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CUESTIÓN DE ESTILO

Diseñar no es coser y cantar

Los jóvenes diseñadores luchan por hacerse ver en un mundo en el que cuesta mucho desfilar

David Torras

El Palau se transformó en una pasarela llena de originales diseños.

El Palau se transformó en una pasarela llena de originales diseños. / JULIO CARBÓ

Hubo una época en que al entablar según qué relaciones, en según qué garitos y a según qué horas, para saber por dónde iban a ir los tiros de la conversación o de la noche, en el manual de recursos aparecía una fórmula para abrir fuego: «¿Estudias o diseñas?».  Eran los 80 y la cuestión circulaba de bar en bar, a menudo con el aire irónico que propiciaba aquel boom que puso de moda la moda. La arruga era bella y aquella fiebre llenó los bolsillos de muchos creativos.

Hoy la pregunta ha quedado silenciada, como muchos de aquellos nombres, para desgracia de las nuevas generaciones, que andan intentando ganarse la vida en un mundo que ha perdido terreno. Diseñar ya no es coser y cantar. Después de un largo subidón, ahora los jóvenes luchan por hacerse ver. No es fácil encontrar un escaparate. Por más pequeño que sea.

En medio de un sinfín de dificultades, hay quien se dedica a poner hilo a la aguja con el deseo de remendar este desamparo. Así ha nacido Piscolabis Designers, una asociación creada por Eva Ruiz, que reúne a diseñadores independientes de Catalunya «con el objetivo de idear y producir eventos y campañas de comunicación que aumenten su visibilidad y esfuerzo».

Son unos 50 (moda, complementos y objetos de decoración), y el pasado viernes 7 de abril más de una veintena (Pau EsteveAna TichyLess fillingColmillo de morsaModestAldanondoyFdezThehentenbagSursacEnmibolsilloGonzalo Cutrina…)  inundaron los jardines del Palau Robert con su creatividad, rodeados de música, buenas vibraciones y árboles con vestidos de lana.

MÁS ALLÁ DEL PAPEL Y LÁPIZ

Un día de luz, con un largo desfile de visitantes, en medio de las sombras que les acompañan en esa batalla para ganarse la vida con lo que les gusta. «Si todo fuera tan fácil como coger papel y lápiz y diseñar...», dice sonriendo resignadamente Gonzalo Cutrina, un ilustrador cuya conexión con Aurora Vilaboa desemboca en una espectacular colección de joyas. Y no, no es así de fácil.  «El problema no es que no haya gente creativa y con ideas, sino cómo llevarlas a cabo. No hay muchos apoyos y necesitas mucha inversión de entrada. Dedicarte a esto todo el tiempo es muy complicado y la mayoría no podemos», explica Aurora.

Gonzalo Cutrina y Aurora Vilaboa, con su colección de joyería.

Detrás del ejercicio creativo se esconde un ejercicio mucho más ingrato y en el que ninguno se desempeña con tanta soltura como en su taller. Una cosa es trabajar con el papel y otra el papeleo, las obligaciones que implica poner en marcha una empresa por más pequeña que sea. Ahí entra también en juego Piscolabis Designers.

«Barcelona es la ciudad de España con más escuelas de diseño y moda, y algunas están entre las mejores del mundo. Hay gente muy potente y muchos jóvenes que necesitan que se les promocione, pero no dominan los temas contables, los comerciales, los proveedores, las marcas… Montar una empresa no es fácil, la mayoría son microemprendedores y no pueden abarcarlo todo, y lo que pretendemos es ayudarles», comenta Ruiz, que ha llegado a este mundo tras una larga experiencia en el de la publicidad.

Encuentros como los del Palau Robert, convertido en un mercado encantador que permitió descubrir diseños muy especiales, les ayuda a salir del estrecho pasaje en el que se mueven. Solo hay que verles poner cuidadosamente los productos que han tejido en horas y horas de mimo, pieza a pieza (lejos del granel a buen precio que predomina, y del lujo que recorre el Paseo de Gràcia y que los japoneses cargan como si fuera la compra del supermercado), para darse cuenta de que cada uno de ellos es un trozo de su vida.

ENTRAR EN EL CIRCUITO

«Llegar a la gente es complicado. El producto es estupendo, pero entrar en el circuito de las tiendas es muy difícil, primero porque no te conocen y hasta que no tienes una trayectoria, no quieren apostar por ti. Y, luego, hay un tema de precio. Aquí los que tienen dinero compran marcas y a los que les interesa el diseño, no tienen dinero», lamenta Ana Tichy, que ha trabajado para otras firmas y ahora tiene su propia marca (PINC) para un público femenino y joven.

A su lado, Mikel Sánchez comparte ese punto de desencanto ante la montaña de dificultades a la que se enfrentan. Y eso que el nombre de su marca, Henten, tiene un origen aventurero. Paréntesis. En 1926, un grupo de artistas finlandeses decidió convertir su propia vida en una forma de arte y se embarcaron en un viaje sin fin a través de Europa y África. Solo podían llevar una bolsa para guardar lo más esencial.

Uno de ellos, el escultor Håvard Henten, ideó una muy sencilla en la que metió su cuaderno de mapas imaginarios, una pluma, una baraja de cartas, el retrato de una mujer, una camisa roja y decenas de sus famosas microesculturas y que iría abandonando a lo largo del viaje. Mikel recogió ese espíritu y anda también de travesía, entre bolsas, bolsos, billeteros y otros objetos de piel. El viaje tampoco es fácil.

Recreación de la marca Henten de la bolsa ideada por el escultor y aventurero finlandés.

«Las tiendas no compran el producto, quieren que se lo dejes en stock y pagar a partir de ocho meses, con suerte a los seis. Es la única posibilidad que tenemos o hacer tu propia web (la mayoría la tiene, da gusto verlas y se pueden encontrar desde Piscolabis Designers) y que te den visibilidad. Pero a nivel de ventas es mucho más fácil trabajar fuera. En España nadie apuesta por producto que esté hecho aquí», expone, incidiendo en la falta de ayudas e incentivos, y en la nula promoción a diferencia de otros países. «En Tokio, por ejemplo, enseguida te proponen que compres lo de ahí con superlocales llenos de productos artesanales. Aquí estaba Vinçon y lo cerraron».

Y por si no tuvieran suficientes obstáculos, también sufren el de los capitanes Garfio que corren por su mundo, piratas de lo ajeno. «Hay productos más baratos que encima son robados. Hoy en día parece que el diseño es de todo el mundo, está en una nebulosa, no se denuncia suficiente, y defender tu producto es muy complicado», dice Ana.

Pero todos comparten esa pasión creativa, esa ilusión de hacer realidad lo que dibujan en su imaginación y que les lleva a seguir luchando en un mundo de gigantes con un arma sin límites: un lápiz.