Tradición floral
Adiós a la rosa de Sant Jordi de toda la vida: las minirrosas o rosas de pitiminí se abren paso como alternativa sostenible
La tradición del dragón y la sangre roja deja paso a propuestas más ecológicas, como las flores enanas en maceta que florecen de primavera a otoño
El significado del rojo y otros colores en las rosas de Sant Jordi

Una rosa de pitiminí.

Tradicionalmente, la rosa que se regala por Sant Jordi es roja; no en vano la leyenda dice que es la sangre derramada que surge del dragón cuando el santo caballero le clava la lanza para salvar a la doncella.
Sin embargo, con el paso del tiempo la cosa ha evolucionado y, al igual que la machista tradición de que una mujer regale un libro a su pareja (hombre) y un hombre una rosa a su pareja (mujer), la rosa que se regala por Sant Jordi no entiende de sexos ni de colores.
Así que, aunque la tradición apunte a la típica rosa roja, hay propuestas más 'eco-friendly' -respetuosas con el medio ambiente- que pueden ayudar a conseguir que no se mutilen cientos y cientos de rosales estas fechas, como la de regalar una rosa alternativa hecha de papel reciclado o de tela. O un rosal entero de flores de pitiminí, una variedad de rosas enanas, con tiesto y todo.
Pequeño y sin importancia
Pitiminí significa algo pequeño y de poca importancia. Y también se suele usar para referirse a personas o cosas muy delicadas o ñoñas, con un toque a menudo despectivo.
Sin embargo, etimológicamente hablando, pitiminí está formado por el vocablo francés "petit" –que significa "pequeño"- y "menu", que quiere decir "menudo". O sea, que sería algo así como minúsculo.
Efectivamente, la rosa o rosal de pitiminí, también conocido como pitiminí o rosal mini, es un arbusto perennifolio fruto de una mutación de enanismo de algunas rosas antiguas y un grupo de híbridos de rosas modernas de jardín que se dio en la Europa del siglo XVII y en China.
Copia en miniatura
De hecho, son "rosas casi idénticas a las rosas tipo híbrido de té, que son las de tamaño normal que se suelen vender por Sant Jordi", según apunta Matilde Ferrer, viverista especialista en rosas de Rosales Ferrer y presidenta de la Asociación Española de la Rosa. Es decir, son rosales de talla normal pero con flores pequeñas.
Su altura puede ir desde los 20 hasta los 100 centímetros. Desde la primavera y hasta finales de otoño produce flores que miden entre cinco y doce centímetros de diámetro que, como sus hermanas mayores -las híbrido de té-, son olorosas y de colores muy variados (amarillo, rosa, rojo, blanco...), y simbolizan cualquier sentimiento que se quiera expresar este Sant Jordi, desde el rojo del amor a la lealtad del violeta.

Rosas de pitiminí. / Archivo
Maceta para Sant Jordi
Por tanto, no es descabellado plantearse la opción este Sant Jordi de regalar una macetita con un rosal de pitiminís en vez de una única rosa, sea del color que sea y regalada por quien sea.
Si esa es la opción elegida, hay que tener en cuenta que lo primero que hay que hacer con ese rosal es "trasplantarlo, mejor si es en el suelo. Si no es posible, en una maceta grande", recomienda Ferrer. Y los cuidados que requiere la planta son los básicos que requiere un rosal: "Abono, un buen sustrato y tener acceso a la luz, sol directo", apunta la viverista.
Riego y cuidados
El riego también es necesario, por supuesto. "Lo ideal es estar pendiente de la planta y regarla cuando se ve que lo necesita", señala Ferrer. "No hay que hacerlo a diario, pero sí cada cuatro días, aproximadamente", añade. En verano, la frecuencia puede llegar a ser mayor, sobre todo en zonas más cálidas. "Porque el rosal debe estar en exterior", afirma Ferrer.
Otro de los pocos cuidados que requiere el rosal de pitiminí es "una poda en invierno, cuando la planta está parada", matiza la viverista. Pero "no hay que hacerla de forma obligatoria ni es necesario que sea una poda excesiva: con una pinzada [un corte para quitar solo los extremos de los tallos, porque la poda supone cortar al ras] de tres o cuatro dedos basta", explica.
Si no se hace la poda, lo único que sucede es que "en la primavera siguiente, el arbusto será más grande", pero no es perjudicial para la planta no hacerlo una vez, cuenta Ferrer.
Plagas y fungicidas
Hay que tener cuidado, no obstante, porque los rosales, en general, y las rosas de pitiminí, en particular, son plantas a las que afectan mucho las plagas y enfermedades. El oídio y el mildiu suelen atacar con saña a estas rosas, así que conviene aplicar un fungicida preventivo de forma periódica.
Para hacer uno casero y barato que combata ambas plagas, basta con disolver una cucharada de bicarbonato de sodio en un litro de agua y rociar las hojas del rosal de pitiminís por todas partes. Es conveniente hacerlo al atardecer o justo cuando amanece, para que las hojas estén secas cuando le empiece a dar el sol.
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