Toma pan y moja

Terrazas sin humo, por Òscar Broc

La prohibición de fumar en terrazas para 2023 no me parezca solo lógica, sino necesaria para que la mayoría no fumadora pueda disfrutar de su comida sin tragarse las neblinas tóxicas de la otra mesa

Terrazas sin humo, por Òscar Broc

Elisenda Pons

Imagina, querido lector, que estás degustando un arroz con carabineros en la terraza de tu restaurante favorito. El sol te calienta los mofletes, la vida te sonríe, nada puede salir mal. Diablos, si te ofrecieran un Ferrari a cambio de levantarte e irte en ese preciso momento, rechazarías el 'carraco' y te pedirías otra copa de albariño.

Imagina, querido lector, que en pleno éxtasis, mientras apuras la cabeza de un carabinero, me siento en la mesa de al lado, saco un altavoz bluetooth de medio kilo y pongo reguetón a todo volumen. No tardarías ni un minuto en llamarme la atención. Los camareros me echarían a patadas. Imposible disfrutar de una buena comida en una terraza con semejante contaminación acústica. 

Bad Bunny y Ducados 

Ah, pero cuando la contaminación es otra, las cosas cambian. Si en lugar de Bad Bunny a un volumen atroz, el tipo de la mesa de al lado te envía una nube de Ducados directa a la cara, para algunos no debería pasar nada. Entiendo que muchos fumadores consideren que comer y fumar son actividades complementarias. Pero dicha asociación solo funciona en su cabeza: para el resto de personas, comer con humo de tabaco ajeno es una guarrada. 

De ahí que la prohibición de fumar en terrazas para 2023 no me parezca solo lógica, sino necesaria para que la mayoría no fumadora pueda disfrutar de su comida sin tragarse las neblinas tóxicas de la otra mesa. A mi modo de ver, estar en una terraza no te da carta blanca para hacer lo que te da la gana. Come y deja comer.

Noticias relacionadas

Si apetece tanto fumar, no cuesta nada levantarse, apartarse un poco de la zona donde están los comensales y disfrutar de ese pitillo sin destrozarle la comida a los demás. Si me apetece escuchar Bad Bunny, me pondré unos auriculares. No es una cuestión de libertad, en mi mundo se llama civismo.