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toma pan y moja

Proyecto Erizo

Advertencia: el 'risotto' con erizo del restaurante Topik puede crear adicción. Y no hay metadona que lo sustituya. No hay reuniones de Proyecto Erizo para salir del hoyo

Òscar Broc

Un plato de erizo de mar.

Un plato de erizo de mar.

Hola me llamo Òscar Broc y soy un adicto. Cada año, de septiembre a abril, me hundo en una espiral de sumisión absoluta a una sustancia naranja que la DEA debería perseguir como si fuera la metanfetamina de Heisenberg. Me río de Elton John en sus años mozos, cuando se pasaba el día retozando en una pala de excavadora rebosante de cocaína. Esto es más duro. De esto no se sale. Encerraos en casa a cal y canto: ya está aquí el erizo de mar.     

Mi 'dealer' es Adelf Morales, propietario del restaurante Topik. Cada temporada, cuando le llegan los primeros bichos, me envía fotos tentadoras de sus majestuosos ejemplares gallegos. Es el primer paso de mi enésima recaída. Mandanga de la Costa da Morte de alta pureza. Yemas naranjas y untuosas que me obligan a encadenarme al bidé e introducirme algodones en los carrillos, como Brando en 'El Padrino', para no dejar charcos de babas. De nada sirve: mis células se rebelan, se retuercen y claman por su chute de equinoideo. 

Cuando paso por Topik y me meto la primera dosis de erizo del año, ya no hay vuelta atrás: me esperan varios meses de dolor y sordidez. Le arrancaré un diente de oro a mi tía abuela para pagar ese 'rissottocon erizo; venderé a mis amigos por un miserable 'nigiri' de erizo; mi novia me dejará cuando espíe en el historial de mi ordenador y, en lugar de vídeos de Pornhub, encuentre cientos de 'links' de fotos de erizos de Hokkaido. 

Dicen que pegarle un bocado es como comerse el mar, pero a mí me está comiendo la vida. Y no hay metadona que lo sustituya. No hay reuniones de Proyecto Erizo para salir del hoyo. No hay cárteles de Sinaloa a los que echar la culpa… 

Hola, me llamo Óscar Broc y soy un adicto. ¿Alguien puede ayudarme?