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HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO

Ariadna Oltra: "En la última ‘calçotada’, tuvimos que ir al bar del pueblo a buscar diarios"

La periodista escribe en el suplemento 'ABRIL' sobre su libro 'Una casa sense diaris'

La periodista Ariadna Oltra, autora del libro 'Una casa sense diaris'.

La periodista Ariadna Oltra, autora del libro 'Una casa sense diaris'. / Jordi Borràs i Abelló

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Ariadna Oltra

Barcelona
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Me siento en la cocina, tengo hambre. Hago el gesto de levantarme para mirar qué tengo en la nevera, pero vuelvo a sentarme, indecisa. Indecisa no sobre qué tragar, que cualquier cosa me valdría, sino sobre qué hacer. Debería ponerme a trabajar, pero tengo hambre. La inquietud de dentro no me deja avanzar, ni hacia lo uno ni hacia lo otro. Me han encargado un artículo que va a salir (si todo va bien, impreso) en un diario de papel. Este, lector, lectora, es el encargo. Y es mi primera vez. Y, encima, un artículo para hablar justo de eso, de los periódicos de papel que ya no existen en las casas. ¿Y a cuento de qué?

Pues del libro que acabo de publicar y que lleva por título 'Una casa sense diaris', una serie de historias narradas desde el yo para radiografiar e intentar plasmar el cambio de hábitos informativos que hemos vivido y protagonizado, y que impacta en cómo se construye la opinión pública. La desaparición progresiva del papel como formato es la excusa que me permite transitar por las últimas cuatro décadas y observar un proceso lento que nos aboca a reflexionar, íntimamente, para preguntarnos cómo y dónde nos informamos.

¿Dónde están los periódicos que ponía en el suelo mi abuela después de fregar el pasillo? Los quioscos de prensa de mi ciudad, Barcelona, o han cerrado o se han reconvertido para vender de todo… y pocos diarios. A su vez, vivimos inundados de información, desinformación y mala información, y leemos mucho, muchísimo, en las pantallas de nuestros dispositivos. Las redes sociales son cada vez más el lugar en el que los más jóvenes –y no solo– dicen que se informan.

Mentiría si dijera que recuerdo la primera vez que abrí y toqué un diario de papel, porque en casa siempre hubo alguno. Comprar el diario formaba parte del ritual diario de mi padre, que era quien iba a comprarlo al quiosco de la esquina antes de coger el bus para ir al trabajo.

Al trapero llevaba los periódicos bien alisados antes de que los contenedores de reciclaje llegaran a nuestras vidas. En invierno, la castañera de la ronda de Sant Pau utilizaba los periódicos que le dejaban los vecinos para hacer las papelinas. Cuando fui a la universidad, el quiosco de la facultad de la Universitat Autònoma era punto de parada obligatoria: no podías estudiar Periodismo sin comprar y leer periódicos.

Si haces calçots, no te puede faltar el envoltorio que hará que las cebollas se acaben de cocer gustosas una vez sacadas de la llama… ¡pero, ay! En la última calçotada, en Castellterçol, tuvimos que ir al bar del pueblo a buscar diarios: salimos con un ejemplar del '9Nou' y otro de 'EL PERIÓDICO' del día anterior. El libro ya estaba en la imprenta y mis amigas dijeron: "¡Quizá sí tienes razón en que en las casas ya no hay periódicos, Ariadna!".

Las primeras veces ya lo tienen, esto de los nervios. Las primeras veces generan también muchas expectativas. Han sido imaginadas muchas veces antes. Repensadas. Vueltas a imaginar. Nunca habría dicho que saldría publicado un texto mío en un diario de papel para hablar de 'Una casa sense diaris'.

Una casa sense diaris

Ariadna Oltra

La Campana

176 páginas

21,90 euros