'TOUR' CON TORTÍCOLIS

Mira hacia arriba: una ruta por las cúpulas de Barcelona

Se divisan tantas cumbres de película que parece que en cualquier momento vas a escuchar a Aragorn gritar desde lo alto: "¡Encended las almenaras!". Si alzas la vista, la ciudad es un espectáculo aéreo de cúpulas, pináculos, estatuas y cornisas

Albert Fernández

Torre Andreu (La Rotonda), en la avenida del Tibidabo, 2.

Torre Andreu (La Rotonda), en la avenida del Tibidabo, 2. / Carlos Montañés

Ahora que hemos adquirido la costumbre de levantar exageradamente la cabeza para devorar 'calçots', aprovechemos el gesto. Ese esfuerzo cervical puede servirnos también para recrear la vista en nuestro deambular urbano. La ciudad guarda infinidad de tesoros en sus azoteas, desde cúpulas esféricas a picos verticales, altas chimeneas, virguerías en cornisas y pétreas recreaciones de antiguas musas. Todas esas florituras arquitectónicas sobrevuelan nuestras cabezas, pero suelen pasar desapercibidas al común de los homínidos.  

Un mundo de cúpulas 

Esferas simbólicas

Palauet Minerva (Diagonal, 464).

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Si nos abstraemos de los ondulantes prodigios de Gaudí y vemos más allá de cúpulas archifamosas como la que remata el Palau de la Generalitat, seguiremos encontrando fabulosas bóvedas en los altares de nuestras calles. Desde la perspectiva astronómica de la cúpula giratoria del Observatorio Fabra hasta esa esfera geodésica que culmina coquetamente Can Damians (Pelai, 54), afloran numerosas muestras de estos bulbos arquitectónicos que simbolizan el paso de lo terrenal a lo divino. 

Resulta fascinante contemplar desde la distancia la cubierta de la Casa Estapé (paseo de Sant Joan, 6), que presume con su hermoso mosaico geométrico en verde, blanco y azul. El conjunto modernista de las Casas Marfà (Alí Bei, 27-29) resiste orgulloso diez años después de que un incendio casi lo echara abajo. Coronando la gesta, dos torrecillas apuntan al cielo con sus cúpulas de escamas. 

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No podemos desatender domos sublimes como los que asoman sobre el Antic Banc Central (plaza de Catalunya, 23) y el Palau Nacional (avenida dels Montanyans, 33-35). La actual sede del MNAC, construida para la Exposición Internacional de 1929, se eleva hacia la gloria gracias a su gran cúpula, hecha a imagen de la de San Pedro del Vaticano, a la que acompañan dos de menor tamaño a cada lado.

Me encogen el corazón las cubiertas de teja oscura como las que rematan el Palauet Minerva (Diagonal, 464) y la Casa Balbina Mas de Miquel (Diagonal, 516-524). Muy similar es esa especie de buhardilla de pizarra que ensalza la fascinante Casa Malagrida (paseo de Gràcia, 27). Si te fijas, el paseo de Gràcia representa la continuidad de las azoteas definitiva. Se divisan tantas cumbres esplendorosas, que parece que en cualquier momento vayamos a escuchar a Aragorn gritando desde lo alto: "¡Encended las almenaras! ¡Gondor pide ayuda!".


Agujas en el aire

Extrañas cúspides

Las torres afiladas de la Casa de les Punxes (Rosselló, 260-262).

/ JOAN CORTADELLAS

A menudo, esas cimas arquitectónicas alcanzan formas estrambóticas, y la fantasía se dispara. La inspiración del gótico medieval que llevó a Josep Puig i Cadafalch a afilar las seis torres angulares de la Casa de les Punxes (Rosselló, 260-262) sigue provocando gran asombro y tortícolis. Sus puntiagudas cubiertas cónicas se elevan con tanta fruición que podrían herir los cielos. También hace batir la mandíbula el ecléctico Mas Casanovas (Mas Casanovas, 55), antigua masía que hoy acoge una escuela. Sus fastuosas cúspides acuminadas de aire oriental sustituyen a las originales, semiesféricas.

Escuela Mas Casanovas (Mas Casanovas, 55).

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Otras veces, las cúpulas se rematan con formas variadas en sus partes más elevadas. Esa polimorfia se hace muy evidente en las linternas, elementos tubulares que habilitan huecos para permitir una mayor iluminación y ventilación. Resultan en ejercicios tan fascinantes como la sinuosa cubierta de trencadís del Santuari de Sant Antoni de Pàdua (Santaló, 78), o el sensacional mirador novecentista de la popular Casa de Antònia Serra i Mas (Pere IV, 102), el Flatiron del Poblenou. 

Te daría muchos más ejemplos, como los fastuosos templetes de la Torre Andreu (avenida de Tibidabo, 2-4) y la Casa Lleó Morera (paseo de Gràcia, 35) o el cimborrio gótico del Edificio de la Caixa de Pensions (Via Laietana, 56-58), sobre el cual he creído avistar la capa de Batman en más de una ocasión. Pero prefiero que busques tú, y sigas un rato con la cabeza en las nubes.


Rectos vigías 

Torres y campanarios

El Campanar de Gràcia, en la plaza de la Vila.

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El tiempo se detiene cuando avistas un campanario tan gloriosos como el que corona la Facultat de Filologia i Comunicació (Gran Via de les Corts Catalanes, 585). La Universitat de Barcelona busca mecenas para restaurar la histórica torre del reloj, que padece degradación en sus muros. Los años pasan para todos. Por el Guinardó resuenan aún los tañidos de la Parròquia Mare de Déu de Montserrat (avenida de la Mare de Déu de Montserrat, 144). La estructura metálica que envuelve su campanario confiere a esta sencilla iglesia un porte aguzado y espectral al caer la tarde.

Otras veces las horas brotan del suelo, como en el caso del Campanar de Gràcia (plaza de la Vila de Gràcia), 33 metros de fabulosa torre coronada por un reloj de cuatro esferas, que marca el compás de los niños jugando en la plaza y las tardes de botellón.

También resultan del todo imponentes esa especie de torres vigías que asoman de tanto en tanto en nuestro callejero. Por ejemplo, si paso bajo la torre mirador de la Casa Enric Cera (Or, 38-40) o la Torre de les Aigües del Besòs (Selva de Mar, 9), no puedo reprimir la sensación de que me espían desde lo alto. Te asalta la eterna cuestión: ¿quién vigila a los vigilantes?


Altos fuegos

Chimeneas sin humos

Pese a que muchas de ellas detuvieron su respiración industrial hace tiempo, las chimeneas de antiguas fábricas siguen conquistando horizontes en diversos puntos de la ciudad. En el Campus de la Ciutadella de la Universidad Pompeu Fabra (Ramon Trias Fargas, 25-27) puede verse una breve chimenea de tocho rojo, similar a otras muchas que se encuentran en el barrio del Poblenou, en recuerdo a viejas industrias textiles y harineras. Para encontrar el cobijo de la gran chimenea de la Fábrica Lehmann, fábrica de muñecas que Ernst Paul Lehmann inauguró en 1893, tienes que adentrarte en un encantador patio adoquinado del Eixample (Consell de Cent, 159). En el mismo barrio soñarás con ascender por el gigantesco extractor octogonal que domina la entrada de la Escuela Industrial (Rosselló, 101).

La chimenea del Vapor Nou, situada en la plaza del Poble Romaní, es la única del siglo XIX que se conserva en el núcleo histórico de Gràcia, y luce una placa conmemorativa a Gato Pérez. Entretanto, las populares Tres Xemeneies (Paral·lel, 49) se van rodeando de grafitis y murales por Pablo Hasél, y las estilizadas Tres Chimeneas de la central térmica de Sant Adrià de Besòs siguen resoplando pesadamente, suspirando por un futuro mejor.


Recortes de cielo

Adornos y estatuas

¿Sabes que desde las farolas que circundan el Arc del Triomf te observan unos dragones de metal que otean los confines del mundo? Así como el gran pórtico de entrada al paseo de Lluís Companys enriquece su encanto turístico poblándose de figuras mitológicas como Apolo y Mercurio, por las cornisas de Barcelona desbordan multitud de guardianes pétreos que penden en picados vertiginosos. En la fachada marítima del Govern Militar (paseo de Colom, 25) puede verse un desfile de hormigón de esculturas alegóricas creadas por Felipe Coscolla. Las curiosas gárgolas del Pati dels Tarongers, que representan a personajes del siglo XVI, la telera que adorna la fachada de la Casa Berenguer (Diputació, 246) o las monumentales águilas que custodian el Edificio de Aduanas (paseo de Josep Carner, 27-29) son solo algunos ejemplos de la variada corte de heraldos de piedra que custodian enclaves poderosos de la ciudad. 

Por lo demás, si persistes en mirar hacia arriba, podrás fardar con tus amigos datando edificios a simple vista, como si fueras Indiana Jones. Muchos tienen pintada su fecha de construcción bajo su cornisa, como la hermosa casa modernista de Blasco de Garay, 75, construida en 1899, tal como nos indica su murete superior. De regalo, sabrás admirar como toca los frontones, esos artísticos remates de la parte superior de ciertas fachadas modernistas. No cuesta embobarse admirando el coronamiento ondulado de la Casa Evarist Juncosa (rambla de Catalunya, 78) o el delicioso cabecero de guirnaldas con un óculo de la Casa Ricard Mestres (plaza del Sol / Planeta, 35).

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