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Libros

Desirée de Fez: "Odio la exotización del barrio, escribo sobre gente normal porque vivir en Cornellà o en L’Hospitalet es lo normal”

Los autores de EL PERIÓDICO, listos para la Diada: "No se puede no estar a favor de Sant Jordi"

La crítica de cine de El Periódico, Desiree de Fez, fotografiada en el patio del CCCB

La crítica de cine de El Periódico, Desiree de Fez, fotografiada en el patio del CCCB / JORDI COTRINA

Leticia Blanco

Leticia Blanco

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La crítica de cine Desirée de Fez debutó con ‘Reina del grito’, una suerte de memorias donde mezclaba los miedos femeninos con lo mejor el cine de terror. Ahora desembarca en la ficción a lo grande (su libro se publicará en Estados Unidos e Inglaterra en octubre) con ‘No la dejes sola’ (Backie Books), donde conecta lo fantástico con un costumbrismo muy almodovariano para explicar la historia de tres mujeres, una madre y dos hijas unidas por un vínculo sobrenatural en todos los sentidos de la palabra. Ambientada en el Splau de Cornellà, donde conseguir unos mandos de la Switch la víspera de Navidad acabará con una buena dosis de vísceras y ‘body horror’, la novela habla de la ansiedad, el amor y, en definitiva, de cómo aquello que nos posee puede ser lo mejor y lo peor al mismo tiempo.

¿Cómo surgió la novela?

Había una imagen recurrente cuando iba al barrio, una figura casi mitológica: la de la abuela con la madre y los niños yendo juntos todo el rato, a todas partes. Yo pensaba: ¿es realmente necesario? Lo normal es pensar que sí porque viven cerca, se acompañan, la abuela normalmente está jubilada y ayuda a la hija. Pero, ¿tanto como para ir al mercado, al CAP de urgencias o a la puerta del cole? Había algo en esa imagen que no era bueno.

Pese a ser una muestra de amor, de ganas de ayudar.

El punto de partida es el amor, pero también es perjudicial para las abuelas, que porque empiezan a tener una sobrecarga de cansancio por estar siempre disponibles y para las mujeres jóvenes porque te quitan independencia. Y se me ocurrió vincularlo con una persona de mi familia que nunca se queda sola, que siempre va acompañada a todas partes.

¿Nunca, nunca?

Nunca. No nos hemos atrevido a verbalizarlo, porque decírselo es violento. Eso es la autofobia, gente que tiene miedo a quedarse sola. Y pensé en llevar esa idea al extremo patológico. ¿Qué pasaría si esa persona, por accidente, se quedara encerrada una noche de Nochebuena en un centro comercial? ¿Y cómo respondería a esa ruptura de los vínculos, tanto a nivel psicológico como físico? Por eso toda esa parte es más visceral. Pero también, ¿qué pasaría con el resto de personas?

¿Qué tal ha sentado la novela en su familia?

No me creéis, pero la novela no es autobiográfica. Es cierto que me he puesto yo misma algunas trampas. La primera es que vengo de la autoficción, y es verdad que hay cosas de ‘Reina del grito’ que aparecen en ‘No la dejes sola’. La segunda es que hay un personaje que se parece mucho a mí. Porque yo quiero contar la ansiedad de este personaje, que es la mía.

Desirée de Fez.

Desirée de Fez. / JORDI COTRINA / EPC

¿De dónde sale esa ansiedad?

Quiero contar los motivos por los que una persona de mi edad que ha roto con el vínculo familiar, que ya no vive donde creció, sino en el centro de una ciudad como Barcelona, dedicándose al sector cultural, con las dificultades que eso implica a nivel económico, tiene ansiedad. Lo que es tener que llegar a final de mes cuando no eres heredero porque vienes de una familia modesta. Es muy complicado. Con niños más.

¿Nunca se planteó maquillar un poco al personaje de Diana?

Me sentía muy ridícula alterando mínimamente el relato para no ser yo. Llegué a pensar: ¿Y si es diseñadora gráfica y de Esplugues? Pero no tenía sentido maquillar al personaje. Las mujeres de esta historia tienen que ver mucho con las mujeres de mi familia, pero también conmigo y con las amigas que se quedaron en el barrio. Yo lo he vivido como una declaración de amor pero para llegar ahí tenía que contar oscuridades.

La novela pasa en Cornellà, ahora tan de moda, concretamente en el Centro Comercial Splau. Es cierto que hay ideas sobre la periferia, lo aspiracional y lo materialista (la trama es conseguir unos mandos de la Switch antes de Navidad), pero no es una defensa acérrima del extrarradio, algo que últimamente se ha puesto un poco de moda.

Es que si algo detesto es la exotización del barrio, hablar de él como si fuera un gueto. No, yo quiero hablar de gente normal porque vivir en Cornellà o vivir en L’Hospitalet es lo normal. Ese dibujo del barrio estigmatizado, como un lugar que tiene unos códigos propios era una cosa que quería evitar a toda costa. No es una tesis sobre la clase, aunque el tema esté ahí.

La crítica de cine de El Periódico, Desiree de Fez, fotografiada en el patio del CCCB

La crítica de cine de El Periódico, Desiree de Fez, fotografiada en el patio del CCCB / JORDI COTRINA

¿Escribir la novela le ha hecho entender qué la atrae tanto del fantástico? ¿Por qué necesita el terror para explicarse?

Tengo la pulsión de hablar de los temas que me importan desde esos géneros, es algo que me sale de forma natural. La segunda parte del libro es casi un exorcismo. Una idea clave es que las tres mujeres no están contentas en su propio cuerpo. Eso es algo con lo que yo y las mujeres de mi entorno convivimos. No tiene que ver con verte gorda o fea, tiene que ver con una incomodidad que es producto de la sensación de vivir siempre con una autoexigencia brutal, pero al mismo tiempo con una exigencia exterior brutal, agotadas, cansadas, y que hemos normalizado que el ‘clic’, el momento de ponerse serias con el tema, es cuando el cuerpo envía una señal. Que puede ser un ataque de ansiedad o una erupción. Qué terrorífico es que hayamos naturalizado vivir así, el ir a hacernos análisis porque estamos muy cansadas. Les quería dar como opción el hacer algo que creo que nos da un poco miedo a todas: petar.

Petar y que salpique.

No les puedo dar un remedio porque si lo tuviera, lo usaría para mí. Pero al menos les doy el exorcismo, la posibilidad de estallar y que al hacerlo reaccione el entorno. Creo que es algo muy de aquí, el pertenecer a familias que están hiperconectadas, con videollamadas y mensajes, pero luego con cierto pavor a lo psicológico, es decir, con una comunicación muy pobre, con miedo a sentarse y hablar de las cosas de una forma honesta y directa. Yo eso no lo he vivido nunca y estoy ultra unida a mi familia. Nunca me senté con mi padre a hablar de las cosas que importan. Dábamos por hecho que todo el mundo lo intuía todo, pero a veces no es suficiente.

Se supone que las dos hijas han construido su propia familia, pero el vínculo de las tres es indestructible.

Sí, yo quería que el vínculo fuera tan bestia que nadie pudiera acceder a él, que fuera casi algo sobrenatural. Es algo que creo que nos pasa mucho a las mujeres que tenemos hermanas y que hemos estado muy unidas a nuestras madres. Es una dependencia extraña, no verbalizada, tan fuerte que nadie puede acceder a ella.

La crítica de cine de El Periódico, Desirée de Fez.

La crítica de cine de El Periódico, Desirée de Fez. / JORDI COTRINA / EPC

Las tres han escogido opciones de vida muy distintas, aunque todas están un pelín defraudadas con el resultado.

Yo no quería que ellas se consideraran víctimas de la vida. Solo les pasa lo que nos ocurre a la mayoría: esa sensación de que está todo bien objetivamente, las cosas marchan en el día a día, pero hay una sensación como de tristeza. Ser adulto es una movida.

Todo lo que sucede en el Splau es muy fuerte. ¿Qué relación tiene con los centros comerciales?

Yo pasé mi infancia en El Corte Inglés. Me gustaba plantear la idea del centro comercial como una vida alternativa, un ‘second life’ para esas mujeres que se sienten exigidas, que no pueden controlar todo lo que tienen alrededor y esa ansiedad, cuando van a estos lugares, desaparece. Se relajan porque está todo ordenado, limpio y nadie les pide nada. Si alguien ha de pedir, son ellas.

¿Qué hacía cuando iba?

Tengo el recuerdo de mi infancia. Agosto en Barcelona, los padres trabajando porque no cogían vacaciones. Cogíamos el bus por la mañana, nos íbamos a Maria Cristina y nos tirábamos el día en el Corte inglés. Íbamos planta por planta, mirando cada piso a conciencia y luego comíamos en el buffet libre de arriba. Luego yo me volvía con un casete y mi hermana con una camiseta. Habíamos echado el día. Estos últimos años he estado muy obsesionada con los espacios liminales, muy familiares para todos pero, ¿qué pasa si los despojas de vida? Un centro comercial vacío puede dar mucho miedo, igual que el transbordo de la línea amarilla.

Supo que ‘No la dejes sola’ se traduciría al inglés hace meses, antes de que saliera el público en España, ¿Cómo lo está viviendo?

Me quedé loca, claro. Los derechos del libro se vendieron en la Feria del Libro de Londres del año pasado. Todavía era un manuscrito. Saldrá en octubre a la vez en Estados Unidos e Inglaterra. Me hace ilusión: suena cursi, pero es una de las cosas que jamás han hecho las tres juntas: viajar fuera y solas. ¡Las tías se van a ir a Nueva York!

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