Toma pan y moja

Aceite de trufa con algo, por favor

Con un chorro de este ungüento, un simple bikini puede convertirse en una tapa de autor y costar 2 euros más. Ha colonizado incontables cocinas

Òscar Broc

Aceite de trufa con algo, por favor

Mi paladar no está entrenado para la trufa. Sería incapaz de decir si la trufa que he comido en algunos restaurantes ha sido desenterrada por un perro en la campiña oscense o ha llegado por AliExpress. No obstante, existe un derivado de este hongo con el que estoy más familiarizado, un líquido fétido y corrosivo que, de un tiempo a esta parte, ha colonizado incontables cocinas. El aceite de trufa.

¿Se nota el pestazo? Todo “a la trufa”. Tortilla con trufa. ¡Bocadillos trufados! ¿Por qué? Me pregunto cuánto tendrán de trufa real estos aceites milagrosos que empapan los platos de tantos restaurantes y tan bien ayudan a enmascarar las carencias del producto. Me pregunto si la hediondez pegajosa de dichos aceites se acerca lo más mínimo al olor a trufa de verdad.

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Truco de ilusionismo

Supongo que habrá algunos aceites de trufa que cumplan con lo prometido, pero en absolutamente todos mis 'affaires' con este líquido, lo único que he encontrado es más química que en los lavabos del Psicódromo. El aceite de trufa sin trufa es un truco de ilusionismo que me produce estupefacción. Con un chorro de este ungüento fétido, un simple bikini puede convertirse en una tapa de autor y costar 2 euros más. El bicho no solo devora todo el sabor de los alimentos que acompaña, sino que también le pega una buena dentellada a tu cartera. Win-win.

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Además, si coqueteas con el aceite de trufa, tendrás que explicar que no te untas el pescuezo con Brummel. El aceite de trufa funciona con las mismas coordenadas de destrucción masiva que la colonia de David Bustamante: impregna cada partícula de oxígeno con su tufo cósmico y aniquila cualquier sabor o aroma a 200 metros a la redonda. Y yo, sinceramente, ya no estoy para buscar a Jacq’s.