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toma pan y moja

"¿Os ha gustado, chicos?"

Que te pregunten si te ha gustado cada maldito plato que llega a la mesa es algo muy 2019

Òscar Broc

Un camarero toma nota de las peticiones de un cliente.

Un camarero toma nota de las peticiones de un cliente. / ÁLVARO MONGE

En una época en que las opiniones de la gente valen menos que un puñado de guano reseco, ahora que cualquier infraser con graves problemas de comprensión lectora puede acceder a Twitter e ilustrar a la humanidad con su ignorancia, choca el interés enfermizo que muestran cada vez más camareros por nuestra valoración de la comida in situ. “¿Qué tal?”  y “¿os ha gustado?” se han convertido en mantras en muchos restaurantes de nuevo cuño. Y pueden hacer añicos tu paciencia.  

Desconozco si se trata de una nueva táctica de acercamiento al cliente (hacerle creer que su opinión importa y esas cosas), pero de un tiempo a esta parte es imposible librarse del interrogatorio en cada plato. Tanto da si te has comido un bocata de berberechos o higadillos de colibrí alirroto a las finas hierbas, ten por seguro que la pregunta caerá como una losa una y otra vez. Y tendrás que contestar sí o sí.

Un juego perverso

El "¿le ha gustado?" disparado a discreción  es un juego perverso: las personas educadas siempre responderán que “todo muy bien” con una sonrisa nerviosa, aunque les hayan puesto Whiskas en lugar de 'foie'; los fantasmones aprovecharán para dárselas de críticos gastronómicos y poner en tela de juicio puntos de cocción, aderezos o emulsiones en voz alta para que les oigan en toda la sala. 

No es fácil impedir que te pregunten si te ha gustado cada maldito plato que llega a la mesa. Es algo muy 2019, un terreno desconocido en el que solo cabe la terapia de choque. Así pues, la mejor forma de atajar el asunto es recurrir a la cultura pop, en cuanto el camarero abra fuego en tono de colegueo: “Y qué, chicos, ¿os ha gustado el 'tartar' de salmón?”. “No, mire, nosotros como la canción de Astrud: todo nos parece una mierda”.