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Chiquiparks para adultos

La mayoría de parques infantiles tienen sesión 'after'. Aquí descubrirás que para pasártelo como un niño hay que tener preparación de 'ultraman'

Ana Sánchez

Un grupo de amigos celebran un cumpleaños (18 años) tirándose bolas en el parque infantil de Happy Parc Sants. / ÁLVARO MONGE

Un grupo de amigos celebran un cumpleaños (18 años) tirándose bolas en el parque infantil de Happy Parc Sants.
Una chica baja por uno de los toboganes del parque infantil de Sants.

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«Todos los adultos -es la frase de reclamo- llevamos un niño en nuestro interior». Y sí, tienen razón, ahí dentro lo tenemos: asfixiado bajo los michelines, la barriga cervecera y aludes de bífidus activo. Prueba a meter a tu niño interior en un chiquipark. Descubrirás que para pasártelo como un niño, como uno de verdad, hay que tener preparación de 'ultraman'.

Todos estos adultos con niño interior entran aquí por la puerta con pose de Rocky. «Yo aguantaré -suelen decir-, que voy al gimnasio». «A la media hora están todos arrastrándose». Si lo dice Teresa Busquets, tiene validez de estadística. Lleva 22 años trabajando en Happy Parc Sants, desde el día que se abrió este chiquipark. Sigue siendo el más grande de Barcelona: 1.000 metros cuadrados. Hace años que incluye en su web un apartado de «fiestas para adultos», aunque cualquiera al que se lo digas seguirá poniendo ojos de emoticono sorprendido. ¿Chiquipark de adultos?

«Fue a demanda popular de los padres», recuerda Teresa. Ahora es raro encontrar un chiquipark que no tenga sesión 'after': de diez de la noche a una de la madrugada; 28,50€ por persona cuesta este. Mínimo, grupos de 15. Se ha convertido en un básico en los 'packs' de cumpleaños, despedidas de soltero y ahora también cenas de empresa. Así que se ve de-to-do. Teresa y Marta Ruiz (ella lleva 14 años en el parque) ponen los ojos en blanco. Con la piscina de bolas de fondo, han visto danza del vientre, algún estriptís, grupos de risoterapia y señores de 70 años bajando a grito pelado por los toboganes. «Se portan peor que los niños», asegura Marta. «Hemos tenido hasta guerra de pasteles -añade Teresa-. Los críos eso no lo hacen».

COMO EL COLUMPIO DE HEIDI

Diez de la noche. Teresa va explicando a los recién llegados las normas para jugar. «Y para que no me rompáis el parque». Risa general. «Vaciad los bolsillos: móviles, llaves, billetes de 500…» -Teresa mantiene el tono del horario diurno-, «10 minutos castigados los que dejen las bolas fuera de la piscina», «los toboganes se usan para bajar».

Dos jóvenes saltan en las camas elásticas en el parque infantil de Sants poco antes de cenar. ÁLVARO MONGE

Hoy hay dos fiestas de cumpleaños: Marc celebra 18; Belén, 22. No pasa ni media hora y ya están los dos con la lengua fuera. ¿Cansada? «No -responde Belén-, pero hace mucho calor». «Sudas más que en un partido», confiesa Marc. El 'playground' donde están jugando tiene tres pisos. Cinco toboganes van a parar a la piscina de bolas, alguno con 10 metros de caída. Bajar por aquí rebasados los 11 años da tanto vértigo como el columpio de Heidi.

LO+

La risa está garantizada. Te sale automática con cada culazo.

LO-

Te darás cuenta de que estás en peor forma que Paquirrín.

Hay tirolinas, puentes colgantes, tubos por los que arrastrarse, torres que subir en zigzag, rodillos que atravesar en plan sándwich. Es poner un pie dentro del parque y sentirse el amigo flojeras de Richard Gere en un entrenamiento de 'Oficial y caballero'. «Estamos mayores para esto», escuchas decir entre sudores por ahí arriba. Les dirías que sí, pero te falta aire. Ni tres minutos de yincana y ya estás sacando el hígado por la boca. Eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja en todo momento. Es el gesto automático que te sale con cada culazo: «Jajaja, ay, qué risa». Como un niño, pero con agujetas de adulto.

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