Toma pan y moja

El QR de la cuestión, por Òscar Broc

Los salvadores de la gastronomía patria reclaman la abolición de los menús QR. Son un símbolo de los nuevos tiempos, nos gusten más o menos. Son rápidos, fáciles, modernos

El QR de la cuestión, por Òscar Broc

Desde la relajación de las restricciones y la desaparición de las mascarillas en interiores, los salvadores de la gastronomía patria reclaman, con más fiereza que nunca, la abolición de los menús QR y la recuperación de las cartas de toda la vida, esos cartones llenos de manchas y arrugas, con apetitosos restos de comida solidificados en la sección de vinos.

Durante los días de paranoia pandémica hicimos cosas tan extrañas como llevar guantes en el Mercadona o abarrotar el trastero con rollos de papel higiénico, pero el sector pollavieja siente un odio especial contra los menús QR, como si fotografiar un código, una acción tan sencilla que hasta un chimpancé podría ejecutar correctamente, fuera uno de los peores dramas que ha vivido la humanidad en el siglo XXI.

El código de la discordia

Afortunadamente, los menús QR se han mantenido en muchos restaurantes, no en balde son un símbolo de los nuevos tiempos, nos gusten más o menos. Parece que los nostálgicos de las cartas de papel van a tener que llorar más alto. Porque tu vida no se va a ir a pique por los menús QR. Al contrario, todo es más fácil: accedes al menú nada más llegar y no tienes que esperar que te lo traiga el camarero. Puedes contar con ese menú durante toda la comida, por si apetece pedir algo más. Es rápido, fácil, moderno: no pido más. 

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Todos sabemos que el QR, aunque utilísimo, no tiene nada se sanitario. La pantalla de tu móvil carga con más bacterias que una carta, de hecho es una de las superficies más nocivas que existen. En el pomo de la puerta del lavabo hay una rave masiva de microbios y seguro que la has tocado antes de sentarte a la mesa. Quizás por eso, los nostálgicos de “lo auténtico” gritan con más fuerza ahora que antes, porque el código QR ya ha dejado de ser una medida sanitaria absurda para convertirse en una opción de futuro. Los nuevos tiempos devorando el pollaviejismo gastronómico en un solo clic.