Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CRÍTICA

'Broma', la primera novela de Lucía Marín: la culpabilización de la víctima

La autora granadina debuta en la ficción con una historia en la que explora los resortes de la manipulación afectiva

La escritora Lucía Marín, autora de 'Broma'.

La escritora Lucía Marín, autora de 'Broma'. / Archivo

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Anna Maria Iglesia

Anna Maria Iglesia

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Al personaje principal de 'Broma', su padre le cantaba los versos que Juan Goytisolo dedicó a su hija y a los que, más tarde, Paco Ibáñez puso música. Pero las promesas contenidas en ellos –"a pesar de los pesares/ tendrás amigos, tendrás amor"– no terminan de cumplirse para la protagonista de la primera novela de Lucía Marín (Granada, 1985), también llamada Julia.

Como anuncia la autora al inicio con una cita de Delphine de Vigan –"Y que de esta búsqueda, aunque fuese vana, quedase un rastro"–, 'Broma' se estructura como una doble indagación: la de la protagonista y la de la autora, a través de un narrador en tercera persona que va modificando su focalización (a veces mira desde fuera y a veces a través de Julia). La indagación, en ambos casos, tiene que ver con la violencia, solo que, en el caso de Julia, se lleva a cabo desde la ceguera, desde quien no es consciente de las violencias que sufre, mientras que la de la narradora es una indagación que, sin caer en el didactismo y la obviedad, ilumina y a la vez se interroga no solo sobre cómo se ejerce la violencia, sino sobre cómo se asume y quién dictamina que lo es.

En este sentido, 'Broma' plantea inteligentemente la cuestión del consentimiento, más allá de lo estrictamente sexual: la violencia consentida a través de la manipulación, la tergiversación y la anulación del otro. "Julia piensa que si lo que ella cuenta es solo su versión, como dice Adrián, la vida entonces se vuelve irreal, curva, sospechosa" y, por tanto, "quizá tiene razón él y ella está trastornada", concluye la protagonista, sobre la cual su pareja vuelca toda la responsabilidad: no es él, le dice, es ella.

Dolor, pero no rabia

De ahí la cuestión del consentimiento: Julia consiente desde el momento en que asume esa culpa que le atribuye Adrián, cuando se pregunta si es ella la trastornada. La protagonista replica esta misma lógica con su padre, que no ejerció como tal, que abandonó a su mujer y a su hija por un ideal: cuidar y ayudar a niños con pocos recursos. En Julia hay dolor, pero no hay rabia: se impone el deseo de comprender la elección de su padre y la culpa por no conseguirlo.

Marín circunscribe el tema de la violencia no solo a un tipo de vínculo, sino que ahonda en una serie de lógicas que se reiteran y que son imperceptibles

A través de una estructura especular que le permite confrontar las dos relaciones –la de Julia con su padre y la de Julia con su pareja–, Marín circunscribe el tema de la violencia no solo a un tipo de vínculo, sino que ahonda en una serie de lógicas que se reiteran y que son imperceptibles, incluso para las amigas de la protagonista, que caen también seducidas por Adrián, un narcisista que convierte a Julia en lo que no es: la responsable, la perturbada.

Nada nuevo: históricamente, la locura ha sido una herramienta de violencia contra las mujeres cuya conducta no encajaba, para convertir a la víctima en responsable. Lo más logrado de 'Broma' es que la autora sitúa al lector en un lugar de incertidumbre y le traslada, incomodándolo, una pregunta sobre la violencia, sobre hasta qué punto es capaz de percibirla y de percibir quién la ejerce. Si se consiente, ¿es posible hablar de violencia?

No podemos terminar sin mencionar a Sabina Urraca, la editora de este texto, que está detrás también de obras como 'Panza de burro' de Andrea Abreu y 'Seismil' de Laura C. Vela, una gran descubridora de talentos.

Broma

Lucía Marín

Editorial Dieciséis

368 páginas

18,90 euros