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OPINIÓN

Un verano junto a una liebre y una escritora

Al menos durante el verano, la conexión diaria con la gente que habita nuestra realidad no es absolutamente necesaria

La escritora Chloe Dalton, autora de 'La liebre y yo'.

La escritora Chloe Dalton, autora de 'La liebre y yo'. / Archivo

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Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Barcelona
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El pasado año, coincidiendo con estas fechas, les recomendaba libros bien gordos porque el verano se merece un trago largo de literatura. Algún buen amigo me recriminó esta idea: "¿Qué quieres, que ande con 800 páginas, de arriba abajo, y le pille manía a la historia?". "Según tu verano", le contesté, aunque no le convencí.

Lo divertido es que a los que nos apasiona la lectura convertimos en una ceremonia el momento de elegir los libros que nos vamos a llevar para hacer del verano un momento de ficción. Porque no me negaran que, a la placidez estival, las cervecitas frescas o tintos de verano, el zumbido de las pesadas moscas o ese rumor intenso de las cigarras, se le pone bien (mala traducción del catalán) unas cuantas historias literarias que nos emocionen.

Será este un verano de pocas lecturas por antojo. Priorizaré un proyecto de mayor envergadura, pero en la maleta ya tengo 'La liebre y yo', de Chloe Dalton, recomendación de mi compañera Martín Rodrigo, y 'España interminable', de Cees Nooteboom, al que se lo debía, ahora que su viaje ya es por los paraísos celestiales. Leer sobre la simple relación entre una mujer y una liebre me parece una buena forma de desconectar. Y, con el holandés enamorado de España, de caminar en el sillón.

Y ya puestos a recomendar situaciones positivas para la imaginación y sabiendo que es tan difícil como dejar de fumar, les propongo un reto: abandonen el móvil en algún lugar de la casa y vuelvan a él ocho horas después. El ejercicio es útil para entender que, al menos durante el verano, la conexión diaria con la gente que habita nuestra realidad no es absolutamente necesaria. Tómenselo como un juego. Igual funciona. Y disfruten del verano lector.