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el museo imaginario

El "espectáculo de gente" de la Rambla

Quim Masferrer, que acaba de estrenar 'Bona gent' en el Club Capitol, recorre a menudo el paseo para disfrutar de su colorido paisanaje

Ferran Imedio

Quim Masferrer en la Rambla.

Quim Masferrer en la Rambla. / MARTÍ FRADERA


Quim Masferrer le gusta la gente. Las personas. Y no solo porque su espectáculo en el Club Capitol se titula 'Bona gent' (hasta el 8 de diciembre), y convierte en protagonista al público que le va a ver, igual que hace en 'El foraster', que volverá por séptima temporada a TV-3 el 4 de noviembre. Sino porque, además, cuando le preguntas por algo de Barcelona para conservar en nuestro museo imaginario propone la Rambla. ¿Porque es bonita? ¿Porque tiene el Liceu y la Boqueria? "Por la gente, porque es un auténtico es-pec-tá-cu-lo, y gratuito", zanja el actor, que será el presentador itinerante de 'La Marató', el 15 de diciembre, imaginamos que departiendo con quien se encuentre a su paso por Tàrrega, Olot, Reus... 

1,2 kilómetros de paseo

PASABA UNA RIERA
La riera d’en Malla (también llamada de Cagadell, Codonell, d’en Bonanat, d’en Ponç o d’en Pomet) pasaba por la Rambla. Venía de la calle de Balmes y desembocaba entre la plaza del Duc de Medinaceli y la plaza de la Mercè.

CANALETAS, DESDE 1860
Los plátanos de la Rambla se plantaron a partir de 1859, procedentes de la Devesa de Girona, y en 1860 se plantó la fuente de Canaletes, creada por el arquitecto Pere Falqués. Tiene cuatro surtidores (más un bebedor para perros) y cuatro luces.

MÁS DE 300.000 PERSONAS
Pese a no ser un paseo monumental (aunque la flanquean puntos de interés como el Palau de la Virreina, La Boqueria y el Liceu), se calcula que en días laborables la transitan casi 250.000 personas y los fines de semana, más de 300.000.

Él tenía siete u ocho años cuando la descubrió. "Venía de mi pueblo, Sant Feliu de Buixalleu, 700 habitantes. Y flipé tanto que pedí a mis padres que se pararan para poder contemplar ese vaivén de gente tan diferente que iba a la suya, como si fueran autómatas", recuerda. Un contraste con su pueblo, donde todos se saludan. El impacto fue profundo porque cuando se hizo mayor, bajaba expresamente a Barcelona algún que otro sábado por la tarde para ir a la Rambla y, de paso, dar una vuelta por el centro de la ciudad. "Me sentaba media horita en una de las sillas que hay delante del Club Capitol a mirar". 

Le fascina tanto lo que ve que está convencido de que "sería una obra de teatro sensacional si se lograra hacer pasar la Rambla por un escenario ante el público sentado en la platea". Él, de algún modo, lo ha hecho, pero al aire libre. "Me he colocado en una de las callejuelas perpendiculares de tal modo que el paseo parece un escenario, y he ido viendo cómo sube y baja la gente: ahora uno se para, ahora otro mira, ahora pasa una pareja y se da un beso, ahora alguien pide limosna, ahora pasa un tipo corriendo porque es un carterista, ahora unos guiris... Una hora y media de esto es el mejor 'show' del mundo, lleno de verdad, con infinidad de personajes. Es la vida", resume el cómico, que no imagina otro sitio más original en la ciudad. 

"La Rambla es el mundo"

No solo se queda mirando embobado; también recorre la Rambla de arriba abajo. "Me gusta cruzarme con tanta gente porque da la sensación de que voy a contracorriente". También tiene la sensación de ir a la contra al recomendar un paseo tan conocido, pero tiene clarísima su elección: "Cuando dicen que no es lo que era... ¡Ostras, no! La Rambla es mucho pero no valoramos lo nuestro. Nos apasionan Montmartre y el zoco de Marrakech, pero la Rambla... ¡Si es una cosa muy potente! Y lo mejor es que no tiene nada. ¡Solo es una calle! Pero como tiene un componente humano, puedes venir 50 veces que será diferente cada vez, no sabes nunca quién actuará en cada función. Y como ha ganado en multiculturalidad y color, ahora, la Rambla es el mundo".