ADN ICÓNICO

Croma by Flash: el Flash Flash del siglo XXI

El restaurante recién abierto en un luminoso local de la Diagonal es 'hijo' de la icónica tortillería pero marca perfil propio

Ferran Imedio

La silueta de la fotógrafa cámara en mano apuntándote desde las paredes es 100% Flash Flash.

La silueta de la fotógrafa cámara en mano apuntándote desde las paredes es 100% Flash Flash. / JOSÉ HEVIA

Pasados los 50 años, Flash Flash ha tenido un hijo. ¿Demasiado tarde? ¡Ja! ¡Pero si está en plena forma! Le ha puesto el nombre de Croma (su 'apellido', lógicamente, es Flash). Y aunque acaba de nacer, ya tiene casa propia (está en la Diagonal, 640, en un luminoso local frente a L'Illa) y su aspecto recuerda a su maduro padre: la silueta de la fotógrafa cámara en mano apuntándote desde las paredes es lo que más llama la atención.

Croma by Flash

Diagona, 640

Croma by Flash es como Flash Flash pero no es Flash Flash. Porque tiene tortillas y hamburguesas, cierto, pero son distintas. Qué buena está la de escalivada, 'babeuse' ella, con ese toque ahumado que la convierte en adictiva; y qué divertida la 'burger' Pulp Fiction, de carne de lomo alto madurada 42 días.

Hay menos tortillas que en casa de papá (y distintas), pero no falta una que recuerda a uno de los creadores del local, el recordado Leopoldo Pomés junto con los arquitectos Alfonso Milá y Federico Correa, recientemente fallecido, que dieron forma al restaurante.

Ceviches, tiraditos...

Y hay otras hamburguesas, salvo una, la Flash. Pero en cambio hay más platos que responden a los gustos (o modas) actuales, como si Flash Flash hubiera nacido hoy en día: ceviche (como el de corvina, cuyo pecado de juventud es que le falta un punto de picante y otro de cítrico), tiradito... Y no faltan tapas de toda la vida, como unas bravas potentes, anchoas, croquetas, gildas, buñuelos de brandada de bacalao...

Todo ello en un espacio diseñado por Iván Pomés, hijo de Leopoldo, que ha creado un lugar de lo más agradable, diáfano, con dos alturas, con una escala de grises y toques amarillos que recuerdan el botecito de Kodak donde se guardaban los carretes (nada que ver con Flash Flash, todo en blanco y negro, aunque es tan pop como aquel). Y con las vistas despejadas hacia la Diagonal, desde donde llega una luz natural que lo inunda todo, como si todas las fotógrafas de las paredes te iluminaran con sus flases.