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En busca de 4.139 tesoros por Barcelona

Hay más tesoros escondidos cerca de ti que en una peli de Indiana Jones. En vez de un látigo, se necesita una 'app' y seguir el GPS. El 'geocaching' se practica ya en 191 países

Ana Sánchez

Jaumet busca uno de los tesoros de geocaching cerca de Can Felipa, en el Poblenou. Resultará estar mimetizado en un bolardo.

Jaumet busca uno de los tesoros de geocaching cerca de Can Felipa, en el Poblenou. Resultará estar mimetizado en un bolardo. / JORDI COTRINA

El móvil marca 159 metros, 158, 157…. Caminas por  el Poblenou como si estuvieras en 'Los Goonies': los ojos pegados a un mapa, la mirada brillante de quien se acerca a un tesoro y el paso tranquilo, como si te persiguiera una panda de atracadores torpes. «Lucha de gigantes», anuncia la pantalla. Es el nombre épico del tesoro.

Sigues la brújula adosada al mapa virtual, los metros se reducen a la velocidad de la credibilidad de Cifuentes. 25 metros, 24. «Te estás acercando», salta una alerta. «Hay que actuar con discreción –te advierten–. A según qué horas hay muchos 'muggles' pululando». ('Muggles': los humanos sin habilidades mágicas de 'Harry Potter'). Así que ahora caminas con el disimulo del inspector Clouseau con lupa. 10 metros, 5, 3. ¿Y ahora qué? En el móvil hay un botoncito con el que «ver pista». Clic. «Se engancha más que un recuerdo 'kitsch' en la puerta de la nevera», lees. ¿Un imán?

Palpas las mugrientas cajas de electricidad que hay a la vista con grima de principiante. «No hay que ser tiquismiquis», menea la cabeza Jaume. Él lleva 9 años buscando tesoros. «Y tienes que tener cuidado –añade mirando de reojo al resto de peatones–, pueden pensar que es droga». Tras unos tanteos, ahí está: una cajita camuflada adosada con un imán. No es un tesoro templario, ni siquiera hay una mísera calavera polvorienta al lado. Es un geocaché.

Geocaching: «La búsqueda del tesoro más grande del mundo», define su web. «Seguramente haya alguno cerca de ti ahora mismo», garantizan a cualquiera. Hay más de 3 millones escondidos en 191 países, calculan. «4.139, alrededor de Barcelona». 

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Es una excusa para despegarte del sofá, descubrir sitios y conocer gente. 

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Piénsatelo bien si te da grima meter la mano en agujeros mugrientos donde caben bichos.

«Tú estás viendo la punta del iceberg», dice Jaume cuando descubres tu primer tesoro. Jaume García; Jaumet, cuando geocachea. Tiene 44 años y mirada de espía. Ha encontrado 11.355 tesoros en 9 años. Eso significa que se ha subido a árboles, ha metido la mano en un nido de murciélagos y ha agarrado una babosa con ímpetu de tesoro. Hay uno en la Costa Brava que está a cuatro metros bajo el mar. Más de un policía le ha preguntado «¿qué hace usted aquí?». «Explícaselo», se ríe. «Aunque muchos ya conocen el juego».

DESTINOS QUE NO ESTÁN EN LAS GUÍAS

La humanidad geocachea desde hace 18 años. ¿Qué engacha? «El reto que implica», responde Jaumet. «Y te lleva a sitios que no están en las guías. Cada tesoro tiene asociada una web que explica por qué está ahí». También puede ser una excusa para hacer 'trekking' o una vía ferrata. Y es una manera de conocer gente, añade Jaumet. «Es muy interactivo y hay eventos». 

Un minilibro de registro mimetizado en un bolardo con velcro. JORDI COTRINA

Hay que descargarse una app, crearse una cuenta y elegir un tesoro que rastrear con GPS. Imprescindible un boli. Al abrir el tesoro, lo que encuentras es un logbook: un librito de registro. Firmas, pones la fecha, vuelves a esconderlo sin que te vea nadie y compartes la experiencia 'online'.

Hay geocachés tradicionales (vas a unas coordenadas); multicachés (tienes que descubrir datos en varios lugares); mysteries (hay que resolver algo); wherigos (con aventuras gráficas). ¿El premio? «Jugar», dice Jaumet. «Se ha ido perdiendo el intercambio». Queda algún caché con objetos: si te llevas algo, tienes que reemplazarlo por otra cosa de igual valor.  

Un consejo de vida o muerte: «Presta atención a tu alrededor mientras juegas», advierte la web. «En EEUU, una pareja murió –cuenta Jaumet–. Iban siguiendo el GPS y se fueron barranco abajo».
 

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