Toma pan y moja

El horror del pan con semillas

Es uno de los inventos más aborrecibles que ha alumbrado la picaresca de lo ‘healthy’. Barras rebozadas con suficientes semillas como para matar de un infarto estomacal a una cacatúa

Òscar Broc

El horror del pan con semillas

Tres días a la semana, por cuestiones laborales, acudo siempre a la misma panadería para agenciarme una café con leche y un bocadillito de queso para llevar. Con la caraja del madrugón encima, mi cerebro reptiliano se limita a pedir siempre lo mismo, gruñir un buenos días y poco más. Si no especifico y recalco que quiero mi bocadillo con pan “normal”, lo que acontece el 90% de las ocasiones, la dependienta me pone por defecto un bocadillo con pan con semillas, uno de los inventos más aborrecibles que ha alumbrado la picaresca de lo ‘healthy’, una maldición de la que no consigo librarme.

Desconozco si el pan con semillas te abrillanta el duodeno o la saca lustre a tus chakras, me la refanfinfla, pero me cuesta imaginar qué puede haber de saludable y milagroso en una de esas barras de pan de baja calidad, más aburridas que un funcionario, rebozadas de arriba a abajo con una costra monstruosa de pipas de girasol, sésamo y suficientes semillas como para matar de un infarto estomacal a una cacatúa.

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Infierno de pipas

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Hay que felicitar a los autores del engañabobos. Por alguna razón, pensamos que el pan con semillas convertirá un bocadillo de mortadela en algo sano, cuando en realidad lo que hará será reducirlo a una tortura insoportable. El sabor intenso de los cereales lo aniquila todo. El crujido de los cabroncetes es tan desagradable como la arena de los berberechos. El alud de semillas hace obligatorio el uso de un martillo hidráulico para extraer todos los ejemplares que se han quedado en tu piñata. Considero urgente ajusticiar al padre del invento. ¿El castigo? Hacerle comer pan con semillas día y noche, hasta que un día le germine una pipa en el píloro y le salga un girasol por la nariz.