Punta de cuchillo

Subir a un escenario

Pau Arenós

Subir a un escenario ante un millar de personas es algo que hay que meditar. ¿Qué contarás a esa gente que merezca su dinero? Carlo Cracco viajó desde Italia para participar en el congreso San Sebastián Gastronomika y explicó un risotto: falta de respeto hacia el público que esperaba algo más que una ponencia pastosa. Este dos estrellas de Milán, del que recuerdo una cena memorable, ¿es tan arrogante que ignora que Andoni Luis Aduriz o Joan Roca prepararán a fondo sus intervenciones para ilustrar y enganchar a los congresistas?

¿Los congresos están quemados o hay chefs que salen de paseo? Lo segundo. Aún hoy algunos creen que la altanería y la dejadez están exentas de consecuencias.

Subir a un escenario es difícil, lo saben Quique Dacosta y Aitor Arregui. Quique pisó el Kursaal con la muerte reciente, violenta e inesperada, de su hermano: sus silencios fueron elocuentes. Aitor, con la pérdida del padre. Ambos cumplieron con los compromisos. Hablar desde el dolor es como si en la alfombrilla de bienvenida a casa hubiesen escondido clavos.

Tampoco fue fácil recibir un premio que lleva el nombre de un amigo muerto.

Subir a un escenario