Toma pan y moja

La servilleta del bocata

Es una costumbre delirante que se ha extendido: imposible limpiarse morros y zarpas con el andrajo pringado que sirven ahora bajo los bocadillos

La servilleta del bocata

Bocadillo de tortilla con queso. Empezamos bien, porque llega en su preceptivo plato y no en una lasca de pizarra o una tabla de madera. No obstante, las buenas sensaciones duran poco y la euforia se torna estupor cuando descubro un desconcertante accesorio entre el pan y la superficie del plato. Es una servilleta. De papel. 

Cada centésima de segundo cuenta, y cuanto más esperes a retirarla, más acopio de migas y fluidos hará la celulosa absorbente. Lo habitual es que dicha servilleta quede inutilizada por las inevitables manchas provocadas por la exudación del bocadillo. Imposible limpiarse morros y zarpas con un andrajo pringado de aceite, queso y tomate. ¿Estamos locos o qué?

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Esto es la guerra

El drama no tendría lugar si en la mesa hubiera un dispensador de servilletas o si te pusieran una servilleta adicional a un lado del plato. Con simplemente una de estas alternativas se solucionaría el sinsentido y, oye, que pongan debajo del bocata lo que les dé la gana, como si utilizan una página de la 'Cuore'. Lo que carece de toda lógica es que la única servilleta que hay a tu disposición tengas que extirparla de la base del bocadillo y te salga con más lamparones que la camiseta imperio de Pete Doherty

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La servilleta-alfombra no es un asunto baladí. Ya hay voces valientes que la ponen en duda. Hace algunos años que sigo las andanzas gastronómicas de @iwasbeigel, y el tipo lleva tiempo embarcado en una cruzada contra la servilleta debajo el bocata. Esta costumbre delirante se ha extendido tanto que me uno a dicha guerra contra el absurdo. Si no detenemos esta locura, dentro de poco nos pondrán la servilleta dentro del bocadillo, entre el queso y el bacon. Y ya no habrá vuelta atrás.