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EL MUSEO IMAGINARIO

Ona Carbonell: la sirena que se enamoró de Picasso

En medio de su mundo sincronizado, siempre encuentra un hueco para dar rienda suelta a su otra pasión: la pintura.

David Torras

Ona Carbonell, en el patio del Museu Picasso, uno de sus rincones preferidos, al que se escapa siempre que puede.

Ona Carbonell, en el patio del Museu Picasso, uno de sus rincones preferidos, al que se escapa siempre que puede. / ÁLVARO MONGE

Lleva una vida de sirena, dibujando figuras imposibles en el agua, donde pasa horas y horas cada día, obsesionada con acercarse a ese imposible que es la perfección. A menudo lo consigue, en medio de entrenamientos infinitos y movimientos ante los que dan ganas de lanzarse a la piscina para descubrir dónde está el truco. No lo hay.

Ona Carbonell (Barcelona, 1990) no tiene cola de pez, ni el don de respirar bajo el agua, pero cuando se mece sin olas, en ese armónico torbellino que le ha llevado a conquistar una veintena larga de medallas en grandes competiciones, tiene algo de aquellas sirenas mitológicas que seducían a los marineros, rendidos fatalmente a sus hechizos. Con Ona no hay peligro. Todo es encantador, y más cuando, detrás de esa figura de deportista, se descubre su otra gran pasión.

"Todo lo que sea arte me encanta. De pequeña estudié pintura y nunca he dejado de pintar, sobre todo, en carboncillo, a veces al óleo, o con el lápiz en los aviones. Me gusta mucho pintar retratos (también acostumbra a diseñar sus bañadores). Modigliani es uno de mis artistas favoritos. Y con mis padres, siempre que hemos viajado por el mundo hemos ido a museos", explica.

UN SITIO ESPECIAL

Lo sigue haciendo siempre que puede, en Barcelona, y en otras ciudades, en medio del intenso sacrificio que supone la natación sincronizada con un espartano régimen de entrenamientos y competiciones. "Intento estar al día en este mundillo porque me gusta y porque creo que es importante entre todos ayudar y apoyar todo que tiene que ver con el arte", reclama, paseando por uno de sus rincones favoritos: el Museu Picasso.

Ahí, en el corazón de la Ribera, sigue respirando alguien que le apasiona. Un amor a primera vista que no ha dejado de emocionarla cada vez que lo mira.

"Picasso tiene mucha intensidad, mucha personalidad, en cualquiera de sus trazos identificas que es él. Puedes entrar mucho dentro de su pintura y ves lo que sentía, lo que quería expresar. Y el Museu está en un sitio muy especial de Barcelona y tiene muchas exposiciones muy interesantes. Es un privilegio y hay que disfrutarlo, y no solo una vez, porque siempre está renovándose".

Como ella, en esa exposición interminable de obras acuáticas que la ha convertido en un artista mundial.