Toma pan y moja

Sin calderilla no hay propina, por Òscar Broc

El plástico está aniquilando la sana costumbre de dejar pequeños sobrantes de calderilla en manos de los camareros

Sin calderilla no hay propina, por Òscar Broc

Álvaro Monge

Esos diez céntimos que te sobraban del desayuno y acababan en el vasito de las propinas… Parece que hable de otros tiempos, pero antes de la pandemia, esas pequeñas cantidades extra iban incluidas en el 'pack'. Te tomabas una birra y dejabas esa moneda de 5 céntimos en la barra. Café, bikini y moneda de 20 céntimos para la casa. Ahora ya no. El plástico está aniquilando la sana costumbre de dejar los pequeños sobrantes de calderilla en manos de los camareros. Y no parece que haya vuelta atrás.  

Somos muchos los que, después del azote del covid, hemos dejado de llevar dinero en el bolsillo. La Visa manda. Después de desayunar, deslizas la tarjeta o el móvil por el datáfono y sanseacabó. Nunca piensas en pedirle al camarero que sume 10 céntimos al total, a modo de propina. Entono el mea culpa: soy el primero que nunca piensa en añadir ese pellizco cuando pago con tarjeta; soy uno de los culpables de la paulatina desaparición de este pequeño y merecido reconocimiento al trabajo de las personas que nos ponen la cerveza. 

Plástico fino

Curiosamente, dicha actitud no se repite cuando voy a un restaurante y la cuenta es más abultada. Pagas con tarjeta la comida y le añades un plus, no hay problema. ¿Por qué no hago lo mismo con el desayuno o la cervecita de antes de llegar a casa? No tengo una respuesta clara. Lo cierto es que en la cafetería el plástico ha conseguido que me olvide de algo que antes tenía totalmente interiorizado.  

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Todos los camareros que conozco aseguran que las pequeñas propinas languidecen a manos del plástico. Cantidades que pueden parecer absurdas cuando no se manifiestan en forma de calderilla, pero que para los trabajadores son importantes. Prometo enmendar el error: «Pon en el datáfono 10 céntimos de propina, por favor». No cuesta tanto, ¿no?