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EL MUSEO IMAGINARIO

Las barandillas modernistas de Barcelona

La mejor golfista catalana de la actualidad se siente fascinada por las barandas de hierro forjado y las vidrieras que embellecen muchos edificios de la ciudad

Ferran Imedio

La golfista Èlia Folch, frente a uno de los edificios que más le gustan, ubicado en el cruce de las calles de València y Llúria.

La golfista Èlia Folch, frente a uno de los edificios que más le gustan, ubicado en el cruce de las calles de València y Llúria. / RICARD CUGAT

Cuestión de genes o casualidad, el hierro conecta a la golfista Èlia Folch con su abuelo Julià. Él trabajaba como herrero haciendo todo tipo de filigranas con la ayuda del fuego; ella, décadas después, maneja los hierros en los campos de golf de medio mundo. Y, cuando le preguntas por el rincón preferido de Barcelona a la mejor representante catalana de este deporte en la actualidad, ella responde que elige una fachada. O muchas. Todas aquellas que cuentan con barandillas de hierro forjado.

"A pesar de que no nos damos cuenta porque caminamos sin alzar la vista, dan identidad a la ciudad", razona la jugadora de 28, que ganó un torneo en Bossey –Francia– el año pasado y esta temporada pelea por alcanzar el top 100 europeo y el top 500 mundial, además de ser la única que tiene la tarjeta completa del Circuito Europeo. 

Con vidrieras

La cita para la fotografía ha tenido lugar en la esquina de las calles de València y Roger de Llúria, pero podría haber sido delante de cualquiera de estos edificios, que suelen ser modernistas. "La verdad es que no sabría elegir uno porque hay muchos. Me gustan especialmente los que hacen esquina y tienen también vidrieras. Si tuviera dinero viviría en uno de ellos y saldría al balcón siempre que pudiera porque imagino que la ciudad se ve de otra manera desde allí", dice Folch, nacida en Terrassa pero asidua visitante de Barcelona porque cada domingo visita a su abuela, que vive en la capital catalana. 

Mientras no pueda vivir en un piso de este tipo, se consolará recordando que su abuelo hacía algunas de las barandillas que ahora lucen en varios inmuebles de la ciudad. "Me impresionaba verlo en el taller, al salir del colegio. ¡Tocaba el fuego y no se quemaba! Por eso todo lo que está hecho con este material me encanta". Como los palos de golf...