Inicia sesión

Inicia sesión con tu cuenta de El Periódico

Olvidé la contraseña Política de privacidad

Si todavía no eres usuario, Regístrate

CONDE DEL ASALTO

Ángeles de guardia

Dos patrullas ciudadanas velan por la seguridad de Barcelona, a su bola, inasequibles al desaliento

Miqui Otero

Un grupo de carteristas, en el metro de Barcelona.

Un grupo de carteristas, en el metro de Barcelona. / FERRAN NADEU

Últimamente cojo el metro con la vaga ilusión de encontrármelos. Con sus boinas rojas terciadas y sus pantalones paramilitares, son un cruce imposible entre un descarte nostálgico del ejército carlista, un grupo de 'caganers' canónicos con barretina, una milicia de Black Panthers perdidos en la ciudad celebrando una despedida de soltero. 

Existen, a día de hoy, dos patrullas ciudadanas velando por la seguridad de Barcelona, a su bola. Son cazacarteristas armados con aerosoles de pimienta y silbatos del Tiger. Las conforman agentes inmobiliarias y polis retirados, entre otras profesiones enraizadas en la justicia social. Los más curiosos son los Guardian Angels Barcelona, inspirados en su equivalente neoyorquino creado en el Bronx de los 70, que toman el metro con el vestuario arriba descrito.

No es fácil encontrárselos, porque su abultada milicia asciende a la friolera de cinco personas. La imagen de cinco personas pacificando una ciudad (de casi dos millones) con espráis y pitos es muy parecida a la de alguien que se propone escurrir el mar Mediterráneo con una fregona Vileda. Encontrárselos debe de ser más difícil que ser uno de los míticos ciudadanos a los que se pregunta qué están viendo en la tele para armar los índices de audiencias.

Una ciudad apocalíptica

Y, sin embargo, ahí están: inasequibles al desaliento. Cabe decir que los grupos en los que se inspiran nacieron en un Nueva York verdaderamente apocalíptico. La gente, cuando llegaba al aeropuerto JFK, recibía 'flyers' que lo alertaban de los peligros de la ciudad. El South Bronx de la época estaba literalmente en llamas: 30.000 incendios en una década, tasa de homicidios cuadriplicada, cien bandas juveniles con hasta 10.000 miembros cada una. 

Ahora sal a la ciudad de Barcelona, a tomarte un helado en la Sirvent o una cerveza en el Bar Ramon, y dime si estamos en la misma situación. Los Guardian Angels parecen tener clara la respuesta: sí. Que lo digan así disfrazados diría que no ayuda.

Otros grupos en los que, al menos estéticamente, se inspiran hacían otras cosas que parecen olvidárseles. La organización vecinal de grupos afroamericanos como los Panteras Negras o sus equivalentes portoriqueños, por ejemplo, armaban programas de ayuda con anticonceptivos para prostitutas, comidas gratis callejeras, auxilio a sintecho. Es decir, no los vigilaban, sino que velaban por que el sistema no acabara con ellos.  Dicho de otro modo, esto ya existía aquí antes de los Guardian Angels, y se llamaba, por ejemplo, PAH.

"Verdaderos 'afros', al desgaire, salvajes"

Además, aquellos Black Panthers eran tan imponentes, que incluso la progresía judía más adinerada del momento quería adoptarlos. Lo explica Tom Wolfe en su 'La izquierda exquisita': "Tiroteos, fotografías en 'Life' de policías atrapando a Panteras negras como si fueran 'vietcongs'…, de algún modo todo se confunde mentalmente con el asunto de lo bellos que son. Como el filo de un cuchillo. Abrigo de cuero, gafas de sol cubanas, 'afros' auténticos, no los que se recortan y riegan como un seto hasta adquirir un lustre de alfombra acrílica sino verdaderos 'afros', al desgaire, salvajes".

No sabemos qué habría escrito Wolfe sobre los guardianes angelicales barceloneses, pero sí tengo claro que le saldría un artículo divertidísimo. Mientras tanto, voy a hacer seis trasbordos de lila a amarilla y a roja y a verde, a ver si el altísimo me bendice con
su aparición angelical.