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CORTOMETRAJE

Un hombre bala en una maleta

'Luis & I' es una pequeña historia dentro de la gran historia de los Raluy, una familia de circo

David Torras

On Barcelona - Circo Raluy

¿Puede haber vida dentro de una maleta? En la de Lluís Raluy la había. Dani y Roger la encontraron por casualidad como se encuentran algunas de las grandes historias y muchas de las mejores cosas que nos pasan. Y de ahí dentro salió una película. Y un hombre bala. Bueno, dos.

Acostumbrados a ir deprisa, deprisa y a explicar una historia en 10 segundos como se impone en el mundo de la publicidad, Roger Gómez y Dani Resines se toman de vez en cuando un respiro. Le dan a la pausa y se dedican a contar alguna historia fascinante con la delicadeza que da tener todo el tiempo del mundo. Es lo que han hecho en 'Luis & I', el cortometraje que acaban de presentar y que empieza a rodar por los festivales, como lo sigue haciendo el superpremiado 'L'equip petit'.

Volvamos a la maleta y a las casualidades. Mientras andaban de gira por pequeños puebls de Catalunya grabando un programa de televisión, una pirueta del destino les llevó hasta el circo Raluy. Y bajo la carpa que montan y desmontan en un plisplás siguiendo reglas matemáticas (después sabrán por qué) descubrieron a Lluís Raluy (Sant Adrià de Besòs, 1942), un payaso excepcional. «Y nos enamoramos de él», confiesan los dos realizadores de la productora catalana El Cangrejo, un tridente que completa Cristina Sánchez. Y se prometieron que algún día contarían su historia.

La historia de Lluís Raluy, payaso de día, matemático de noche. Las dos grandes pasiones de un personaje singular de la cabeza a los pies. Hacer reír y destripar los números, obsesionado con resolver la fórmula que genera los números primos al infinito. Después de noches y noches en vela dice tener la solución.

LOS EFECTOS DEL PARKINSON

Es fácil entender que Roger y Dani quedaran maravillados ante alguien que siguió ahí, rondándoles entre anuncio y anuncio. Hasta que hace un par de años, con el circo Raluy anclado en Barcelona, se dijeron: «Vamos a ver a Lluís». Y se encontraron a un Lluís que ya sufría los efectos del Parkinson. Le costaba hablar y la enfermedad avanzaba sin remedio. La idea original de retratar al payaso de día, matemático de noche se esfumó. Fundido en negro.

Y, de repente, se encendió la luz. Sin esperarlo, sin saber cómo, en una de aquellas difíciles conversaciones, intentando encontrar otro camino, sin querer renunciar a la ilusión de un proyecto que parecía resquebrajarse, Lluís revolvió su memoria y desenterró un recuerdo que se convirtió en una fórmula mágica. En uno de los carruajes, la casa que ha llevado a cuestas toda la vida por todo el mundo, junto a los más de 7.000 libros que acumula y que ha convertido en una biblioteca, tenía guardada una maleta. «Hace muchos años que nadie la ha abierto», les dijo.

Y Roger y Dani la abrieron. No había disfraces y pelucas. En ese mismo instante nació una historia dentro de la historia. Por arte de magia aparecieron más de 50 rollos de película, filmaciones de su padre, Lluís, y suyas de instantes de la vida en el circo. Desde los años 30 hasta principios de los 80. Un tesoro que acogieron con un punto de inquietud ante la incertidumbre sobre su estado de conservación.

 «'¿Nos las dejas?', le pedimos. Y nos las dejó, pero cuando las llevamos a escanear vino con nosotros porque no quería separarse de ellas. Cuando las vimos nos quedamos de piedra. Nos parecieron tan bonitas...», recuerda Dani, reviviendo aquel momento de emoción. Tenían una joya en sus manos y una historia que contar. Pero les faltaba la voz. Y entonces conocieron a Bárbara , la mujer de Lluís. Ella ha sido su voz, el hilo conductor de este retrato.

DISFRUTAR DE LAS IMÁGENES

«Es un corto que nos ha salido un poco largo», admiten sin remordimientos, ante la dificultad de poner la tijera ante las más de nueve horas de películas. «La selección fue muy difícil, pero al final lo que nos gusta es disfrutar de las imágenes y no tenemos prisa para explicar las cosas», comenta Dani. Y no lo hacen. Las imágenes fluyen, acompañadas de la voz de Bárbara. La vida de los Raluy desfila entre sonrisas y el aire melancólico de aquellos tiempos.

Hay momentos mágicos, como los de padre e hijo convertidos en hombres-bala, saliendo disparados de un cañón y volando hasta caer sobre una red, entre la admiración del público. «Nos hubiera gustado explicar muchas más cosas. Al final nos hemos tenido que centrar en una historia muy pequeña dentro de una historia muy grande, una historia de amor», dice Roger.

Una historia guardada en una maleta llena de vida. 

Temas: Cine