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bocado imbatible

Mantequerías Pirenaicas: ¡menuda tortilla de patatas!

Este restaurante de la zona alta de Barcelona elabora una receta definitiva:con chorizo picante

Ferran Imedio

Miguel Puchol, propietario de Mantequerías Pirenaicas, y el chef Alberto Soriano.

Miguel Puchol, propietario de Mantequerías Pirenaicas, y el chef Alberto Soriano. / FERRAN IMEDIO

Parece mentira que un local tan pequeño como Mantequerías Pirenaicas (Muntaner, 460) esconda un tesoro tan grande:acaso la mejor tortilla de patatas de Barcelona. Eso sí, tuneada: con cebolla, faltaría más, pero caramelizada, y sobre todo, con un chorizo de guisar que ha sido desmenuzado y sofrito antes de ser incorporado a ese pincho gigantesco y de aspecto poco atractivo -todo hay que decirlo-. Hagan una excepción los estetas y los 'instagramers'. Cierren el móvil y abran la boca. Y, después, que hablen de ella, y que digan lo que quieran sobre ese color extraño que le da el embutido, sobre lo poco hecha que está, sobre ese picante en el punto exacto.

Mantequerías Pirenaicas

Calle de Muntaner, 460.
Teléfono: 93.201.91.89.
Precio medio: 15-20 €

La visita a este restaurante que solo abre para servir desayunos y comidas resulta, pues, obligada para los fanáticos de las tortillas (además de la citada obra de arte, las hacen de patatas con cebolla, de verduras, de trufa, de chorizo Joselito...). Pero también para los sibaritas de los bocadillos, elaborados aquí con pan tipo flauta y buena materia prima. Y para quienes buscan platos caseros, porque aquí los hacen con mucho cariño y mucha sencillez: desde la ensalada de tomate con ventresca de atún hasta las albóndigas con setas, pasando por la ensaladilla rusa y la espaldita de cabrito. En los fogones anda un tipo discreto pero certero: el chef Alberto Soriano, formado en Hofmann. 

Decoración de aire 'retro'

Mantequerías Pirenaicas fue un comercio popular en el barrio desde su apertura, en 1957. En el 2015 se lo quedó el joven Miguel Puchol (en la foto, con Soriano), que a modo de homenaje al antiguo negocio le ha dado un aspecto retro y luminoso al local y ha convertido una de las paredes en un escaparate con 'delicatessen' como las que se vendían en las mantequerías de mediados del siglo pasado. También ahora se pueden comprar, sean conservas,  chocolates o vinos.

Por cierto, preparan las tortillas por la mañana, solo tres o cuatro, y si se acaban ya no hacen más porque, dicen, no pueden cocinar los platos que sirven después al mediodía. Aviso para navegantes que se mueven por la zona alta. 
 

Temas: Restaurantes