Toma pan y moja

¡Sí a la competición!, por Òscar Broc

Los concursos no hacen daño a nadie, son enormemente beneficiosos no solo para los ganadores, sino para la ciudad y el plato o producto en liza

Oriol Carrió, de la pastelería Carrió, recibe el premio que le distingue como ganador del concurso de los mejores ’panellets’ de Catalunya.

Oriol Carrió, de la pastelería Carrió, recibe el premio que le distingue como ganador del concurso de los mejores ’panellets’ de Catalunya.

En octubre se celebró con gran éxito un evento para elegir las mejores bravas de Barcelona. También vivimos la entrega de premios de The World’s 50 Best Bars. Y este mes de noviembre, ha tenido lugar el concurso al mejor 'panettone' de España. Son tres de los ejemplos más cercanos en los que se decide quién merece ocupar el cajón más alto de un podio tan imaginario como subjetivo. Y la repercusión ha sido masiva a todos los niveles, y no solo en el universo 'gastro'.

La competiciones para destilar la excelencia y proclamar a "los mejores" forma parte ya de la cultura gastronómica, guste más o menos. Y parece que, como siempre, al sector más purista le revientan estas propuestas. Los románticos y cruzados, los mismos que se desgañitan reivindicando desayunos de 'forquilla' en vez de 'brunchs' y odian con toda su alma a los 'foodies', no creen en estas pamplinas. Mercadotecnia, intereses, patrocinios, cualquier excusa es buena para cargarse este tipo de eventos y colgarse una medallita.  

Más que concursos

A mi modo de ver, los concursos no hacen daño a nadie, son enormemente beneficiosos no solo para los ganadores, sino para la ciudad y el plato o producto en liza. La coctelería barcelonesa vive un momento dulce (basta con ir al Born un viernes para ver las colas que hay en todos los locales), gracias seguramente al triunfo de Paradiso y Sips en The World’s 50 Best Bars y a la repercusión que ha tenido en la prensa. 

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Los 'panettones' de Daniel Jordà y Eric Ortuño, ganadores del concurso de este año, han salido en todos los medios, televisión incluida, y Barcelona se ha convertido en la capital española de este dulce italiano. Con eso debería bastarnos para no tirarnos tanto de los pelos, relajarnos un poco y disfrutar del partido.