NOVEDAD FLAMÍGERA

Fire: nuevo restaurante que juega con fuego

El recién abierto restaurante Fire, en los bajos del Hotel W, apuesta por las brasas en platos para compartir originales y divertidos

Ferran Imedio

La sala del Fire, en los bajos del Hotel W.

La sala del Fire, en los bajos del Hotel W.

Juego rima con fuego. Y en Fire, divertidos ellos en cada plato, te harían un poema con las brasas. Porque más allá del postureo que se le supone a todo lo que se cocina en el Hotel W -y que a veces puede convertirse en un prejuicio para el gurmet de pro-, el nuevo restaurante borda los platos con humos. Salvo los postres y los cócteles, con nombres flamígeros como Lava y Carbón, allí todo arde que da gusto.

Empezando por los entrantes. Como el puerro con salsa romesco que pasaría por un 'calçot' de los de toda la vida si no fuera por su grosor, o ese plato llamado Huerta, compuesto por una patata con forma de croqueta, rebozada con migas de pan de centeno y bañada con un consomé de setas. O esa deliciosa, espesa, potente, sabrosa y calurosa crema-sopa de cebolla con queso Idiazábal que viene dentro de la misma cebolla donde se ha cocinado durante siete horas a baja temperatura. 

Para compartir

Son platos en su gran mayoría para compartir y con muchos ingredientes ecológicos, que se presentan en la mesa de manera original. Hay pulpo, calabaza, calamar, carabinero, bogavante, arroz, lengua de ternera, jabalí, bacalao... La conclusión es que la italiana Carlotta Delicato, la joven chef (25 años) ganadora de la edición italiana del concurso televisivo 'Hell’s Kitchen' en el 2016, juega con fuego y no se quema. Se puede ver desde la mesa porque la cocina está abierta a la sala. Domina las brasas para darle el punto exacto al sobresaliente chuletón de lomo bajo y al rodaballo salvaje, que se pueden acompañar de todo tipo de guarniciones (patatas, espárragos, cogollos, col china) y salsas (chimichurri, picante, de pimienta verde, azafrán y cava...).

Y todo ello en un entorno realmente espectacular ya que Fire, en los bajos del Hotel W (plaza de la Rosa dels Vents, 1), tiene unos ventanales con unas vistas a todo el litoral de Barcelona tan memorables como muchos de los platos que salen del fuego de Fire.
 

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