Toma pan y moja

El culillo del Cornetto

Una abyecta y ofendida tuitera ha viralizado esta semana el fondo de chocolate del cono tras exigir su erradicación total. Pero un Cornetto sin culillo sería como Juan y Medio sin bigote

Òscar Broc

El culillo del Cornetto

En mi casa siempre se ha llamado Frigolín, el nombre por el que las momias más decrépitas reconocemos al celebérrimo cucurucho de galleta y helado de Frigo España. En los 90, se modernizó y pasó a llamarse Cuore, y desde hace ya unos años responde a un tronchante vocablo italianizado: Cornetto.

Aunque tenga más identidades que un espía, sigue ofreciendo lo mismo que recuerdo desde que era prepúber, con pequeñas variaciones, sin duda, pero con una constante inamovible desde hace eones: el culillo de chocolate endurecido del fondo del cono, ese triángulo de felicidad que el viejo Cornetto te regala para evitar el descenso en picado de la serotonina cuando llegas al final del camino. Menudo invento.

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Final feliz

Resulta curioso que después de hablar durante meses de culillos de vacunas, otro culillo, el del Cornetto, se haya viralizado esta semana. Y todo porque una abyecta y ofendida tuitera ha tenido los arrestos de exigir su erradicación total en las profundidades de dicha red (a)social. Evidentemente, el tiro le ha salido por el culillo, digo, la culata, porque si algo amamos los consumidores de Cornetto es precisamente ese crujiente cacho de chocolate del final.

El culillo del Cornetto es un icono de la concupiscencia, un símbolo de resistencia hedonista, la llegada a meta más dulce, la esencia de la glotonería condensada en un triangulito de chocolate con leche que te lo da y te lo quita todo. Un Cornetto sin culillo sería como Juan y Medio sin bigote, un bajón muy serio, algo fuera de la lógica. Y hablo por muchos cuando digo que compramos el Cornetto solo por esa culillo orgásmico que en Italia se vende incluso por separado: todo lo que viene antes no son más que los preliminares.