Fe en el romesco

El romesco merece reconocimiento como una de las mejores salsas del mundo

Pau Arenós

El romesco merece reconocimiento como una de las mejores salsas del mundo. Insuficientemente celebrada por los foodies -conocidos en tiempos de la dominación francesa como gourmets-, esa hemorragia está a la altura de iconos planetarios homologados como el kétchup, la tártara (y sus mutaciones), la mayonesa, el chimichurri  o la mostaza. Con el añadido de la belleza flamígera y la salud que aportan los frutos secos.

Preocupados por la correcta nutrición, el mejunje cumple con los estándares de la dieta sana: hortalizas escalivadas y frutos secos tostados. Para apartarla del exceso de infantilismo, admite el guiño adulto del bitxo, lo que debería proporcionarle éxito entre los amantes de lo asiático, que para algunos es la última verdad culinaria.

El romesco habla de territorio (cuenta Tarragona mejor que mil anuncios), lo que es otro argumentos para los que persiguen productos enriquecidos con historia.

Requerimos a los cocineros imaginativos un nuevo recetario que aleje el condimento de la rutina. El día que la hamburguesa se encuentre con el romesco habremos llegado.  Y levantaremos estandartes rojos de conquista.

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