La trastienda

La 'hacker' Billie Eilish

La diva de los nacidos en este siglo sabotea de forma pertinaz todo cuanto se creía que había de cumplir una diva pop

Núria Marrón

Billie Eilish en la gala de los Grammy 2020.

Billie Eilish en la gala de los Grammy 2020. / ALLEN J. SCHABEN

Billie Eilish ya le deberíamos estar agradecidos solo por haber cortocircuitado ella sola el género de la alfombra roja y toda esa literatura, entre kitsch y solemne, que los guardianes del 'buen gusto' aún escriben con la misma deportividad sanguinaria con la que, de ser nobles y vivir en la campiña inglesa, saldrían a disparar perdices y pichones. 

Porque  ¿cómo adjetivar a una 'fuera pistas' que llegó a su coronación en los Grammy vestida oficialmente de bicho-verde, con esa especie de pijama Gucci que parecía haber cogido del armario de Demis Roussos y que  conjuntaba con a) las raíces del cabello teñidas de verde-radiactivo, b) unas cejas pobladas y despeinadas, c) una mascarilla, y d) unos guantes por los que afloraban uñas-florete?

Una rara de masas

A diferencia de Billy Porter -otro disidente que convierte cada  aparición en una fantasía 'drag'-, Eilish no es solo rara, es una rara de masas, una especie de imán demográfico para las adolescentes de entre 10 y 20 años a las que ha fascinado su pertinaz sabotaje de todo cuanto se suponía que debía ser una diva pop.

De entrada, Eilish ni es alegre ni se aviene a encarnar las vidas hiperproducidas y perfectas de sus antecesoras en el cargo. Y mucho menos se contonea con mirada suplicante en aquella especie de 'peep-show' global que fue el pop de los dosmiles. De hecho es bastante oscura y sus canciones tienen algo de catarsis que conecta con la soledad y las ansiedades adolescentes. 

Holguras

Más allá de su gusto por los chándals y sudaderas de los años 80 y 90, Eilish también luce holguras porque no está dispuesta a ponerse a los pies de la inclemente trituradora que juzga si estás gruesa o delgada, o si tienes el culo gordo o plano. «Nadie puede decir eso -dijo en agosto- porque no lo saben».

Que una adolescente se proteja de este modo dice unas cuantas cosas, y todas viles, de la decadencia ambiental. Sin embargo, su estilo -replicado con un fervor que no se veía desde la anti-virgen Madonna- también está contribuyendo a que una generación se dé permiso para pisotear todo lo que que se suponía que debía hacerse en nombre de la feminidad y de ese estribillo según el cual nunca eres lo bastante guapa, ni joven, ni delgada, ni adecuadamente sexual. Así que el domingo seguiremos su actuación en los Oscar.

Al fin y al cabo, pocas cosas pueden haber más útiles en una alfombra roja que un antídoto del calibre de Eilish contra el autodesprecio adolescente.
 

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