LA ENTRENADORA DEL OLFATO

Talleres para aprender a oler en Barcelona

El covid nos ha recordado la importancia de poder oler. Pero gracias a estos cursillos, hablarás de olores con más ilusión el coronel de 'Apocalypse Now' en un campo lleno de napalm por la mañana

Abel Cobos

La perfumista Sandra Iruela, en su último taller en Barcelona.

La perfumista Sandra Iruela, en su último taller en Barcelona. / Bea Rodríguez

¿Cómo defines un olor? Por ejemplo, el de una pastelería. “Dulce”, dirías. O el de la calle Aragó a primera hora de la mañana, “a gasolina”. O el del vídeo de Libres e iguales para apoyar al Rey: “a naftalina”. Pero son formas muy, muy limitadas de describir los olores. “Si alguien te dice que definas un sabor dirás que es amargo, salado, especiado, agrio, suave… Para el olfato también hay palabras similares, pero no las conocemos. Nos falta mucha cultura del olfato”, asegura Sandra Iruela, perfumista, mientras introduce este curso, en el que crear tu propio perfume y, a la vez, entrenar el olfato.

“Este es un olor más plano”, “este redondo”, “muy circular”, “yo diría denso”, va soltando Iruela para que los asistentes, que están probando diferentes esencias naturales para encontrar los olores que quieren en su perfume, se vayan acostumbrando al vocabulario. Aun así, requiere tiempo aprenderse todo este nuevo léxico. Lo demuestra Ruth que, incapaz de recordar un adjetivo más adecuado para describir el olor de su colonia, concluye que su perfume “huele a… Varón Dandy”.

Iruela tiene su propia línea de perfumes, Iruela Fine Fragrances, y hace encargos, como la colonia con olor a cuarto oscuro para Mario Vaquerizo / Bea Rodríguez

“Si no os gusta cómo queda, tranquilos, se puede ajustar”, asegura, dándole a Ruth otras esencias para eliminar ese “tufillo a macho”, como lo describe. “Prueba con un toque balsámico”, le dice, mientras le pasa un bote con incienso y mirra. Huele tan bien que no es de extrañar que los reyes magos se cruzasen medio mundo para entregar ese 'souvenir'. A su lado, una pareja coge un bote de “esencia amaderada”, pero no huelen nada. “¿Tendríamos que hacernos una PCR?”, bromean. No hace falta saltar una alarma: “es un olor con una nota asintomática. Un 2% de la población no puede olerlo”, les explica.

Pero, a pesar de la broma, acaban de recordarle por qué son tan de actualidad estos talleres, cuya siguiente edición se celebrará el próximo jueves, 22 de octubre (con reserva previa a través de su web, o redes sociales): “el olfato siempre ha sido el sentido del olfato más ignorado, aunque es el primero que tenemos Y ahora que el covid amenazaba con quitárnoslo, hemos vuelto a valorarlo”. Para ella, perder el olfato no solo sería una tragedia laboral, también personal. Asegura que los olores son su pasión, y se le nota: habla de ellos con más ilusión que el coronel de ‘Apocalypse Now’ con el Napalm matutino. “El olor nos evoca recuerdos preciosos, por eso es tan importante entrenar el olfato”, reconoce.

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Todos coinciden, mientras se ponen nostálgicos: “el olor a cabeza de recién nacido”, “a plastificar los libros del cole”, “a verano”. Este es, precisamente, otro de los trabajos de Iruela. Además de los cursillos y de su marca de perfumes, hace fragancias a medida (que pueden salir sobre unos 800 o 1000 euros). Por ejemplo, la que diseñó para “un pueblo entero, buscando un olor que resumiera los recuerdos olfativos de sus habitantes”. U otras tan raras como la colonia de velocidad, la de tomatera, la de olor transparente, la de lujo, o incluso la de cuarto oscuro, encargo de Mario Vaquerizo. Él es solo uno de los muchos famosos con los que ha trabajado, como Bisbal Eva González, aunque ellos pidieron “un olor más corriente”. Por suerte.