reinauguraciones 'vintage'

Los nuevos bares de toda la vida: los cafés históricos de Barcelona se hacen 'lifting'

Sí, aún reabren locales emblemáticos sin perder su alma por el camino. Resurrecciones milagrosas. Estas son las últimas inauguraciones color sepia

El Café del Centre (1873) reluce como nunca sin dejar de ser el de siempre.  

El Café del Centre (1873) reluce como nunca sin dejar de ser el de siempre.   / Jordi Cotrina

Nos duele en el alma que desaparezcan establecimientos históricos. De todos modos, la estridencia de nuestros lamentos por los difuntos muchas veces ensordece las victorias, las resurrecciones, los milagros. Porque, afortunadamente, en Barcelona hay espacios de enorme valor histórico que, gracias a empresarios respetuosos con su legado, han encontrado una segunda vida y mantienen viva la memoria de una ciudad que se pierde como agua entre los dedos. A estas joyas del pasado de Barcelona todavía les queda mucho futuro.  

Granja inmortal 

Todo o nata

La Granja Vendrell, un icono ‘art déco’

/ Jordi Cotrina

Pregúntale a tus abuelos. Seguro que alguna vez fueron a la Granja Vendrell en pos de su legendaria nata artesana. Nacida a principios del siglo XX, esta iglesia art déco bajó la persiana en 2019 y a su rescate acudió la restauradora Arianna Grau, que tuvo el acierto de darle al local una segunda vida idéntica a la anterior. Los espejos, los mármoles y las lámparas 'vintage' te transportan a una Barcelona en color sepia. Y cuánto placer proporciona a sus acólitos la increíble nata casera, cuya receta original han respetado en fondo y forma. Es una de las muchas joyas de una magnífica carta de desayunos y comidas con guiños italianos -uno de mis bikinis favoritos de Barcelona-. Y ojito con la selección de vinos: para perder la chaveta. Un local con historia e historias, como la de las letras art déco de la entrada, sustraídas misteriosamente y recuperadas milagrosamente. Da para un true crime. Girona, 59. 


Oh là là 

Nuevo clásico

El Café de París ha recuperado sus carteles ‘vintage’ y sus platos icónicos. 

/ Instagram

No fue agradable ver cómo el Café de París (1972) se nos iba en la mesa de operaciones. Nunca habría dicho que este emblemático restaurante del upper Diagonal resucitaría. Y mucho menos que resucitaría tan bien. Se ha reformado el interior, necesitado de un 'lifting', y no se ha perdido la esencia del molde original, rastreable en los relieves de la entrada, el exquisito equipo de camareros uniformados o los pósters y carteles vintage, recuperados de su vida anterior. Incluso se han mantenido platos icónicos en carta, como los inmortales garbanzos Luis o el entrecot de la casa. De hecho, incluso las nuevas aportaciones llevan el sello de calidad del viejo Café de París: la milanesa (apoteósica, jugosa, crujiente, con el punto perfecto y un majestuoso huevo frito a modo de bisoñé) es el ejemplo más suculento. Mestre Nicolau, 16.


La vieja Barceloneta  

Vermut legendario

Sobre las baldosas del viejo Lokillo se reunían los pescadores de la Barceloneta para repartirse las ganancias del día y echarse algo al gaznate. Cuando el dueño decidió colgar las botas, un grupo de rescatadores metió el local en el quirófano y se lo devolvió a los habitantes de la Barceloneta con el alma intacta, amén de las obvias remodelaciones que exigía el espacio. Ahora ya es un nuevo clásico del barrio y pocos se resisten a su vermut tradicional y a su espíritu portuario. Mármol, rachola, frigoríficos de madera, las paredes de Lokillo gritan Barceloneta muy fuerte, pero más lo hace su legendaria anchoa, preparada como se ha hecho siempre en este trinchera. Las buenas costumbres aquí no se pierden. Calle del Mar, 75. 


Raval en sepia 

Muy modernista

El Muy Buenas sobrevive al paso del tiempo desde 1928.

/ Jordi Cotrina

Algún día, el Ayuntamiento tendrá que reconocer el trabajo de rescate que el Grup Confiteria está realizando en la geografía hostelera de Barcelona. Lo de rehabilitar locales históricos se le da realmente bien, y uno de sus logros más destacables es la resurrección del Muy Buenas, un establecimiento modernista abierto en 1928, cuya rehabilitación supuso un auténtico reto. Merced a un arduo trabajo de recuperación de los elementos originales, el nuevo Muy Buenas renació con la mística de un antiguo bar modernista que ha sobrevivido al paso del tiempo en una burbuja de ámbar. Aquí reposa una de las barras de mármol más bellas del mundo, la cartelería es de ensueño, las baldosas de llorar y, para colmo, la coctelería (¡licores catalanes!) y la carta de cocina catalana están a la altura del chute de felicidad. Imprescindible. Carme, 63.


‘Dim sum’ con Gaudí  

Oriente modernista

China Crown ocupa los bajos de la Casa Calvet de Gaudí.

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Lo bien que se come en China Crown. Empecemos por ahí, porque hablamos de uno de los mejores restaurantes chinos de Barcelona. El pato imperial es de mascletá prolongada, el rey de una carta con clásicos de la cocina imperial china, bocados asiáticos que se ajustan cual guante de terciopelo al edificio histórico que cobija al restaurante, ni más ni menos que la Casa Calvet (1899), burguesa y preciosa construcción que Gaudí proyectó para el empresario téxtil Pere Mártir Calvet. En sus bajos, operó durante años el afamado restaurante Casa Calvet, cobijo de políticos y gente importante, pero nada es para siempre, y el relevo lo tomó China Crown, que insufló nueva vida a los bajos y se granjeó una de las salas más bonitas del panorama hostelero barcelonés. Las vidrieras antiguas y los arcos de madera modernistas os dejarán la boca tan abierta que os costará masticar el dim sum. Casp, 48.


Dulce pasado 

Museo-coctelería

La Confiteria: un museo modernista con cócteles de autor. 

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Abrió como pastelería en 1912. Han llovido aguaceros desde entonces, pero su interior sigue siendo una fotografía de la Barcelona de principios del siglo XX. La Confiteria es un museo modernista, un laberinto de madera, espejos y lámparas impregnadas de historia. Y una magnífica fábrica de cócteles de autor y picoteo gurmet, uno de los toques de calidad que el Grup Confiteria aportó cuando se hizo con las riendas del local y lo volvió a presentar en sociedad como algo más que un simple bar bonito en el que tomarte una birra. Sant Pau, 128.


Platillos de felicidad 

Viva la vida

Bar Alegría: un icono de 1899 que ahora sirve los ‘hits’ de Tomás Abellán. 

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El toldo no engaña: fundat 1899. Este icono modernista de Sant Antoni tuvo la suerte de cruzarse en el camino del restaurador Tomás Abellán. Cuando parecía que las campanas tañían por el Alegría, Tomás y su equipo decidieron reformar profundamente el interior del establecimiento sin que los cambios se notaran. Y lo consiguieron, el nuevo Alegría es el Alegría de siempre, con el plus de calidad de una cocina placentera con hits incontestables, como una tortilla de patatas jugosa y divina, una rusa perfecta o el mítico bikini trufado, obra del padre de Tomás, el chef y empresario Carles Abellán. Apunta: impresionante oferta de vinos naturales y punto extra por los hermosos arcos de madera y farolillos de la entrada. Comte Borrell, 133.


Born ancestral 

Cócteles y mármol

El Bar Mudanzas mantiene intacto su ‘look’ bohemio.


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Como ellos dicen: el nuevo bar de toda la vida. El clásico bar con historia de Barcelona. El sabor genuino que nos gusta, el de las mesas de mármol, los marcos de madera gastada, las baldosas arlequinadas… El Mudanzas fue uno de los garitos del Born más apreciados por la canallesca y, gracias al Grup Confiteria, ha sobrevivido a la gentrificación para convertirse en una de las mejores coctelerías del barrio sin hacer mucho ruido. Amantes de lo viejuno, mucha calma: esta otrora casa de mudanzas -de ahí el nombre- tiene el look bohemio intacto y todavía presume de una las mejores barras de mármol de la ciudad.  Vidrieria, 15.


Pastelería eterna 

Azúcar del Born

Brunells se remonta a 1852.  

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Cuando me enteré del cierre de Brunells, consideré acudir a terapia. Fundada en 1852, esta pastelería tuvo que soportarme durante unos cuantos años cada maldita mañana. Sus potentes cruasanes a la barcelonesa se convirtieron en mi desayuno habitual. Afortunadamente, un grupo de socios decidió darle una segunda oportunidad a este espacio histórico, reformándolo con elegancia, manteniendo la maravillosa entrada y apostando por la misma bollería/pastelería: cercana, barcelonesa, como se ha hecho siempre en la casa, pero con un twist siglo XXI. Saras, magdalenas, cocas, bracitos e incluso el mítico cruasán de manteca de antaño se encuentran con piezas más creativas, como sus demoledores cruasanes de autor. Larga y dulce vida a Brunells. Princesa, 22.


Historia vivísima 

Jurassic bar

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El Café del Centre es tan viejo que en una de las paredes hay restos de un braquiosaurio. Lleva desde 1873 en danza y lo que le queda. En su fascinante interior, el reloj se congela, como en las pirámides. Estamos es un enclave de poder barcelonés, casi 150 añazos de vida, por eso ha sido escenario de incontables rodajes y segundo hogar de cientos de celebridades de la ciudad. Ahora, después de una reforma mesurada, exquisita y respetuosísima, el Café del Centre emprende una nueva vida al amparo del Grup Confiteria. Y reluce como nunca, sin dejar de ser el de siempre. Como si le hubieran quitado el hollín a un pedazo de alma de Barcelona. Girona, 69.