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'Pole dance': se extiende el 'fitness' con barra libre

Es uno de los «deportes que practicarás este 2020», predicen los gurús con mallas. Ya se hace 'pole' como quien va al 'gym'. Tardan menos en ponerte de vuelta y media que en una sesión de control en el Congreso

Ana Sánchez

Una profesora enseña una pirueta en Pole Dance Factory. 

Una profesora enseña una pirueta en Pole Dance Factory.  / MARÍA CONTRERAS

«A la segunda o tercera clase te ponemos del revés», te prometen. Sí, aquí tardan menos en ponerte de vuelta y media que en una sesión de control en el Congreso. Es como hay que sudar ahora en Barcelona: haciendo acrobacias en una barra. 

Es uno de los estribillos de las tendencias fitness. El pole dance, prometen, es uno de los «deportes que practicarás este 2020». Hace tiempo que lo incluyen las apps de fitness. Como quien va al gym, pero con barra libre. 

Aún hay quien les pregunta por inercia: «¿Strippers?». Será porque no pisan Instagram. Hay más de 8 millones de fotos solo con el hashtag #poledance. Del pole sport (más acrobático) al pole exotic (con tacones). Hasta existe un día internacional de pole urbano. Tiene federación internacional y campeonatos mundiales. «Y están valorándolo para que sea deporte olímpico», apunta María. 

Pole Dance Factory  

María Contreras es quien te dirá con precisión matemática cuántos días te durarán las agujetas. Fue a su primera clase de pole hace 16 años en Ámsterdam. «Estaba dándola una señora embarazada de 8 meses con unos tacones tremendos», recuerda. Ella trabajaba en una discográfica. «Estaba rodeada de gente despampanante y tenía mis complejitos», resopla. Hasta que probó el pole. «Y me sentí como una diosa. ¡Y haciéndolo mal!», dice. «A lo mejor es por el tabú, por el punto histórico de stripper, que de pronto te ves moviéndote en una barra y dices: ‘Oye, pues ni tan mal’». Se encoge de hombros. «No era para el hombre, era para mí. Se me fueron todos los complejos. Y, además, al día siguiente no podía ni remover el café con leche».  

La sensación la persiguió. «Fui a la oficina y me sentía mucho más segura de mí misma –cuenta–. ¿Sabes cuando andas diferente al ir con bambas o con tacones? Mi cerebro a partir de ese momento andaba con tacones».

Volvió a España, pasó el tiempo, dejó la discográfica. «¿Qué hago?, ¿qué hago? Oye, ¿y lo del pole?». Y montó Pole Dance Factory (plaza de les Dones del 36, 4). De eso hace 9 años.

«Al principio –recuerda– nos contaba algún niño: ‘Mi madre dice que esto es un PC. Sí, un puticlub’. Ahora tenemos los balones de los niños y nos los vienen a pedir».    

Día internacional de ‘pole’ urbano en la Barceloneta. / MARÍA CONTRERAS

 «Sé que duele –te dice Araceli–. Sé que duele la vida». Descubres, ya tarde, que las profesoras de pole no usan metáforas. Pocos moretones te salen. «Pole kisses», los llaman. Besos del pole.   

Es tu primera clase con barra. Pantalón corto, top, nada de crema, te indican antes de venir. Lo de ir con poca ropa es por pura supervivencia. Te agarras mejor. En una clase acabas girando en la barra con más brío que un bombero. De hecho, así se llama el primer giro que te enseñan. Ya te ves en el Cirque du Soleil, si no fuera porque vas con la lengua a rastras. «El pole cansa, ¿verdad?», te dice Araceli con el retintín del señor Miyagi tras poner a Karate kid a dar cera y pulir cera. Las agujetas duran dos días.    

LO+

En tres clases haces unas piruetas que ni en tus mejores sueños con Los Vengadores.  

LO-

Te dejarás la piel. Literal. Acostúmbrate a los moretones. Son «los besos del ‘pole’».   

«Pensaba que no tenía tanta fuerza en los brazos», resopla Laia tras la clase. También era su primera vez. «No he conocido a una sola persona que haga pole y en un mes no sepa subir –te anima María–. Es más fácil de lo que parece», promete. «No es que sea fácil –recula–, es duro, pero se puede hacer».

Miriam –dos años haciendo pole– te enseña el vocabulario básico para no dejarte la piel: «Si tu profe dice: ‘No duele’, es que duele un poco. Si dice: ‘Duele un poco’, es que duele mucho. Y si dice que duele mucho, es que necesitas un trasplante de piel», se ríe.

Tras la clase, te caes a plomo sobre el sofá y se monta una charla en menos de lo que tardas en decir «agujetas». Este sofá naranja ha vivido más que el de Friends. «El sofá de las lágrimas», lo llaman. «Se hace mucha sororidad», asegura María. Esa es la esencia del pole: «Superación, empoderamiento, amarte a ti mismo, y amar tu cuerpo por lo que puede hacer, no por cómo luce».

Pole Dance BCN 

«Autoestima» y «empoderamiento», repite Tania frente a otras barras con overbooking.  Lo importante, dice, «es cómo se siente la mujer haciendo esto». 

«Se ha normalizado como deporte –añade–, y cada vez más alumnas prueban el exotic». Todas las escuelas incluyen clases con unas plataformas que dan vértigo. «Hace dos años que nos reencontramos otra vez con los tacones». Hasta la niña de Shrek se sentiría sensual al mirarse al espejo. 

Tania Marinho, venezolana, estudió ingeniería informática. Lleva 11 años en Barcelona, 10 haciendo pole. Hace ocho que abrió Pole Dance BCN (Rocafort, 250). «Te sientes tan bien contigo misma... Era lo que quería transmitir a otras mujeres», recuerda.

Clase en Pole Dance BCN. 

Segunda clase. Te vas acostumbrando al dolor. «Es duro, sí –apunta Tania–, pero hay que quitar un mito: tengo que estar fuerte para hacer pole. Obviamente necesitas fuerza, pero la vas construyendo con las clases». Hoy acabas gritando como si hubieras coronado el Everest. Has trepado un palmo por la barra. «Haces cosas que nunca pensaste que podrías hacer», asiente Elena, otra alumna. «Trepar como un mono, hacer piruetas… Yo, la torpe», se ríe. «Yo peso 90 kilos y hago exotic –añade Laura, de 47 años–, con zapatos de 15 centímetros».

Se ven chicas de 15 años y mujeres de 57. Ahora solo tienen a un chico. Están overbooking. «Se ha puesto muy de moda entre las influencers» , dicen dos veinteañeras. 

Feeling Woman Pole Dance-Sport 

«Sí, va en aumento totalmente», asiente Patricia. Tanto que hace dos años ella trasladó su escuela a un edificio de cinco plantas: Feeling Woman Pole Dance-Sport (Zamora, 68). «La mansión del pole», la llaman. Tiene siete salas con barras, tienda, cafetería, hasta cajas fuertes gigantes (el local era antes una armería). Incluyen clases para niños. «Desde 5 añitos ya están empezando a subir a la barra», explica. «Es como ir a un gimnasio, pero desafiando tus propias posibilidades».   

Uno de los profesores de Feeling Woman Pole Dance-Sport. 

Patricia Roqueta aprendió a hacer pole dance en Los Ángeles hace 16 años. Montó su primera escuela con 5 barras en el 2009. No te extrañes si crees verla en dos sitios a la vez. Tiene una hermana gemela. Ella es la del pelo rosa.  

«Ganas musculatura muy rápido», asegura Laura, tu vecina de barra de hoy. Es tu tercera clase. No da mucha confianza que las alumnas llamen a la profesora «la creadora de agujetas».  

«No te rindas», te dice Alba con cada intento de pirueta. Uf, cuesta, pero no te rindes. Tus compañeras aplauden cada avance. Y, sí, terminas boca abajo en la barra. ¡Y sin manos! 
 

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