su fantasía Jack y Rose mirando el atardecer abrazados sobre proa, dándole las gracias al calorcito del Mediterráneo por la ausencia de icebergs.

Las mesas, grandes, obligan a los asistentes a compartirlas y, de paso, a charlar. "Se casa uno y venimos a celebrarlo", explica un grupo de cinco chicos. "Condujimos desde Marsella, según el Maps tardábamos seis horas… y llegamos en cuatro", cuentan al resto de sus compañeros de mesa. Los escuchan, riéndose, una pareja recién casada de Hong Kong, que parece ser que viene a darse el lote con la puesta de sol, y dos amigas de Tarragona. "Estamos aquí no tanto por la fiesta sino por ver la ciudad desde una perspectiva diferente. Nunca la había visto desde el agua", añade Lucía, una de ellas, que sale corriendo cada dos por tres para sacar fotos del atardecer para presumir en sus stories.

Camareros en la pista

La de esta mesa no es la única mezcla ecléctica que se forma durante la noche. A medida que aumentan las copas, un grupo de 15 mujeres de despedida de soltera se arrima a un grupo de chicos y acaban tomándose selfis entre ellos y pasándose los números entre solteros, deseando que zarpe el amor. Parece que nadie se quedará a dos velas, y no solo porque el barco va a motor. El nivel de euforia al final de la boat party es tal que hasta los camareros salen a la pista. Contrariando a Sebastián, está claro que la verdadera fiesta no está "bajo el mar".

Música, copas y vistas panorámicas de Barcelona. 

La barra libre de alcohol favorece estas amistades espontáneas. Pero también que, entre el movimiento del barco y la borrachera, hagas un Pollock en tu ropa interior cuando vas al servicio. Eso sí, es el único vicio al que se le puede dar rienda suelta: "No se puede fumar para no contaminar con las colillas. Al igual que los vasos, cubiertos y platos son reciclables", añade Katie. "Por algo es un ecoboat, para no ensuciar los océanos". 

LO+

El skyline costero al atardecer, tan inusual como un pacto entre PSOE y Podemos.

LO-

Te sientes guiri en tu propia ciudad.

Hay otras normas. La principal, "no se puede saltar del barco al agua", advierten los coordinadores y el sentido común. Pero como lo único que separa del mar a la gran afluencia de británicos que visitan estos barcos es una barandilla más corta que las de los hoteles de Mallorca, "preferimos avisar", explica Kelly Crompton, directora de la sucursal barcelonesa de Stoke Travel.

La Champán Sunset Cruise, el nombre de la fiesta en cuestión, no es la única de la compañía. Hay otras diurnas, como la "fiesta con barbacoa" o la que va mar adentro, para que los asistentes puedan bañarse. Aunque, para evitar un drama nivel Amenábar, en estas "no se puede beber más que un par de cervezas, por seguridad", añade Kelly. Las fiestas marítimas son estivales, así que, aunque todavía estás a tiempo de apuntarte –en su web están los horarios y precios, que van desde los 45 €–, cuando acabe el mes no solo se despedirá el verano, también las boat parties

Temas: Fiestas