Toma pan y moja

Cheesus Christ Superstar, por Òscar Broc

Un bocadillo de una panadería británica ha sido calificado de blasfemia por utilizar un juego de palabras con Jesucristo. Un cristiano enfurecido ha amenazado al establecimiento con emprender acciones legales

Cheesus Christ Superstar, por Òscar Broc

El mundo de la gastronomía es una fuente inagotable de polémicas absurdas. Hace poco, tuvimos que tragarnos por enésima vez el apasionante debate de si una burger vegetal puede llamarse burger. Oiga, llámela como le dé la gana, pero intente no cogerme el brazo. 

Eso sí, de vez en cuando surgen controversias de un surrealismo supino que mezclan churras con merinas, tocino con velocidad y lo que se les ponga por delante. Son las que más me interesan. 

La semana pasada, una panadería británica se hizo viral gracias al integrismo cristiano. Resulta que el local tiene un bocadillo al que ha bautizado Cheesus Christ, un juego de palabras con el nombre del mismísimo Jesucristo y la palabra queso, una broma muy utilizada, por cierto, en Estados Unidos e Inglaterra. Vaya, que la dichosa panadería no ha inventado nada. 

Cheddar blasfemo

Da igual. El bocadillo ha sido calificado de blasfemia por un cristiano enfurecido que ha amenazado al establecimiento con emprender acciones legales. Que alguien me pase el bol de palomitas, por favor, porque como esta ola de puritanismo “gastrocatólico” se extienda, tendremos un problema de los gordos cuando los inquisidores lleguen a Catalunya y se topen con los ‘pets de monja’. 

Ofenderse porque un sándwich se llama Cheesus Christ es tan ridículo como ofenderse por llamarle rusa a una ensaladilla. Lo apasionante de todo esto es constatar que, en esta nueva realidad, existe un terreno blando de ofendiditos y puritanos capaces de embarcarse en épicas cruzadas religiosas o éticas contra un bocata o una tapa de ensaladilla.  

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Definitivamente, no me gustaría ser un foodie ultracatólico en estos tiempos de cartas blasfemas. No obstante, confieso que soy un ateo fácilmente convertible. No creo en Dios, pero cada vez que me ponen una bandeja de quesos delante reconsidero mi postura.