REPORTAJE
'La bola': Mar de Marchis y la crisis del periodismo
Un polémico libro aborda la figura de la fundadora de la revista ‘Jot Down’, una enigmática empresaria reticente a mostrarse en público que desconcertó a la adocenada industria periodística de la primera década del siglo XX

Ilustración de Laura Monsoriu. / L. M.

La publicación del libro 'La bola', del periodista Daniel Verdú, ha venido acompañada de un escándalo con especial repercusión –por no decir la única– en la prensa cultural. Concretamente en 'El País', medio en el que su autor trabaja como corresponsal en París, y 'Jot Down', revista en la que no ha gustado cómo se aborda la figura de su fundadora, Mar de Marchis, fallecida en 2022.
"El recuerdo que tengo de Mar no se parece al personaje porque el libro no habla de ella. Habla de lo que necesitaban que fuera quienes aceptaron contarla, en su mayoría, personas que la trataron poco o que tenían cuentas pendientes con ella por celos profesionales. Quienes la conocimos de verdad decidimos no participar [en el libro] por respeto a la voluntad de su familia. Con ese material de partida, el retrato solo podía salir defectuoso", afirma Ángel L. Fernández, actual responsable de 'Jot Down', que, si bien reconoce aciertos al trabajo de Verdú –"los que puede tener una hemeroteca bien ordenada. Fechas, portadas, hitos públicos"–, echa a faltar "todo lo que constituye una vida, es decir, los motivos, los afectos, la intimidad, está reconstruido de oídas y con oídos escogidos", así como lo que califica como fuentes primarias: "la familia, el archivo, las personas que compartieron con ella diez años de trabajo cotidiano. Y le faltaría algo previo, que es haber leído con atención la propia revista, porque 'Jot Down' es el documento primario más elocuente que existe sobre Mar. Quien quiera saber quién era, que mire lo que construyó".
Para entender la figura de De Marchis hay que remontarse a la crisis de 2008, una coyuntura que no solo se llevó por delante planes de vida e ilusiones individuales, sino que arrasó también con un negocio, el del periodismo, desnortado desde la aparición de internet. El oficio que hunde sus raíces en la investigación y la información veraz, abrazó las nuevas tecnologías sin analizar cómo afectarían a su futuro.
El desprestigio del oficio
Bastaron unas menciones a la inmediatez de la herramienta, a la reducción –cómo no– de los costes laborales e insinuaciones sobre la obsolescencia del medio –"el papel no tiene futuro"–, para que los responsables apostaran por un modelo que no sabían –ni saben– monetizar. En consecuencia, lejos de mejorar, la información empeoró, se precarizaron las plantillas, desaparecieron las ediciones en papel, se hundieron los ingresos publicitarios y se desprestigió un oficio que empezó a ofrecer un producto semejante al de cualquier bloguero.
En el caso del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián cayó deslumbrado ante el 'Huffington Post', hasta el punto de ofrecerle a su fundadora, Arianna Huffington, un puesto en el Consejo de 'El País' y el que fuera "diario independiente de la mañana" inició un ERE que, en 2012, afectó a periodistas como Enric González, José Yoldi o Ramón Lobo. En total, 129 profesionales que engrosaron la lista de los 8.000 redactores despedidos desde 2008.
Mientras esto sucedía en las grandes empresas de comunicación, una revista independiente se destacaba utilizando aquellas herramientas que los medios convencionales habían descartado –el papel– o que no sabían gestionar —internet y las redes sociales–. Se trataba de 'Jot Down', publicación digital con versión física dirigida por una enigmática mujer: Mar de Marchis.
Desencanto
"El personaje de Mar aflora en 2011, coincidiendo con las revueltas árabes, con el nacimiento de Podemos, de Ciudadanos, de la nueva política, de las redes sociales… y en un momento muy crítico para el periodismo. 'Jot Down' era 100% nativo de internet, venía de los foros, consiguió manejar muy bien las redes sociales, también el papel, y al mismo tiempo, se nutrió del desencanto de los periodistas sénior rebotados de los ERE", comenta Daniel Verdú, que destaca que, además, lo hizo "sin padrinos, sin haber hecho mil másteres y llevando al mundo de la prensa a personas que procedían de mundos alejadísimos del periodismo, como Ricardo Jonás, subdirector de la revista, que era tornero fresador y ahora es un profesional conocido y respetado. Eso, que fue un mérito de Mar, también pudo generar cierto rechazo en la profesión".
Gracias a esa inteligencia y capacidad para leer el momento –rasgos que tanto los afines como los detractores destacan de ella–, Mar de Marchis se convirtió en un personaje clave del periodismo de la primera década del siglo XXI. Su talento no solo le llevó a firmar un importante acuerdo con 'El País', sino que la convirtió en una voz de referencia para su directiva, que la escuchaba atenta. Al menos hasta que en 2017 un reportaje de Alfredo Pascual en 'El Confidencial' reveló la verdadera identidad de la empresaria.
Se trataba de María Jesús Marhuenda, hija de una familia principal de Santa Pola, madre de tres hijos, marcada por un divorcio y, durante mucho tiempo, víctima de una agorafobia que, hasta cierto punto, explicaba su reticencia a mostrarse en público. Una revelación que enfadó a algunos, la distanció de muchos y estrechó el vínculo con su entorno más fiel.
Investigación
"Tras el fallecimiento de Mar empecé a investigar sobre su vida, tratando de saber más cosas de ella y del personaje que inventó. Primero Shizuka, el nombre que usaba en los foros de internet, y luego Mar de Marchis, el que utilizó hasta el último momento. Lo que iba encontrando tenía mucho que ver con lo que le ocurrió a este ecosistema periodístico y me pareció uno de esos personajes a partir de cuya historia se pueden contar muchas otras cosas", comenta Daniel Verdú, que ha volcado toda esa investigación en un libro etiquetado por Alfaguara como "Narrativa basada en hechos reales", concepto que, habida cuenta del material del que está compuesto, puede resultar equívoco.
"Autores como Carrère, Scurati, Cercas, Wolfe o S. Thompson han demostrado que el periodismo no tiene que ser una cosa aburrida, factual y con comillas, sino que las historias reales se pueden contar con un ritmo narrativo y pulsión literaria. Sin querer compararme con ellos, mi libro no es una ficción –asegura Verdú–. Para escribirlo, he hablado con unas 80 personas durante tres años y medio. El 90% de ellas describe situaciones en las que estaban presentes y también he recurrido a documentos, grabaciones, fotografías… No hay nada ficcionado, ni siquiera lo que se refiere a los pensamientos de Mar porque, cuando ella dice ‘estoy mal’, es porque se lo he escuchado a ella, porque está grabado o porque está escrito en sus redes sociales".
La labor de investigación de Verdú no ha sido sencilla. A la negativa de hablar por parte de la familia de Mar de Marchis y de su socio en 'Jot Down', Ángel L. Fernández, se sumaron las reticencias de muchos de los implicados, conscientes de que, hablar de Mar, era hablar de ellos mismos. Especialmente de su participación en un juego de identidades ficticias, en el que abundaron los mensajes directos, los regalos, los audios y no pocas fotografías suculentas en las que la peluquera de Mar se hacía pasar por ella y que Dios sabe con qué tipo de materiales fueron respondidas.
Anonimato
"Cuando preguntaba sobre Mar, obligaba a los demás a hablar de ellos y había partes de esa historia que no querían revelar o solo querían hacerlo de forma anónima. Era un material que había que manejar con cuidado y que demuestra cómo la historia de Mar no hubiera podido darse cinco años antes, cuando los medios eran todavía grandes empresas lucrativas en las que no entraba nadie que no tuviera 14 cartas de presentación, pero tampoco cinco años después, cuando ya se había perdido esa ingenuidad relativa a las redes sociales y había herramientas como la huella digital", reflexiona Verdú.
Además de su desacuerdo por la imagen proyectada de Mar de Marchis, entre las diferentes críticas al libro de Daniel Verdú procedentes del entorno de 'Jot Down' está la de abordar la figura de una persona fallecida –"pero eso invalidaría cualquier libro sobre, por ejemplo, Churchill", argumenta el autor– o la de que, en opinión de Ángel L. Fernández, el libro contiene un sesgo machista desde el momento en que "cuenta la supuesta historia de una mujer que asciende engañando a hombres mediante un rostro prestado. La sirena, el súcubo, la embaucadora, la 'femme fatale', Eva y la manzana. Los hombres seducidos, en cambio, aparecen, retratados con ternura: estaban solos, eran vanidosos, pobrecitos. Y, por supuesto, no aparece el nombre de ninguno de ellos".
Sea como fuere, la principal consecuencia de esta polémica, más allá de varios artículos publicados al respecto por 'Jot Down', ha sido el anuncio por parte de la revista de la publicación de un libro sobre 'El País'. "Esa historia merece contarse en condiciones. Es el diario más influyente de la democracia española, decisivo en lo mejor y en lo peor de estas décadas, y resulta llamativo que lo que se ha escrito sea tan panfletario y narcisista", asegura Fernández, que niega la relación entre ambos hechos: "no concibo el proyecto como escalada sino como oficio. Nosotros no hacemos libros contra nadie; hacemos periodismo, con nombres, con fuentes verificables y con derecho de réplica".
Por su parte, Verdú, defiende su investigación y su trato hacia un personaje con el que tiene más puntos de contacto de los que creía. Ambos son de Santa Pola y fueron vecinos en Roma. "A medida que fui avanzando, esa persona que era una especie de fantasma, se fue humanizando. Eso se ve en el libro, que empieza como un misterio fascinante y acaba más melancólico porque, cuando por fin fue capaz de disfrutar, de salir a la calle y tener amistades en Roma, la vida le reservaba otros planes".
Capital erótico
Por Malcolm Otero Barral
Las historias reales de falsarios, de embusteros, funcionan como imanes para la literatura y han dado muy buenos frutos. Solo en años recientes tenemos estupendos trabajos como 'El impostor', de Javier Cercas, o 'Filek', de Ignacio Martínez de Pisón. 'La bola', de Daniel Verdú, se podría encajar en este tipo de libros y lo cierto es que Verdú hace un buen trabajo y además, como marcan los cánones de hoy, consigue enhebrar la historia con la suya propia.
La historia, a grandes rasgos, es la de una mujer que crea una revista, 'Jot Down', que durante unos años significó el epítome de lo 'cool'. Una revista que, con la exageración que conllevan las modas, se llegó a llamar "el 'New Yorker' español". Entrevistas muy largas, un diseño en blanco y negro y mucha nombradía en las firmas. En plena crisis de los medios tradicionales, con despidos a mansalva en todos los diarios nacionales, nacía una revista cultural que conseguía fusionar su rudimento digital con publicaciones periódicas en papel; el híbrido perfecto.
Su dueña y creadora era Mar de Marchis, una abogada, representante de jugadores, que vivía en Londres. Era la reina de los contactos, hablaba y se escribía con todo el mundo y luego utilizaba las piezas de esa información para obtener, a su vez, más información. Nunca se dejaba ver, pero enviaba fotos, más o menos sugerentes, en las que aparecía una mujer de gran belleza y espectaculares ojos verdes.
Consiguió ser el objeto de deseo, carnal y profesional, de innumerables periodistas. Ella colocaba, aconsejaba, recomendaba personas. Era, sin duda, una mujer importante. Susurraba al oído del entonces director de 'El País', Antonio Caño, y consiguió que Juan Luis Cebrián posara disfrazado de Darth Vader. De hecho, asoció la revista a El País durante algunos años (por cierto, el peso de este diario en el libro es un tanto desmedido).
Una asociación desconcertante no solo por la naturaleza de la revista y su público, sino porque ella no se presentaba nunca a las citas de las negociaciones. No aparecía Mar de Marchis, pero tampoco María Jesús Marhuenda, verdadero nombre de la fundadora de la revista. No era abogada ni vivía en Londres, sino en un ático de Santa Pola del que apenas salía por agorafobia. ¿Y las fotos más o menos subidas de tono? Una peluquera amiga que se dejaba fotografiar sin conocer muy bien el propósito.
Si bien el libro navega bien por las aguas de los elementos que propician este engaño mayúsculo y no deja de retratar a todos aquellos que estaban enganchados por su capital erótico (prestado de su amiga peluquera) o por su dominio de las sombras del poder de los medios, se percibe cierta condescendencia con ella. Es cierto que es una manipuladora y que el personaje inventado se desmadra y acaba rechazando textos de Vargas Llosa o de Javier Cercas. Y que Daniel Verdú resalta varias veces su inteligencia.
Pero es que Mar, o Chus, es una mujer que sufre y carga con muchos complejos (pesa 90 kilos al morir) pero que logra crear algo desde la nada y desnudar, sin pretenderlo, un mundo rijoso en el que, seguramente, no le hubieran hecho caso si se hubiera presentado tal y como era. Yo he acabado por admirarla, incluso en su delirio final en el que creía que Isabel Coixet dirigiría su serie y que Anagrama publicaría su libro. Murió sola en una calle de Roma en 2021. Respecto a 'Jot Down', me pareció entonces un globo con demasiado helio. Prefiero su versión de hoy, menos 'mainstream', con menos firmas fulgurantes, pero con un contenido más valioso.
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