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DE JAPÓN A MÉXICO

Para comerse el mundo

No hace falta ir muy lejos para encontrar nuevos sabores y llevárselos a casa: en estos supermercados todo está a mano

David Torras

Las papalisas llenan los platos de Bolivia por Semana Santa.

Las papalisas llenan los platos de Bolivia por Semana Santa. / ALBERT BERTRAN

El mundo no puede servirse en un plato, pero cada día es más fácil llevarse un trozo de tierra a casa. Por más lejos que esté. Hay quien se dedica a traer de donde sea lo que otros echan en falta. O lo que muchos acabarán descubriendo sin querer, Cristóbales Colón de barrio a los que les bastaría una travesía por unas cuantas calles del Eixample para saltar de Tokio a Cuzco haciendo escala en Palermo, y llenar el carro de la compra con pedazos de tres continentes, metidos en una lata, en una bolsa, en un sobre, en una botella....

Otra cosa es que sepan qué hacer con ellos. Claro que donde no llega la intuición, llegan los tutoriales, el nuevo manual de muchas vidas. Para los que cocinan la nostalgia y para los que se atreven a cocinar la curiosidad, nada mejor que seguir el rastro de quienes se esfuerzan en que puedes comerte el mundo.

LATINBOL

Trafalgar, 17

El paraíso sudamericano. ALBERT BERTRAN

«Empecé con un euro», recuerda Brenda Pablo detrás del mostrador de Latinbol, evocando los tiempos en que, recién llegada de Bolivia, se dedicó a la venta ambulante intentando abrirse camino en un mundo nuevo. No lo pasaba tan bien como cuando con 8 años su abuela le ponía un delantal para que le ayudara en la tienda, mientras su abuelo se dedicaba, como tantos otros en Huari, a la elaboración de cerveza, la bebida nacional. Aquel euro y muchos sacrificios han dado paso a uno de los paraísos sudamericanos en Barcelona, plantado en medio del territorio de mayoristas donde ondea la bandera china.

El aspecto es tremendo. Las estanterías están a punto de reventar. No cabe una bolsa más. Parece que la tienda vaya a desbordarse y acabar en el Arc de Triomf.

Hay más de 10.000 variedades de productos, encabezados por los bolivianos (la tierra es la tierra) y acompañados de un desfile imponente que empieza en El Paso y acaba en la Tierra del Fuego: México, Colombia, Perú, Ecuador, Brasil, Argentina, Chile…

En estos 10 años a Brenda se le ha ido allanando el camino poco a poco. Cuando empezó, el recorrido hasta encontrar lo que buscaba era un laberinto cuesta arriba. «Tenía muchos proveedores y ellos eran los que me orientaban, y me iban poniendo en contacto con los de otros países, y ellos me recomendaban lo que podía comprar. Ahora, es mucho más sencillo», reconoce. También se ha ampliado el mercado. Cosas del amor y del reguetón. «Cada vez vienen más españoles que están casados con sudamericanos y que les gusta la comida».

Estos días anda intentando traer un contenedor lleno de papalisas, «una patatita roja», la comida oficial en Bolivia y otros países en Semana Santa. Es tiempo de ayuno. Nada de carne: papalisas por un tubo. «Se llevan 10, 20 kilos y eso que les digo: 'Está caro'. Pero no les importa porque es una tradición». Y sí está caro. A 10 euros el kilo. «Y, claro, la patata va a 80 céntimos», suelta Brenda. Así que no es extraño que intentaran cultivarla aquí. «Creció la planta y la flor, que es muy bonita, pero no ha dado papalisas». En La Paz sí que da. A 2.800 metros de altura. A nivel del mar, les dejó plantados.

ORIENTAL MARKET

Sicilia, 212

El reino de Asia.

Hace 30 años, los chinos dieron el primer paso de una larga invasión. Empezaron con los restaurantes. Chinos, claro. No como ahora que los chinos están en todas partes menos en sus restaurantes y que igual que cocinan un pato Pekín se ponen a montar sushi o bocatas de fuet. En aquellos tiempos no era fácil encontrar productos originales y de calidad. Y con esa idea nació el Grupo Iberochina, conocido desde el 2015 como Oriental Market.

Lo que empezó con la voluntad de meter Chinatown en una tienda ha acabado convirtiéndose en un mercado asiático. Ahora importa productos de 14 países, y Japón le ha ganado terreno a su vecino. Son muchos menos, pero el poder del sushi ha derribado la muralla china. Y detrás de ellos, andan pisando fuerte vietnamitas y tailandeses, ganando espacio en las estanterías de este minicontinente asiático.

Esto no es un todo a un euro, ni hay que pedir un plano para encontrar lo que buscas o lo que no buscas, porque hay tanto por descubrir que es fácil mirar y mirar y no saber por donde empezar. Así que es mejor dejar aconsejarse. Total, 'solo' tienen 8.000 referencias. No todo se come. Hay también un amplio repertorio de vajilla y menaje, como esas ollas de bambú que dan ganas de levantar para ver si aparece una gyoza.

«Hasta hace dos años, el 80% de la facturación venía del servicio de proveedor de restauración por el hándicap que tenían de obtener buen producto en poco tiempo», explica Iria Sagalés, responsable de márketing. «Ahora es un 50%, el otro es la venta a tiendas y supermercados». Y en el primer puesto del ránking figura Catalunya, el 60-70% de la facturación en España. Así está la ciudad, inundada de japoneses (o chinos-japoneses). Eso sí, los palillos siguen siendo un arma homicida en según qué dedos. «Aquí la gente se atreve más a probar cosas nuevas», comenta.

Pero todavía hay mucho que aprender. Y, en este sentido, uno de los objetivos de Oriental Market es que las marcas de origen, «que cada día tienen más interés en entrar en España», les ayuden a nivel de markéting para dar a conocer más sus productos y poder aprender a cocinarlos. El ejemplo más claro de este desconocimiento general es el sake, para muchos un chupito que se toma de un lingotazo y con el que es fácil coger una buena turca. Nada que ver. «Hay toda una cultura alrededor del sake. Los hay suaves que pueden beberse como un vino y enseñamos a los restaurantes que se pueden maridar». Las ventas se han multiplicado y no paran de crecer. Menudo saque.

B.H.G. SUPERMERCAT DEL MÓN

Parlament, 23

Un 'paqui' abierto al mundo.ALBERT BERTRAN

Cuando Hussain aterrizó en la Barcelona posolímpica lo hizo casi como un aventurero. Fue uno de los primeros paquistanís en buscar fortuna en una ciudad que empezaba a abrirse al mundo. Poco podía imaginar que dos décadas después el diccionario callejero incluiría una expresión que quien más quien menos suelta muy a menudo: «Voy al 'paqui' a comprar». A cualquier hora. Siempre hay un 'paqui' abierto.

Así empezó él. Y así siguió durante todo este tiempo. Hasta que hace cinco años, sus tres hijos -Mahfooz, Mubarak y Haroon- dieron un pequeño paso físico (dos números, del 21 al 23 de la calle Parlament) pero un gran paso conceptual. No es el de Neil Armstrong, pero en su universo ha dejado huella.

La tienda sigue siendo pequeña y sencilla, pero meterse ahí es entrar en otro mundo. Bueno, en muchos mundos. Todo a su alrededor ha cambiado. Sant Antoni ha dejado de ser el barrio que era para convertirse en el reino del vermut y la modernidad, en una reinvención que entra por los ojos pero que la gente de toda la vida bendice a medias. Sin perder las raíces con el barrio, el B.H.G. Supercat del Món se ha convertido en un lugar de peregrinaje.

Hay mucho por descubrir. De todas partes. Y de todas partes vienen a cotillear por sus estantes. Un día Jordi Évole, que ya les puso el ojo hace tiempo; otro, Tamudo, y otro, «un amigo de Messi», como recuerda Mahfooz, sin saber muy bien si lo que ese argentino se llevó acabó en la mesa de Leo. Difícil para alguien que comería milanesa todos los días. Pero quién sabe.

Entre la larga lista de clientes, se imponen los italianos. Ya se sabe que no suele fallarles el olfato. Sea para invadir Formentera o para detectar pasta, burrata, parmesano y, por supuesto, grappa. «Lo importamos todo directamente sin comisión del distribuidor y por eso tenemos tan buenos precios», explica Mahfooz, fiel a la ley del mercado que no se estudia en la universidad: ganar menos para vender más.

La tienda es un no parar. Un ir y venir de gente que se reparte entre los que saben lo que quieren y los que curiosean esperando encontrar algo que llevarse a la boca. Y siempre hay algo. Mubarak repasa los estantes y va cantando productos: «Grappas, amarettos, fernet branca, cuscús, sales de Himalaya, salsas mexicanas, nuestra marca de chips, de verduras, de boniato, de garbanzos, de lentejas, japonés, siropes, algas, muesli, superalimentos, semillas, cervezas...». Interminable.

Suben como la espuma los alimentos ecológicos veganos. «La gente cada vez se fija más en los ingredientes, se cuida más. Pronto los comerás», dice sonriendo. No dejan de hacerlo y sin mirar el reloj. «¿Por qué tantos 'paquis'?», es la pregunta del millón. «Porque nuestra mentalidad es que es mejor ser tu propio jefe que trabajar para otros, y en una tienda lo eres. Y queremos progresar. Por esos estamos las horas que estamos, día y noche». Y tan felices.