URGENCIAS CON RIMA

Teléfono de emergencias poéticas

Existía ya antes de que cobrara sentido el anuncio de la mujer que venía del futuro con un bote de lejía. Es un número en rojo a lo 112. Llamas y te recitan versos de urgencia. Un Cyrano de Bergerac a domicilio. Se han disparado en cuarentena

Ana Sánchez

Patricia Buckley, de guardia poética, recita versos telefónicos desde Sitges.   

Patricia Buckley, de guardia poética, recita versos telefónicos desde Sitges.    / OLIVIER RINFRAY

Te responden con la misma urgencia que en cualquier otro teléfono de emergencias. Alguien descuelga sin identificarse, casi no te da pie ni al “hola”. Decir que tu cara es un poema sonaría demasiado redundante. Al otro lado del móvil te empiezan a recitar un poema de emergencia. Un Cyrano de Bergerac a domicilio.

Hace dos años que empezaron a circular 'flyers' por Barcelona con un nuevo número en rojo a lo 112: “Poesía de Emergencia: 659 86 10 32”. Un teléfono de la esperanza en versión poética. ¿Que para qué sirve? “Para maquillar algún momento feo”, apuntaban entonces sus dos ideólogos, Edu Bernal y Fede Nieto. Eso era antes de que cobrara sentido el anuncio de la mujer que venía del futuro con un bote de lejía. Con la pandemia, las emergencias poéticas se han disparado. Atienden un centenar al día, calcula Edu desde su confinamiento en Cardedeu. «Ahora –añade— también pueden hacerte sentir menos solo».

Hay cuatro móviles con el mismo número desperdigados por España. Atiende el primer voluntario que descuelga. Así funcionan estas urgencias: a base de voluntarios que se pasan el teléfono con el mismo ansia que ahora la gente se intercambia papelinas de Scottex. Antes de la cuarentena, solían llevar el móvil encima una semana. El estado de alarma los ha estancado en Sitges, Granada, Bilbao y Madrid.

Poesía en manos libres  

“Hola”, responde al teléfono una voz dulce. “¿Te leo una poesía?”. Y se te dibuja esa sonrisita boba de felicidad inesperada. “A menudo decimos 'esto es el fin', -asientes al otro lado de la línea-. Ninguna música controla ya nuestras esperanzas. Pero hay ojos que no conocemos que escrutan el horizonte...". Los versos de Montserrat Abelló resuenan sin emergencia. "Esta es la fuerza que buscamos –tono de redoble-, el amor que aprendemos a sostener contra el borde del tiempo”.

Hay quien aplaude, quien llora, incluso quien acompaña los versos con una guitarra. “El otro día me pusieron en manos libres –recuerda Acoyani-, y recité para un montón de personas que estaban currando. Era tarde, me imaginé a los sanitarios en el hospital en medio de un descanso”.

Acoyani Guzmán es poeta, actriz, dramaturga. Lleva más de un mes de guardia poética en Madrid. Su lema ya antes del coronavirus: "Los artistas somos los únicos capaces de salvar al mundo de la catástrofe". Es la frase que encabeza una de sus obras de teatro. “Es un momento histórico -insiste- donde la poesía es necesaria como el agua”.

 Acoyani Guzmán recita uno de sus poemas por el teléfono de emergencias.

¿Qué poemas funcionan mejor contra la pandemia? “Yo estoy intentando recitar cosas que tienen que ver con el amor”, dice Toni desde Bilbao. Toni Garzón es poeta, director de cine y ensayista. El amor, justifica,“es lo que más echamos de menos con el coronavirus: tocarnos, besarnos”. Y te suelta un par de versos de Benedetti que te erizan la nostalgia. “Tengo necesidad de verte, esperanza de verte, desazones de verte…”. Así, dice, es como la poesía da palmaditas en la espalda. “Es un soplo de ánimo”.

“La gente necesita poesía”, asiente Jose Allen desde un pueblo de Granada. Actor, 'performer', activista “de andar por casa”. Está pasando la cuarentena sin ni siquiera wifi.  Él te recitará algo de 'La escala de Mosh', de Gatta Cattana. “Hay muchos poemas que parecen que estuviesen escritos estos días”.

Hay un tipo que se llama Aurelio que ya llama cada día.  “Nos conoce a los cuatro voluntarios”, cuenta Patricia desde Sitges. “Después de contarle yo mi poesía, él me cuenta a mí un chiste”, sonríe. Patricia Buckley es psicóloga y profesora de secundaria. A ella lo que le llama la atención es que atiende a muchas chicas jóvenes. “Y muchas veces me leen cosas que escriben ellas”. ¿Que cómo ayuda la poesía en tiempos de pandemia? “Es algo poco extraordinario –se encoge de hombros-: una voz cálida al otro lado del teléfono que te dice algo hermoso”.