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El roble de Ancosa, en La Llacuna

El árbol estuvo ligado en épocas pasadas a un ritual esotérico

Antonio Madridejos

El roble de Ancosa, en La Llacuna.

El roble de Ancosa, en La Llacuna. / A. MADRIDEJOS

El gran roble de Ancosa, un espléndido ejemplar de formas recias (4,60 metros de perímetro de tronco), estuvo ligado en épocas pasadas a un ritual esotérico, según indica un cartel colocado junto al árbol. Aunque no se detalla cómo funcionaba el conjuro, parece ser que los niños recién nacidos o enfermos eran introducidos por un agujero que se hacía en el tronco con la esperanza de que el árbol absorbiera los malos espíritus, preferentemente en la noche de Sant Joan. El roble, que posiblemente tenga tres siglos, resistió sin duda a los daños causados por los rituales porque hoy muestra un aspecto saludable y merece una visita.

Para acceder hasta él, debe seguirse la carretera que va de La Llacuna a Torrebusqueta y, justo antes de llegar, tomar un desvío a mano derecha. Luego se sigue durante cuatro kilómetros por un camino con el firme en mal estado hasta las ruinas del convento de Ancosa, en un paraje muy hermoso. El árbol aparece poco después.

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Quercus x cerrioides

NOMBRE EN ESPAÑOL: roble cerrioide (híbrido)
NOMBRE EN CATALÁN: roure cerrioide (híbrid)
ORIGEN: Europa del sur y Asia occidental
ANTIGÜEDAD: desconocida. Hacia 1700-1750
LUGAR: La Llacuna (Anoia). A 500 metros de las ruinas del monasterio cisterciense de Ancosa.