Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | ALTA FIDELIDAD

Laura Barrachina

Laura Barrachina

Periodista cultural

Madrid

La tristeza del verano

Lana del Rey es una creadora única, una de las grandes narradoras del Estados Unidos del siglo XXI

La cantante estadounidense Lana del Rey.

La cantante estadounidense Lana del Rey. / EP

Acumulo ya una edad y una cierta cantidad de lecturas, películas, discos, visitas a exposiciones y a salas de artes escénicas. No alardeo de ninguna de estas cosas, solo constato los hechos que es posible que a menudo me lleven a confundir lo que he vivido en primera persona con lo que he vivido vicariamente a través de lo que resumiré como arte. Por eso estos días, cuando EEUU celebraba los 250 años de su declaración de independencia y yo me recordaba a mí misma en un lugar remoto de Pensilvania durante otro 4 de julio comiendo un polo con los colores de la bandera del país norteamericano y mirando los fuegos artificiales, he dudado de si yo había estado en Pensilvania alguna vez.

Quizá es culpa de 'El gran Gatsby' o de 'Tiburón' o de Lana del Rey, porque en mi recuerdo, aunque podría sonar su tema 'Nathional Anthem', la cantante entona 'Summertime Sadness', una canción que Patti Smith versiona en sus conciertos y que pertenece a 'Born to die', el disco que en 2012 terminó de colocarla en un mapa en el que muchos no querían hacerle hueco, la consideraban artificial y tenían razón, lo es en el mejor sentido de esa palabra.

Lana del Rey es uno de esos ejemplos de creación artística que empiezan por la construcción de su personaje. Aparentemente nació con los suficientes elementos naturales para triunfar, su nombre (Elizabeth Woolridge Grant) y su procedencia (Nueva York) ya tenían pedigrí, sin embargo, sacó algunos elementos de la ecuación, dejó otros, metió algunos nuevos y salió ella, una creadora única, compositora, letrista y poeta, algo entre Sylvia Plath, Robert Frost, David Lynch, Francis Scott Fitzgerald y Bob Dylan, una de las grandes narradoras del EEUU del siglo XXI.

Ya lo apuntó Luis Boullosa en su libro 'Diez maneras de amar a Lana del Rey. Una investigación pop' y regresan a ello ahora Marcos Gendre y Adriana Díaz en 'Lana del Rey: mitología de un icono pop', en el que sus autores dicen rotundamente que "estamos ante la artista masiva con mayor crisol de matices".

En sus inicios usó descarada e irónicamente la bandera de su país, después simplemente la abandonó para usar otros símbolos, como mandar a tomar viento al pintor de idílicas escenas estadounidenses en su quinto y ya legendario disco 'Norman Fuckin Rockwell!'. Ahí están algunas de las mejores canciones de todos los tiempos, como 'Venice Bitch' o 'Hope is a dangerous thing for a woman like me to have - but i have it', en la que dice que aún tiene esperanza, aunque sabe el daño que eso puede hacerle.

Y ese reconocimiento de las contradicciones del alma humana y la fragilidad que ella expone como un exvoto son la fuerza de Lana del Rey, como ha vuelto a demostrar en 'White feather hawk tail deer hunter', el primer adelanto del que será su décimo disco, 'Stove', y que debería haberse publicado este 2026. Una canción que parece sacada de las antiguas películas de Disney como 'Bambi' o 'Blancanieves', en las que había lugar para lo siniestro e inquietante entre los tópicos del amor y lo doméstico.

No existe la vida sin la muerte, belleza sin erosión ni verano sin su triste final y Lana del Rey siempre vuelve para recordarnos que con todo eso se puede hacer algo hermoso, como ella misma dijo: "Realmente creo que las palabras son una de las últimas formas de magia".