Sala centenaria

La Paloma apuesta por el 'tardeo' en su reapertura

Por sus barras han vuelto a rular las copas como si fuera el cumpleaños de Massiel. Aún sí, prometen planes "sin resaca" gracias a la nueva estrategia del histórico local de Barcelona: fiestas de tarde

JORDI OTIX

La Paloma’, dice el letrero que cuelga en la entrada del número 27 de la calle del Tigre. Alrededor del local se respira vida, con decenas de personas vestidas de fiesta, trajes de cóctel y americanas arremolinándose frente a sus puertas. El pasado diciembre fue la primera vez en más de 15 años que se veía esta estampa, los que llevaba cerrada esta sala de baile, la más antigua conservada en Europa. Tras una reforma que ha insonorizado el local y un par de eventos de calentamiento, retomará su programación regular a partir de febrero.

Tras cruzar las puertas, viajas en el tiempo hasta 1920, época de la que data la decoración del local -incluidos los tapices del techo, pintados por los escenógrafos del Liceo-, y que se ha mantenido prácticamente intacta, con posteriores restauraciones. Pero que no te engañe la estética novecentista, la fiesta de esta noche te transporta rápidamente al presente: sobre el escenario, una ‘drag queen’ anuncia que empieza el bingo, mientras la acompañan unas azafatas descocadas con unos manierismos a camino entre la ‘La Ruleta de la Suerte’ y Leticia Sabater.


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Es Loco Bongo, fiesta madrileña inspirada en los concursos de la tele de los 90, y que esta noche, que celebra su segunda edición en Barcelona, ha congregado unos 1.000 asistentes. El ‘show’ empieza con una discusión daltónica que acaba en desnudo: la presentadora dice que los carteles del bingo son azules, mientras que uno de sus compañeros de escena asegura que son verdes. ¿Resultado? Castigado con un ‘striptease’. Queda clara la primera norma de la noche, nunca le lleves la contraria a una travestí.


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Empiezan a cantar los números. En la sala se respira el ambiente de una verbena de pueblo: bingo, juegos, alcohol y música de toda la vida. Si hasta suena ‘La Mayonesa’, que la reciben laureándola como si fuera el éxito de Bizarrap y Shakira. Es uno de los objetivos de Mercè March, propietaria: “recuperar el espíritu de fiesta de barrio que siempre tuvo La Paloma”.

“¿No estáis borrachos? ¡Pues ya estáis tardando!”, continúa la ‘drag’. No es ni la hora de cenar, pero las copas se sirven con la velocidad del cumpleaños de Massiel. Es otra de las novedades de la reapertura de La Paloma, apostar por la última tendencia discotequera: el ‘tardeo’, las fiestas de tarde, según apunta March. “Así puedes aprovechar más el domingo”, cuenta, alabando las virtudes de las fiestas sin resaca. Ya hay varias programadas en las próximas semanas. Las próximas que se divisan en el horizonte son el 11 de febrero, otra sesión de Loco Bongo, y el 18, con la sesión carnavalera de Glove.


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De golpe, “¡línea!”. Al grito coral de “tongo”, suben al escenario los cinco que han cantado a la vez. Solo hay un premio, así que toca decidir cuál de ellos se lo lleva. ¿Cómo? A cada uno le asignan, al azar, una diva musical: en orden, Gloria Trevi, Raffaella Carrà, Shakira, Paulina Rubio y María del Monte. Y, través de una mezcla de ‘performance’ y karaoke, tendrán que imitarlas para proclamarse como ganadores.

Tras unos ‘shows’ individuales con unos gallos que ni en las ‘afterparty’ de Paco Clavel, es hora de decidir el ganador a través del aplausómetro. Con una ovación que eclipsa a los demás, María del Monte se alza como ganadora a base de aplausos. Ni que estuviera la Pantoja en el público. ¿El premio? Un viaje a París. La ganadora llora con la entereza de una miss, mientras la bañan en palabras bonitas.


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Tras media hora, dos personas cantan bingo a la vez. De nuevo, prueba para desempatar. Tienen que recaudar sujetadores y pantalones del público. Quien más consiga, gana. Pasados cinco minutos, se sube al escenario una de las participantes con más de veinte sujetadores en sus brazos. Una noche normal para Julio Iglesias. La anuncian como la ganadora de la noche, pero la ponen en una encrucijada: puede llevarse 500 euros en metálico... o una caja sorpresa. El público grita con ánimo que coja la caja y la ganadora, extasiada por los aplausos (y por alguna copa de más) se aferra a la caja con más fuerza que Bárcenas. ¿El premio final? ¡Un ‘airfryer’!

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A medianoche acaba la fiesta. ¿Valoración de los organizadores? Un éxito. ¿Los asistentes? Los que van saliendo por la puerta afirman que, sin duda, repetirán. Parece que La Paloma vuelve a echar el vuelo en el ocio barcelonés.