CONCIERTO

Christina Rosenvinge, fin de ciclo

La artista cierra (o casi) la gira de 'Un hombre rubio' con su actuación en la sala Apolo del jueves, día 16

Juan Manuel Freire

Christina Rosenvinge. 

Christina Rosenvinge.  / PABLO ZAMORA

El caso de Christina Rosenvinge es bastante único en el paisaje de la música española: a ver cuántos artistas han sabido evolucionar sin cesar durante cuatro décadas de carrera y, además, ir a más, reservando sus mejores discos para la segunda mitad de ese periodo.

Christina Rosenvinge 

Sala Apolo (Nou de la Rambla, 113)
Jueves, día 16, a las 20.00 horas
Precio: 18 y 25 € 

Para cualquiera que viva su vida sin prejuicios, cada disco de Rosenvinge debería haber sido importante. Los de Álex y Christina, por todos sus ganchos pop y el influjo (pegad la oreja) de Prefab Sprout. Los de Christina y Los Subterráneos, por ser rock feminista cuando casi nadie se planteaba eso por aquí. Los que ha grabado a su nombre, por sus canciones intemporales, sensuales y maduras, esto último siempre en el mejor sentido del término; complejas, no acomodadas.

'Tu labio superior', del 2008, supo a resumen de carrera: sus viejos instintos pop se unían a la experimentación sutil cultivada durante su periplo neoyorquino de finales de los 90, principios de los dosmiles, cuando compartió sesiones de grabación y conciertos con Steve Shelley y Lee Ranaldo de Sonic Youth. Pero lejos de tocar techo con ese disco, Rosenvinge publicó después otros incluso más ambiciosos: 'La joven Dolores' en el 2011, 'Lo nuestro' en el 2015 (con Raül Fernández 'Refree' como aliado creativo) y 'Un hombre rubio' en el 2018.

Este último ha marcado un nuevo punto de inflexión en su carrera, para sorpresa de la propia artista: "Una hace todos los discos con las mismas ganas", nos explica vía telefónica. "Y, después, con algunos te pegas la sorpresa. Yo no esperaba que el álbum tuviera esa recepción a todos los niveles. Me sorprendió la popularidad de una canción como 'Romance de la plata', una elegía tan dura".

La soledad del varón

'Romance de la plata' debe su existencia a la cantaora Rocío Márquez, quien pidió a Rosenvinge que le escribiera un romance flamenco (escuchen 'Almendrita') y despertó en nuestra entrevistada el recuerdo de la pasión de su padre por el cante jondo. "Para estudiar un poco, me puse a escuchar su colección de flamenco. Pensé mucho en mi padre, algo que no había hecho demasiado en 25 años. Entendí que esa querencia por el cante jondo hablaba mucho de su espíritu, que era dramático, turbulento… Era un hombre encerrado en las convenciones de su época". Rosenvinge compuso 'Romance de la plata' el día del 26º aniversario de la muerte del padre.

Hace unos años, 'Un hombre rubio' habría sido quizás un disco muy directo, bello pero descarnado, sobre la difícil relación de una hija con su padre. En parte, es ese disco. Pero, a juego con 'La joven Dolores' y 'Lo nuestro', trasciende lo específico para apuntar hacia lo universal y alegórico.

A partir de 'Romance de la plata', Rosenvinge empezó a componer temas desde un yo masculino para tratar de comprender la soledad del hombre, o para ser más precisos, el varón, desde dentro. "Empecé a pensar en otros padres herméticos. Y desde ahí llegué a la soledad del varón. Empecé a tratar las letras de otro modo a partir de 'La joven Dolores'. Por entonces, las cosas me iban bien, ya sabía que no iba a dejar la música, algo que en otras épocas se me había pasado por la cabeza. Eso me obligaba a hacer letras que pudieran sostenerse durante 30, 40años; tener una vida más larga de lo que yo había pensado".

Cada día es un debut

Pero las viejas letras de Rosenvinge ya eran duraderas, como se puede comprobar en el reciente libro 'Debut' (Literatura Random House), mezcla de cancionero (desde 1991, época de Subterráneos), discografía comentada y ensayo sobre la peculiaridad de escribir verso cantado. ¿Por qué 'Debut', por cierto, tantos años después de empezar? "Tenía un título de trabajo que era 'Mis labores', algo muy de la dictadura. Ponerle tapas a mis letras y llamarlo así me parecía bonito. Pero a mi editor [el añorado Claudio López Lamadrid] no le acababa de gustar. También me parecía bonito y desafiante llamarlo 'Debut', porque al fin y al cabo es un debut literario, y porque al publicar algo nuevo, la sensación de debutar siempre está ahí".  

Algunas obsesiones recientes

RYUICHI SAKAMOTO. "Estoy estudiando sus melodías", dice la artista. "Después de ver el documental 'Coda', que me pareció muy interesante, he intentado comprender su proceso. Pero voy de una música a otra sin parar. Antes de ayer estuve sacando 'La leyenda del tiempo', de Camarón, con la guitarra".

CAETANO VELOSO. Una influencia seguramente antigua: la bossa nova formaba parte de la paleta sonora de Álex y Christina, un grupo del que ella no reniega, a pesar de lo castigador que podía ser grabar para una multinacional.

KENDRICK LAMAR. Otro favorito reciente de Rosenvinge es este rapero de espíritu innovador y, a la vez, muy antiguo: defiende el rap más atlético y virtuoso contra el ascenso de los versos murmurados y a medio cocinar.

El jueves, día 16, Rosenvinge no debuta en Apolo, ni siquiera con el material de 'Un hombre rubio': ya presentó en la misma sala este disco en marzo del 2018. Pero esta última actuación barcelonesa centrada en el repertorio del disco no será igual a la anterior. "Seremos quinteto en lugar de cuarteto", explica Rosenvinge. "Dos músicos se habían alternado. Toni Díaz [bajo] sacó disco con el grupo Cupido y dejó la gira unos cuantos bolos. Lo sustituyó Irene Novoa, que se ha quedado para hacer coros y tocar el sintetizador. Así podemos reproducir mejor el sonido del álbum". Suena bien.

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