el museo imaginario

Granja Dulcinea, la "auténtica" Barcelona

La actriz Meritxell Huertas, que representa 'Monólogos de la vagina' en el Teatre Capitol, es la tercera generación de la familia que frecuenta este histórico local. ¡Y su hijo, la cuarta!

Ferran Imedio

La actriz Meritxell Huertas, con un suizo frente a la Granja Dulcinea.

La actriz Meritxell Huertas, con un suizo frente a la Granja Dulcinea. / JORDI COTRINA

Meritxell Huertas pertenece a la tercera generación, pero no la última, de una familia que tiene la Granja Dulcinea (Petritxol, 2) entre sus locales favoritos de Barcelona. "Cuando era pequeña, mis abuelos vivían en el Eixample y me traían aquí después de dar una vuelta por el Gòtic, sobre todo en invierno. Incluso el convite por el bautizo de mi tío se hizo en este local -recuerda-. También venía con mi madre y, ya siendo adulta, con mis parejas y con mis sobrinos. Y ahora, con mi hijo. Suele ser el típico sábado que no tienes nada que hacer. Paseamos por las callejuelas, vamos a ver los 'gegants' del Pi, nos acercamos a la plaza de la Catedral, donde hay un señor que siempre hace burbujas de jabón, visitamos cuatro tiendecitas, tomamos el chocolate, y volvemos para casa".

El niño tiene 4 años, pero ya sabe que cualquier paseo por el Gòtic siempre acaba en alguna de las mesas de este emblemático establecimiento. Si, por lo que sea, al final del recorrido no se detienen allí para hincar el diente al chocolate con churros ("no quiere melindros, será que nació en Madrid, como mi pareja", bromea), él mismo se encarga de recordar cuál es la última parada del periplo. Parece claro que la cuarta generación de clientes está asegurada.

DESDE 1941

DE TABERNA A GRANJA
Joan Mach compró en 1930 la Taberna Alella (también conocida como Taberna de Guimerà porque el escritor vivía cerca), que ocupaba los bajos de un edificio de 1860. En 1941, al morir Mach, Maria, su viuda, decidió reconvertirla en lo que es hoy, la Granja Dulcinea.

LA MISMA DECORACIÓN
Como la normativa obligaba a tener un nombre en castellano, le puso el muy quijotesco Dulcinea, cuya raíz recuerda la palabra 'dulce'. Está todo como en 1941: la barra de madera de la entrada (cuando era taberna estaba en la pared opuesta), las mesas... Solo el suelo cambió hace unos 25 años por unas obras en el alcantarillado que pasa por debajo del establecimiento.

MUCHOS CHURROS
La especialidad de la casa son los chocolates a la taza (bordan el suizo), los melindros y la ensaimada. Desde hace unos años, con el auge del turismo (aproximadamente una cuarta parte de la clientela es foránea), el producto estrella son los churros.

La actriz explica la anécdota sentada en una de las mesas de madera de Granja Dulcinea tomando un suizo. "¡Una bomba!", sonríe sin remordimientos. "Pero el chocolate se necesita para vivir". Además, el día es feote, frío, está nubladísimo. ¿Qué otra cosa puede apetecer? Huertas no solo está a gusto por lo que disfruta con esas tazas de chocolate caliente, sino por la atmósfera que se respira. "Me hace sentir en casa. Es muy barcelonés, de los sitios que aún mantienen la esencia de la ciudad, con mucha gente local", suspira. "Por eso lo he elegido para el museo imaginario: para reivindicar sitios como este, para pedir que no se los lleven la especulación ni el turismo".

No tiene pinta de que vaya a desaparecer. De hecho, suele estar lleno e incluso a veces hay que hacer cola en la calle. Y la intérprete 'colabora' con ese éxito. "Aquí he traído a familiares y extranjeros a los que he querido enseñar una de los sitios auténticos de Barcelona, para que se olviden de la Sagrada Família. Y de tan auténtica casi ha dado la vuelta hasta parecer exótica", reflexiona Huertas, que también se los lleva al bar Electricitat (Sant Carles, 15), en la Barceloneta, y a la Taverna Can Margarit (Concòrdia, 21), en el Poble Sec. "Sitios que, como Granja Dulcinea, me encantan e intento que la gente los conozca porque nunca me llevaría a nadie a comer una paella a Las Ramblas".

Huertas, que estuvo una década trabajando en La Cubana y ha participado en programas de televisión como 'Saturday night live' (Cuatro) y 'El club del chiste' (Antena 3), y en obras de teatro como 'Pel davant i pel darrera', 'Confessions de dones de 30' y 'Lapònia', está en el Teatre Capitol representando 'Monólogos de la vagina' con Alicia González Laá y Aina Quiñones. "No hay nada superado de lo que reivindicaba la obra de Eve Ensler en 1993", se lamenta sobre esta pieza "muy política, muy feminista, muy reivindicativa" que mezcla risas (muchas) y lágrimas (unas pocas) hablando de los mil y un nombres que tiene la vagina pero también de violaciones en campos de concentración en la guerra de Bosnia. Lamentablemente, hay cosas que no cambian, aunque hay otras que por suerte no lo hacen, como Granja Dulcinea.