CRÍTICA
‘Elogio de la literatura’, de Santiago Alba Rico: la literatura como bandera vital en un mundo en crisis
El autor propone un viaje literario para redescubrir, con una visión original, a los clásicos enfrentando a Dickens con Cervantes, a Kafka con Beatrix Potter o a Jane Austen con Proust, en una experiencia única

Santiago Alba Rico / L.O
En una España en la que la cochambre moral y la miseria económica se dan la mano, surgen luces de esperanza y de ilusión como este libro original, genial y genuino: ‘Elogio de la literatura. Vidas paralelas’, de Santiago Alba, que ofrece una respuesta luminosa, todo un acto de amor a la literatura que nos rescata de la indigencia en tiempos de crisis. Es un libro sobre libros, sobre literatura y se articula en torno al emparejamiento de algunos autores y sus obras que han sido fundamentales en la formación del autor.
Tomados de dos en dos, se ponen contra a contra a Franz Kafka frente a la cuentista Beatrix Potter; a Melville y al Tintin de Hergé; a Dickens con Cervantes; a Dostoievski frente a Hasek; a Shelley frente a Carson McCullers y a Jane Austen frente a Marcel Proust. Más que emparejar ha enredado en una especie de cita a ciegas a seis parejas de clásicos universales.
Con Kafka y Beatrix Potter, el autor plantea si debemos discutir la posibilidad de seguir siendo humanos; en Melville y Hergé nos recuerda que la radicalidad necesaria para cambiar el mundo es incompatible con la necesidad de mantener cuidados a los nuestros. Con Dostoievski y Hasek nos enseña que en un mundo de locos es de locos estar cuerdo y que somos parte de esa estructura social contra la que luchamos.
Cuándo y dónde rendirse
En Cervantes y Dickens nos habla de saber decidir cuando y dónde rendirse, como condición necesaria para habitar ese mundo de locos. Mientras con Shelley y McCullers reconocemos que la única forma de transformación posible pasa por preguntarnos qué hacer con lo que nos han hecho. Austen y Proust nos enseñan que solo somos el tiempo que nos queda, pues otra vida solo se construye robándole vida a la vida.
Hablemos de tres de estos emparejamientos empezando por poner frente a frente a Kafka y los cuentos de Beatrix Potter. Ni la vida, ni el carácter ni la formación ni la cultura, nada unía, más bien todo separaba a Kafka de Potter y, sin embargo, el realismo onírico del primero y la cursilería bucólica de ella convergen en una visión común: la de una fragilidad radical que ninguna palabra ni inteligencia artificial pueden ya sujetar.
Kafka y Potter nos hablan del destino que todos llevamos dentro y también del soporte sobre el que se asienta la violencia contemporánea. Se pregunta para que leer a Kafka y a Potter, porque queremos saber que le va a pasar a Gregorio Samsa convertido en insecto y que vestido se pondrá, antes de ser devorada, la tonta de la oca Carlota, y porque el desasosiego está en la lectura de cada uno de ellos.
Pura chismorrería
Más interesante es el emparejamiento de Jane Austen con Marcel Proust. Para los que no han leído a Austen, hay quienes la consideran demasiado feminista e insustancial (varones) y otras, las intelectuales feministas, la tachan de poco comprometida y muy convencional. ¿Pero por qué doscientos años después nos sigue cautivando una novela cuya trama es la obsesión de una madre por casar a sus hijas. En un mundo donde las mujeres ya no piensan en el matrimonio ni en la maternidad por qué nos sigue fascinando ‘Orgullo y prejuicio’?
‘Emma’, dice Santiago Alba, es el libro más perfecto de Austen, la mejor de sus narraciones, pero Elizabeth Bennet, la protagonista de ‘Orgullo y Prejuicio’, es el personaje más logrado de sus obras, que está a la altura de otros como Emma Bovary o Anna Karenina.
La literatura es, dice Alba Rico, pura chismorrería y la gran revolución de las novelas de Austen es la de haber convertido en gran literatura la chismorrería femenina. Observación y chismorrería son las propiedades que definen el mundo de la gran literatura. Ya Virginia Woolf al elogiar a Jane Austen la declara "precursora de Proust".
¿En qué medida el mundo de 'Emma' o de ‘Orgullo y prejuicio’ nos anticipa y nos recuerda al de en busca del tiempo perdido’? La obra de Austen es clásica, decimonónica, elegante y reposada; la de Proust es pastosa, palpitante, fragmentaria e introspectiva. Austen, porque era un genio y era mujer, desconfiaba de la intuición. Proust, porque era un genio y era hombre, desconfiaba de la inteligencia. El genio de Austen era masculino; el de Proust, femenino.
Talento literario
¿Qué hay de común, pues entre los dos? Que Proust era en realidad una solterona austenita (fervorosa de Austen). Proust y Austen serían dos solteronas conscientes con una afinidad de talento literario definido. La magna obra de Marcel Proust no es más que eso: observación y chismorrería. Proust no despreciaba el valor literario de los chismes de salón, que cargaban de contenido a su obra. Todos los personajes de Proust son chismosos. Lo es la duquesa de Guermantes que despelleja sin piedad a sus adversaria; también Odette, o el barón de Charlus y por supuesto madame Verdurin. La chismorrería dibuja la singularidad de los personajes, la complexión de una clase social y la generalidad de una época.
Veamos ahora a Dickens y Cervantes. Dickens pertenece a la estirpe de autores realistas, con personajes mas poderosos que las tramas. Casi todas sus tramas son increíbles, disparatadas, melodramáticas e incluso ñoñas, pero sus personajes son más convincentes. Las obras de Dickens son grandes porque lo son sus personajes. Un ejemplo claro de ello lo vemos en ‘Los papeles póstumos del club Pickwick'.
Huida y aburrimiento
Con el Quijote se inaugura la modernidad occidental. Es la historia de un hidalgo que quiere huir de su casa y para ello finge una locura literaria. La obra es la historia de esta huida y a su vez la historia de la construcción de un personaje y su escudero, igual que la pareja formada por Pickwick y Sam Weller. El tema central es la fuga, su delirio caballeresco se acomoda con premeditada distancia a su verdadero propósito de la fuga, por eso sale "muy de mañana", sin dar parte a nadie y por una puerta falsa del corral.
El caballero huye -como el Pickwick de Dickens- del aburrimiento; pero hay una diferencia entre el aburrimiento de un inglés del siglo XIX y el aburrimiento solitario, de un hidalgo castellano de finales del XVII. El aburrimiento de Pickwick le engorda porque se alimenta del mundo; el aburrimiento de don Quijote le hace adelgazar porque se alimenta de sí mismo. Don Quijote quiere escapar al mundo exterior, pero este mundo no existe y él tiene que inventárselo. Esta invención es la trama y el estilo del libro.
El Quijote de Cervantes y el Pickwick de Dickens no pueden ser más diferentes: el uno delgado y ascético, el otro gordo y hedonista; el uno portavoz deforme de un imperio desencantado, el otro expresión robusta de una clase media pujante y satisfecha; el uno derrotado, el otro victorioso. De ahí dos finales bien dispares. Dickens despacha a Pickwick en la cumbre de su bienestar, culminadas con éxito todas sus aventuras y donde la muerte se insinúa como el desenlace natural. Don Quijote, por el contrario, no consigue ser tal. Y completamente derrotado y desencantado como el mundo banal y decadente al que quiso imponer su deseo.
Pero el Quijote es también y de manera trascendental, la construcción de un personaje universal, que a través de procedimientos estrictamente literarios, funda el campo moderno de la ficción, así como la visión propiamente literaria de la modernidad misma. Para poder salir de casa don Quijote se inventa a sí mismo e inventa la literatura moderna.

Elogio de la literatura. Obras paralelas
Autor: Santiago Alba Rico
Editorial: Akal
552 páginas. 26,90€
Fuente: La Opinión de Málaga
- Josep Pedrerol desembarca en Mediaset con 'El chiringuito': 'Soy del Barça, pero en la tele intento no ser de nadie
- Miguel Ríos: 'La derecha extrema, más que el nuevo punk, es el viejo fascismo
- Quién es Javier Ruiz, el primer director de la nueva cadena de televisión La Séptima
- Rosalía bromea en Río de Janeiro sobre las relaciones abiertas: 'Piden fuego y no aguantan el calor
- Guitarricadelafuente busca un lugar en los Oscar con 'La nieve', la canción principal del filme 'La bola negra
- El cine de 1976 (3): 'Rocky', el boxeo y el sueño americano
- Amaia cambia de discográfica: ficha por Sony tras su paso por Universal
- Antena 3 emite este jueves la segunda parte de 'Padre no hay más que uno' tras el éxito de la primera