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CRÍTICA DE POESÍA

'De las cosas pálidas', de Alberto Santamaría: en busca de objetividad

En este poemario, el autor cántabro reflexiona sobre el paso del tiempo, la incertidumbre y una realidad que se sucede y nos va atrapando

El poeta Alberto Santamaría, autor de 'De las cosas pálidas'.

El poeta Alberto Santamaría, autor de 'De las cosas pálidas'. / Rocio Sensei

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Juan Carlos Abril

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Aunque no necesariamente, cierta edad se suele corresponder con la madurez, teniendo en cuenta que a la madurez a veces se llega y a veces no, dependiendo de cada persona, y no siempre se accede a ella por cumplir años; hay una edad, decimos, en que se empieza a atisbar las cosas pálidas, más o menos en ese momento en que la bruma va tiñendo todo de niebla y nos encontramos como aquel personaje de Montale que "sestea pálido y absorto". Entre la estupefacción y la supervivencia.

Pero mucho peor es cuando las cosas pálidas comienzan a mirarnos a nosotros. Este podría ser el resumen que nos traslada Alberto Santamaría (Torrelavega, Cantabria, 1976) en su último poemario, 'De las cosas pálidas', desde el inicio: "Observa lo que no entiendes / como un agujero / en la pared" (13), que acaba convirtiéndose en "un ojo / te observa / desde la pared" (ibid.). No se trata de una simple cuestión de perspectiva, sino de que "los hechos han comenzado a independizarse de nosotros" (15).

Dividido en tres secciones que dialogan entre sí, 'Una bella dictadura inestable', 'De las cosas improbables' y 'Estas cosas pálidas' configuran un libro que elabora una introspección en distintas representaciones de subjetividad, acercándose al mundo exterior y asediándolo desde múltiples prismas y ópticas, en busca de objetividad.

Al fin y al cabo, el deber del arte es perseguir maneras de objetivar la realidad, lastrada por las estrecheces de nuestra mirada individual: "nada // he perseguido más / que este idioma / que no entiendo" (31). El poeta forja el lenguaje y este forja al poeta: "ahora / a ciegas / alcanzas a reconocer el peso del amor / en una lata / de sardinas" (33).

Obsesiones y frustración

Del mismo modo, se forjan las relaciones asimétricas entre los objetos y nuestras emociones, con la distancia irónica que establecen otras analogías a la vez imaginativas para así escapar del bucle de nuestras obsesiones y de la frustración. El poema 'Vacíos como jarrones / que desconocen / su peso' (ibid.) es una buena muestra de ello.

A lo largo y ancho de estas páginas, un sujeto poscontemporáneo envuelto "en una escena posapocalíptica" (25) sabe que "las ciruelas / limpias / en la nevera / brillan" (27) y "te miran / observan / detenidas en el vacío" (ibid.). Como una dictadura perfecta y distópica imposible de controlar, las cosas pálidas se suceden a nuestro alrededor y nos van atrapando, nos rodean y el poeta se defiende en medio del fragor de las palabras, sacando partido: "En la confusión / está el descubrimiento" (42).

En este magnífico texto, la voz autorial ofrece además a los lectores una suerte de manual de creación literaria

En este magnífico texto, la voz autorial ofrece además a los lectores una suerte de manual de creación literaria en el que despliega su conocimiento en forma de poética: "no hay error / que no nazca del orden / dice la fruta // como no hay sombra / que no se arrepienta // de su historia" (ibid.). El vacío no se plantea como negativo, sino que nace de una aceptación, pues siempre estuvo entre nosotros.

¿En qué situación quedamos entonces? Santamaría impone una minuciosa exploración reflexiva por ciertos no lugares, como quería Augé, que no arroja demasiadas expectativas, aunque tampoco tan malas, en una especie –por un lado– de reasignación de significados que nos haga comprender lo que hay evitando deprimirnos: "la capa de grasa / sobre el cuadro / es también historia // revela un silencio / hecho de tiras / de cobre" (50); y –por otro– de resignación estoica ante lo que nos queda por vivir, escrutando descampados, tierras de nadie y cunetas: "somos aquí / parte del paisaje / pálidos turistas / del alambre y del desorden" (48), nos asegura la voz verbal, haciéndole un guiño a Kafka.

Somos pálidos turistas frente a cosas pálidas, lo cual es lo mismo que decir que somos pálidos personajes en una trama o aventura donde "nadie vendrá a rescatarnos" (49). Un ulterior argumento de la obra sería el inexorable paso del tiempo, porque el poemario se propone como balance o propuesta interna para afrontar el futuro sin autoengaños ni complacencia, pero sin asfixiarse. Santamaría nos ha regalado un libro plagado de sabiduría y hallazgos que desde aquí recomendamos vivamente.

De las cosas pálidas

Alberto Santamaría

La Bella Varsovia

120 páginas

15,90 euros