CIUDAD ON

Saca el samurái que llevas dentro

Se te quedará la misma cara que si miraras de frente a un coronavirus. Es una Samurai Experience. Te visten como a un guerrero japonés y te enseñan a manejar katanas

Ana Sánchez

Batalla campal con espadas de gomaespuma, una de las actividades con adrenalina de Samurai Experience. 

Batalla campal con espadas de gomaespuma, una de las actividades con adrenalina de Samurai Experience.  / DANNY CAMINAL

Da la sensación de que en cualquier momento te van a poner a dar cera y pulir cera. «No nos iría mal para las maderas», te sonríen. Cruzas una puerta de Consell de Cent y entras de golpe en una casa japonesa de aire zen. Hay mesas a ras de suelo, biombos de papel, se intuye algún té humeante, hasta suenan pajaritos. Ireneu y Oriol te reciben con ropa samurái,  te miran a lo señor Miyagi, con cara de estar a punto de darte alguna lección. Y, sí, en breve se te pondrá la misma pose de alarmismo que en una mesa de tertulianos sobre el coronavirus.

Esta es una Samurai Experience. Al fondo, a la derecha, tienen dos dojos con cuatro  katanas afiladas. En dos, tres horas saldrás con los andares chulescos de Uma Thurman tras las dos pelis de Kill Bill. Aquí te visten como a un guerrero japonés y te enseñan a cortar con katana

Ellos saben manejar katanas, palos, cuchillos, arcos, dice Ireneu como quien enumera la lista de la compra. Ireneu Rodríguez, 34 años, lleva en las artes marciales desde los 3, calcula. «Fue culpa mía que nos metiésemos en este fregao», confesará después su hermano Maurici, otro de los ideólogos, 35 años en dojos. Aún hay una cuarta socia: Sophie Steffen. Ella maneja katanas desde hace 8. «Yo de pequeño era, sigo siendo, un tío muy patoso», sigue recordando él. Sus padres lo apuntaron a artes marciales con 5 años. Ahora, añade, van a entrenar cada año con maestros de Japón. 

«Esto salió de un mal día en el trabajo», recuerda Maurici. «Revisando webs de tendencias japonesas, apareció una actividad no tan desarrollada como esta, y fue el típico mail que mandas un día quemado del mundo. ‘Mira, Ire, mira qué hacen los japoneses’». «Y le dimos muchas vueltas», añade Ireneu. Más de 150 pruebas. Empezaron hace un año. Abrieron hace apenas un par de semanas.  

Samurai Experience

Consell de Cent, 605
Entre 8 y 14 personas. 
Desde 7 años
Precio: a partir de 39 €
Si lees esto, tienes un 10% de descuento 
con el código elperiodicosamurai 
samuraiexperience.es

«¿Todo esto tenían que hacer para matar a alguien?», dice un samurái en prácticas al intentar ponerse los pantalones. Hoy hay una docena de guerreros neófitos, colegas de trabajo fuera del dojo, a punto de poner a prueba su compañerismo con katanas. Descubrirás, ya tarde, que entre espadas salen más piques que en un gobierno de coalición. 

«Es el traje que llevaban debajo de la armadura», explica Ireneu. Y enseña a enfundarse el keikogi (la ropa de entrenar) con paciencia zen. Tardas más en ajustarte la hakama (así se llama este pantalón) que en buscar una serie en Netflix. «Estos no podían decir ‘5 minutos y bajo’», se ríe otra principiante. 

«¿Qué es un samurái?», pregunta Ireneu. «¿Alguien que mata?», respondes por intuición peliculera. Él niega con la cabeza: «Significa: ‘La persona que sirve’». Y te habla de honor como si estuviera en El último samurái. «Una de las pocas cosas ciertas de la película –se ríe– es que los samuráis eran del tamaño de Tom Cruise». 

"¡Kiiiiaaaa!"

Entras en el dojo, meditas unos minutos y te dan una espada de madera: el bokken. Lo coges con la veteranía que da haberte criado viendo a Íñigo Montoya. «Mano derecha arriba –te corrige Ireneu–, mano izquierda debajo». Y enseña un corte básico: en diagonal de arriba abajo. Parece fácil. Ahora con grito, incita. «¡¡¡Kiiiiaaaaa!!!». Funciona bien –desvela– «la saturación auditiva». Sí, al verle acercarse gritando saldría pitando hasta Popeye.

Práctica con bokken, espadas de madera. / DANNY CAMINAL

Tú empiezas como el niño del anuncio ochentero de Wipp Express. «¡Quiero mi kimono, kia!». Acabas gritando con más emoción que el ex de «Estefaníaaaaa» en La isla de las tentaciones. El dojo se llena de gritos. Como una tarde cualquiera en Sálvame.   

LO+

Sales de aquí con los andares chulescos de Uma Thurman tras las dos pelis de ‘Kill Bill’. 

LO-

Da la sensación de que en cualquier momento te van a poner a dar cera y pulir cera.

Unos minutos de práctica y pasas a la katana de verdad. «Ay, ay, ay».  Ahora es cuando se empiezan a ver caras de alarmismo, como si estuvierais mirando de frente a un coronavirus. Ireneu y Oriol reparten protecciones para las piernas. «Ayudan a que la gente se mentalice de que no es un juego», justificarán luego. Funciona. Empuñas la katana con el mismo cuidado que si fuera un arma nuclear. Te ponen delante un churro de gomaespuma. Un intento, dos, cinco. Ahí sigue erguido con solo unos rasguños. No, no es fácil cortar a lo samurái. 

Ahora te dan a probar con una esterilla de bambú. Es lo que se usa en las competiciones de corte en Japón. Tameshigiri, se llama este arte. Fiu. El bambú se tambalea y vuelve a su sitio como si nada. Acaba siendo una lección budista. «Te adaptas a la vida y vuelves a tu camino», comparan. ¿El secreto? «Entrenar», se encogen de hombros. «No hay secretos, no hay caminos cortos». Es un tema de voluntad, dicen. De paciencia. «Y de aceptación del fracaso».  

Ireneu enseña a cortar con la katana una esterilla de bambú. / danny caminal

En segundos, pasarás del formato Kill Bill al del Chino Cudeiro. Se enfundan las katanas y se reparten espadas acolchadas y cascos. Toca lucha de equipos en plan Humor amarillo. Terminarás sudando y con agujetas a lo Ferreras de tanto mover los brazos. 

Lucha samurái a lo Humor amarillo. / DANNY CAMINAL

La experiencia acaba en el chill out a ras de suelo, entre té, dulces y cervezas japonesas. Y la sensación de haber ganado la batalla. «Al fin –resopla una principiante– he cumplido mi sueño de sentirme como Kung Fu panda». 
 

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