Inicia sesión

Inicia sesión con tu cuenta de El Periódico

Olvidé la contraseña Política de privacidad

Si todavía no eres usuario, Regístrate

el museo imaginario

El banco del Festival de Pedralbes

El director de la muestra, Martín Pérez, imaginó cómo iba a montar los conciertos en los jardines del Palau Reial sentado en este rincón del espacio verde

Ferran Imedio

Martín Pérez, en el banco de los jardines del palacio de Pedralbes donde decidió cómo montaría el festival, que cumple siete años.

Martín Pérez, en el banco de los jardines del palacio de Pedralbes donde decidió cómo montaría el festival, que cumple siete años. / ASLI YARIMOGLU

Martín Pérez apenas había frecuentado los jardines del Palau Reial cuando estudiaba Empresariales, pese a que la universidad estaba justo al lado. Sin embargo, hoy en día conoce todos los rincones de este espacio verde porque dirige, desde hace siete años, el Festival Jardins Pedralbes, que ya está en marcha y terminará el 15 de julio. Fue en uno de ellos, paseando por allí en compañía de una persona muy cercana, donde acabó de convencerse de que aquello debía ser el escenario de conciertos de verano.

"Me había quedado sin la dirección del festival de Cap Roig y quería montar uno en Barcelona. Entré en estos jardines y lo vi claro: tenía que ser aquí. Pero no había manera de encajar un escenario y unas gradas. Y eso que es grande: un auténtico bosque, no un jardincito, de unas ocho hectáreas, como ocho campos de fútbol", recuerda.

Así que, tras aquel paseo, se sentaron en un banco próximo al acceso de la calle de Pere Duran que está medio escondido entre la vegetación y que no es nada glamuroso para lo que podría esperarse de todo un Palau Reial. Y comenzaron a buscar soluciones, y a idear un plan, y a ilusionarse. "La ilusión es uno de los grandes motores de la vida, y más si es compartida", afirma con un brillo en los ojos. Hasta que decidieron montar gradas sobre el estanque frente al Palau Reial para 2.400 personas.

"Dame un beso, pajarillo, no te asustes, colibrí"

La bonita historia del banco -"ha sido muy importante en mi vida", confiesa- no acaba aquí, porque Pérez quiso dejar constancia de lo especial que es para él. ¿Cómo? Poniéndole una placa en la que puede leerse: "Dame un beso, pajarillo, no te asustes, colibrí" (una frase que aparece en 'El desierto', de la cantante Lhasa de Sela). Un secreto nunca revelado hasta ahora. El emprendedor no quiere explicar nada más: ni a quién iba dirigido y ni qué significa. Parece una declaración de amor. Como el que siente también por los jardines, un lugar "mágico y maravilloso".