TOMA PAN Y MOJA

Ganchitos, Estrellitas y nostalgia

Las 'chips' y guarrerías similares, base nutricional de la juventud de los 80, nunca han recibido la misma atención que los helados, y ya va siendo hora de enmendar semejante injusticia

Ganchitos, Estrellitas y nostalgia

Cada año por estas fechas, se dispara la nostalgia veraniega ochentera y se nos presenta un debate-tertulia-divertimento nacional cíclico: los helados españoles de los 80 que deberían volver. Resulta curioso que no se aplique la misma carga de añoranza a otros productos radioactivos que introdujimos alegremente en nuestro organismo años ha y que también han desaparecido. Las 'chips' y guarrerías similares, base nutricional de la juventud de los 80, nunca han recibido la misma atención, y ya va siendo hora de enmendar semejante injusticia.

Que yo recuerde, cuando era un crío las 'chips' eran tan o más importantes que los polos. Echo de menos ciertos 'snacks' embolsados como echo de menos el Frigurón, y eso no lo cambiará nadie. Porque tú dices Ganchitos de Crecs y yo rememoro esos aromas de queso artificiales, esos polvos naranjas como la piel de Trump, esos dedos apestando a cheddar tres duchas después. Desconozco en qué laboratorio soviético se fabricaban y nunca he preguntado de qué estaban hechos, pero hay que reconocer que estaban endiabladamente ricos y ninguna otra empresa ha vuelto a hacer nada parecido (me río de los Cheetos).

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Definitivamente, Crecs dejó una profunda huella en el alma (y el estómago) de sus fans. Y ya puestos a reivindicar resurrecciones ultraprocesadas, que no falten tampoco las increíbles Estrellitas de patata que también facturaba la marca. Eran adictivísimas, se te pegaban en la lengua si las dejabas reposar y soltaban más aceite que el coche de Colombo. Y ya que estoy invadido por el reflujo y la nostalgia, mi último recuerdo es para los Pica Crecs, unos palitos de patata que te introducías a puñados en la boca y hoy estarían prohibidos por la DEA.