‘TOUR’ FOTOGÉNICO

Qué hacer hoy: las otras postales de Barcelona

Esta es una ruta con el móvil desenfundado. Te descubrimos nuevos ‘hot spots’ de Instagram. Carnaza alternativa de selfis

Alternativa en contrapicado a la plaza de Milans: pasaje de Sert.

Alternativa en contrapicado a la plaza de Milans: pasaje de Sert. / Zowi Voeten

Tanto si te gusta explorar las calles y dar con nuevas estampas estimulantes de la ciudad, como si solo buscas un fondo 'cool' para tu última coreografía en Tik Tok, esta es tu ruta. Sigue nuestra colección de pequeñas postales de Barcelona y prepara el móvil, porque vas a reventar la galería. No hacen falta filtros: un poco de postureo más estos rincones desacostumbrados son el win-win definitivo.  

Un cielo inesperado 

El enigma del pasaje de Sert

Una buena alternativa a la típica foto en la plaza de Milans, siempre en contrapicado para apreciar el círculo que forman sus edificios, es asomarse al pasaje de Sert. Este corredor conecta Trafalgar con Sant Pere Més Alt. Los edificios que lo forman tienen su origen en la industria textil, aunque ahora son modernos lofts y oficinas. Si buscas sus cielos con tu objetivo, darás con un hexágono irregular, que lo mismo podría recordar a un busto de aires pulp o a un peculiar agujero de cerradura. En ese eterno cluedo en busca de perspectivas diferentes, nada como apelar a galerías abiertas, cielos distantes y bellas asimetrías. Ay, espera: foto, foto.


Estilillo gótico 

‘Stream’ en el callejón

Para posturear bajo puentecitos: los de la calle de Carabassa. 

/ Zowi Voeten

¿Has visto alguno de esos crecientes reels de Instagram donde aparece una chica francesa con mucha clase, desayunando al sol o caminando decidida sobre los adoquines de París? Pues no hay nada que envidiar, porque en Barcelona tenemos callecitas como Carabassa, que echan tan de espaldas que va a dar igual el modelito que te pongas. Es posar bajo esos puentecitos que antiguamente llevaban a los jardines de una gran mansión, encuadrar la estatua que corona la cúpula de la basílica de la Merced asomando de fondo, y te van a llover los 'likes', fijo. Ahora solo te queda decidir qué canción de Albert Pla vas a poner de fondo para rematar un vídeo de chapeau absoluto. 


Vegetal y vertical 

El muro verde del Born

Calle d’en Tripó, en el Born. Un ecosistema vertical que da para al menos 200 ‘likes’.

/ Zowi Voeten

Dando un distraído giro desde la calle donde Paradiso (Rera Palau, 4) nos sirve secretas maravillas en vasos imposibles bajo techos sinuosos, nos aguarda otra sorpresa para los sentidos. Frente a la plaza de les Olles, resguardadas por una espléndida tipuana que extiende sus ramas en gesto protector, se revelan las frondosas paredes de la calle d’en Tripó. Este coqueto cul-de-sac antiguamente fue un pasaje particular con una valla de madera que cerraba la entrada. Ahora cobija un ecosistema vertical que da para 200 'likes' como mínimo. La hiedra asciende desde el muro hasta conquistar una extraña chapa ondulante curiosamente decorada con trazos granate, cobre y cian. La mano se va al móvil mientras las pupilas se pierden en las psicodélicas confluencias del verdor y la pintura, sobreviene el mareo de Stendhal, y es fácil perder pie.  


Navegación de otoño 

El ‘Tiktoker’ y el mar

Viejo restaurante grafiteado con forma de barcosobre el espigón de Bac de Roda.

/ Albert Fernández

Una vez llegados al paseo Marítim, conviene dejar atrás las embarcaciones pijas del puerto deportivo, el colosal pez de Frank Gehry y la típica foto con el hotel vela recortado sobre la playa. Para surcar los mares del destino, nada como seguir la línea del litoral hasta divisar el viejo restaurante con forma de barco que aún reposa sobre el espigón de Bac de Roda en la playa de la Nova Mar Bella. Lo que en un tiempo fue el Boo Beach Club es ahora un navío abandonado a la intemperie, sepultado por grafitis, chapa y ladrillos. Con todo, la estampa del naufragio epata al más despistado: las gaviotas te saludan y un rayo de horizonte puro te atraviesa entre las nubes. Aquí se ven 'influencers' practicando la pose de 'Titanic', románticos solitarios y 'runners' absortos en el compás de las olas. Así que eres libre de bailar la balada más oceánica de Billie Eilish, grabar la escena de créditos de tu webserie sobre marineras y sirenitos, o buscar el último confín del mundo recitando aquello de «si no te conviertes en el océano, te marearás todos los días».  


Postureos con fantasía 

La casa de cuento

Pàdua, 75: fachada instagrameable de cuento de hadas.

/ Elisenda Pons

Uno de nuestros secretos mejor guardados para turistas e incluso barceloneses es esa casa de imaginativos colores ubicada en Pàdua, 75. La sencilla puerta carmesí y rectangular de esta residencia diseñada por el arquitecto modernista Jeroni Granell i Manresa es por sí sola una invitación a la fábula. Sus contraventanas del mismo color combinan perfectamente con una pared de mármol que despierta fantasías gracias a sus formas redondeadas rematadas con patrones florales. Sobre la entrada puede leerse la fecha de construcción, con el mismo evocativo esgrafiado retro en tonos rojos sobre fondo verde pálido que rocía toda la fachada. Este cuento en trébol y escarlata brota de la urbe gris cual obra de las hadas, y da para montarse un photocall de auténtica diva.


Escaleras etéreas 

Regueros de fotos

Ascendiendo hacia el Park Güell te topas con esta escalinata de encanto sobrenatural.

/ Albert Fernández

Ascendiendo desde Vallcarca hacia la zona monumental del Park Güell damos con una curiosa escalinata de baldosas pardas, atravesada por una hendidura por la cual desciende un pequeño caudal escalón a escalón, emitiendo un rumor natural cautivador. El agua proviene de la Fuente de Sant Salvador, parte del antiguo pueblo de Horta. A los lados de la escalera con riachuelo se acumula la hojarasca y crecen arbustos y árboles dispersos sobre un manto marrón. El encanto sobrenatural del lugar es tal que parece que en cualquier momento vayan a saludarte los elfos de Lothlórien. A poco que sepas posar, el resultado será una foto otoñal inspiradora. Eso sí, si de repente escuchas sisear el viento y piensas en los Nazgûl, no seré yo quien te diga si toca correr escaleras arriba o escaleras abajo.


Meterse en jardines 

Retratos monumentales

Si buscas escenarios diferentes para tus apariciones en redes sociales, conviene enterarte cuando abre un nuevo espacio en la ciudad. Con la pandemia, la inauguración de los fabulosos Jardines del Doctor Pla i Armengol (av. de la Mare de Déu de Montserrat, 132) pasó desapercibida para la mayoría. Este despliegue de verdor se extiende sobre la colina de Horta-Guinardó, y procura atrezzo estético de sobras. Aquí puedes hacer el saltimbanqui tiktokero en las gradas de la entrada, llenar con fotos de deportista la galería de Tinder en la gran campa contigua, e incluso posar en fotos ilustres frente a la antigua finca de estilo novecentista, o bien en alguna de las pérgolas, monumentos y coquetos caminitos de alrededor. Para rematarlo, selfi en ese mirador con nuevas vistas a la ciudad, justo sobre el hospital de Sant Pau.


Selfis higiénicos 

Fama de WC

El tocador grandilocuente de El Nacional.

/ Instagram

Ya puestos, ¿por qué no hacerse el selfi más fulminante del mundo en el lavabo de tu bar favorito? Los baños son los 'hot spots' de Instagram, por eso muchos establecimientos ponen máximo mimo en la decoración tras el letrero de WC. Las opciones de postureo junto al váter se multiplican: puedes perderte en la fantasía selvática del The Hideout Bar (Alzina, 13), hacer morritos en el tocador clásico y grandilocuente de El Nacional (paseo de Gràcia, 24 bis) o hacerte una foto rollo holograma sexy a la 'Blade runner' entre espejos y neones en los excusados de la coctelería Gopnik (Vallfogona, 23). La cuestión es crecerse ante el reflejo y clavar la pose mientras tarareas aquello de Es mala amante la fama con el movimiento de hombros que se marca la Rosalía en el videoclip con The Weeknd.


Pequeños teatros 

Ventanas infinitesimales

Uno de los mini retablos callejeros de El Museu Més Petit del Món.

/ Instagram

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Un recorrido fascinante para tus stories consistiría en acercarte móvil en mano a una de las antiguas acometidas de agua del barrio de Gràcia y descubrir lo que se esconde en esos huecos en desuso. Si abres una de las pequeñas tapas de metal ubicadas en calles como Congost, Rabassa o Verdi, descubrirás El Museu Més Petit del Món (noemibatllori.com/el-musueu-mes-petit-del-mon), diminutos retablos artísticos destinados a despertar la sensibilidad de los pequeños y crear una red cultural. A veces imagino que al abrir una de esas escotillas se desvela un salita por donde asoma otra puerta que conduce a un nuevo escenario, más pequeño, y así sucesivamente: una y mil puertas que se expanden hacia otras escenas menguantes, en un bucle decreciente, infinito e infinitesimal. n

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